Las ondas longitudinales son perturbaciones en las que las partículas del medio vibran en la misma dirección en la que viaja la energía. A diferencia de las ondas transversales, donde el movimiento es perpendicular a la trayectoria, aquí el desplazamiento es paralelo al flujo de energía. Este mecanismo es fundamental para comprender fenómenos cotidianos como el sonido, las ondas sísmicas P y las vibraciones en resortes.

El estudio matemático de estas ondas permite predecir cómo se propagan, cómo interactúan con los obstáculos y cómo cambian según el medio. Dominar las fórmulas asociadas es esencial para estudiantes de física, ingeniería acústica y geofísica, ya que conecta conceptos abstractos como la densidad y la elasticidad con magnitudes medibles como la velocidad y la presión.

Definición y concepto

Una onda longitudinal es una perturbación mecánica en la que la oscilación de las partículas del medio ocurre en la misma dirección que la propagación de la energía. A diferencia de las ondas transversales, donde el movimiento es perpendicular a la trayectoria (como al agitar una cuerda), aquí las partículas se mueven hacia adelante y hacia atrás a lo largo del eje de avance. Este mecanismo es fundamental para entender cómo viajan el sonido en el aire o las ondas sísmicas P a través de la corteza terrestre.

Mecanismo de compresión y rarefacción

La estructura de una onda longitudinal se define por la alternancia de regiones de alta y baja densidad. Cuando las partículas se empujan unas a otras, se crea una zona de compresión. En esta región, la densidad y la presión del medio aumentan por encima de sus valores de equilibrio. Inmediatamente después, las partículas se separan, generando una zona de rarefacción, donde la densidad y la presión disminuyen. Este ciclo continuo de compresión y expansión permite que la energía se transmita a través del medio sin que las partículas viajen largas distancias, sino que vibran alrededor de su posición media.

Dato curioso: La velocidad del sonido en el agua es aproximadamente cuatro veces mayor que en el aire porque las moléculas están más juntas, lo que facilita la transmisión rápida de las compresiones y rarefacciones.

Variables fundamentales

Para describir matemáticamente estas ondas, se utilizan cuatro variables físicas clave que relacionan el movimiento de las partículas con las propiedades del medio. El desplazamiento de la partícula, denotado como s, mide la distancia que una partícula específica se aleja de su posición de equilibrio. Este desplazamiento es la causa directa de los cambios de presión.

La presión acústica, representada por p, es la diferencia entre la presión instantánea en un punto y la presión estática del medio. Es la magnitud que detecta el oído humano o un micrófono. La densidad del medio, simbolizada por la letra griega ρ (rho), determina la inercia de las partículas: a mayor densidad, más fuerza se necesita para moverlas. Finalmente, la velocidad de fase, v, indica qué tan rápido avanza la perturbación a través del material.

Estas variables están interconectadas. La relación básica entre la presión acústica y el desplazamiento en una onda armónica se expresa mediante la siguiente fórmula:

p=−B∂x∂s​

Donde B es el módulo de compresibilidad del medio. Esta ecuación muestra que la presión es proporcional al cambio espacial del desplazamiento. La velocidad de propagación depende de la rigidez y la densidad del medio, según la relación:

v=ρB​​

Esta dependencia explica por qué el sonido viaja más rápido en sólidos rígidos que en gases menos densos. La comprensión de estas variables es esencial para analizar fenómenos acústicos complejos, desde la resonancia en tubos hasta la atenuación del sonido en la atmósfera. El análisis preciso de estas magnitudes permite predecir cómo se comportará la onda al cambiar de un medio a otro.

¿Cómo se calcula la velocidad de propagación en ondas longitudinales?

La velocidad de propagación de una onda longitudinal depende fundamentalmente de dos propiedades del medio: su rigidez (cómo resiste la compresión) y su inercia (densidad). A diferencia de las ondas transversales, donde la partícula se mueve perpendicularmente a la dirección de la onda, aquí el movimiento es paralelo. Esto significa que la velocidad está dictada por la rapidez con la que las moléculas pueden empujar a sus vecinas y volver a su posición de equilibrio.

Fundamento físico: Newton y Laplace

Isaac Newton fue el primero en proponer que la velocidad del sonido en un fluido depende de su compresibilidad y su densidad. Sin embargo, su cálculo inicial subestimaba la velocidad real porque asumía que la compresión era un proceso isotérmico (misma temperatura). Pierre-Simon Laplace corrigió esto décadas después al introducir el factor adiabático, dando lugar a la famosa fórmula de Newton-Laplace.

Para los fluidos (líquidos y gases), la velocidad v se calcula como:

v=ρB​​

Donde B es el Módulo de Bulk (o módulo de compresibilidad), que mide la resistencia del fluido a ser comprimido por presión hidrostática. Un B alto significa que el fluido es difícil de comprimir. El símbolo ρ representa la densidad del medio. Es decir, cuanto más rígido es el medio y menos denso, más rápido viaja el sonido.

En los sólidos, la situación es ligeramente diferente porque las partículas están más unidas. Aquí, la velocidad depende principalmente del Módulo de Young (E), que mide la elasticidad lineal del material:

v=ρE​​
Dato curioso: Aunque el acero es mucho más denso que el aire, su velocidad del sonido es aproximadamente 15 veces mayor. Esto se debe a que su Módulo de Young es enormemente superior, superando con creces el efecto frenante de la densidad.

El efecto de la temperatura en los gases

En los gases ideales, la presión y la densidad están relacionadas con la temperatura. Al sustituir la ley de los gases ideales en la ecuación de Newton-Laplace, obtenemos una dependencia directa con la raíz cuadrada de la temperatura absoluta:

v=MγRT​​

Aquí, γ es el coeficiente adiabático (relación de calores específicos), R es la constante universal de los gases, T es la temperatura en Kelvin y M es la masa molar del gas. Esto explica por qué el sonido viaja más rápido en un día caluroso que en una mañana fría: el aumento de temperatura incrementa la energía cinética de las moléculas, haciendo que transmitan la perturbación más rápidamente.

Valores típicos para contextualizar

Para tener una perspectiva numérica clara, consideremos los siguientes valores aproximados a temperatura ambiente (alrededor de 20°C):

Estas diferencias son cruciales en aplicaciones como la ecografía médica o la sismología, donde entender cómo cambia la velocidad al pasar de un medio a otro permite calcular distancias y profundidades con precisión. La clave no es solo la fórmula, sino reconocer qué propiedad física domina en cada caso.

Ecuación de onda y solución general

La propagación de las ondas longitudinales en un medio continuo se describe mediante una ecuación diferencial de segunda orden. Esta relación matemática conecta el desplazamiento de las partículas del medio con el tiempo y la posición espacial. Para un desplazamiento unidimensional s(x,t), la ecuación fundamental es:

∂x2∂2s​=v21​∂t2∂2s​

Donde v representa la velocidad de fase de la onda en ese medio específico. Esta ecuación indica que la curvatura espacial de la perturbación es proporcional a su aceleración temporal. La solución general más común para medios sin pérdidas es la función armónica:

s(x,t)=smax​cos(kx−ωt+ϕ)

Definición de parámetros ondulatorios

Cada término en la solución armónica tiene un significado físico preciso. El número de onda, denotado por k, mide cuántas longitudes de onda caben en una unidad de distancia. Se define como:

k=λ2π​

Donde λ es la longitud de onda. El valor de k determina la escala espacial de la oscilación. Una k grande implica una longitud de onda corta y variaciones rápidas en el espacio.

La frecuencia angular, ω, relaciona el periodo de oscilación con el tiempo. Se calcula como:

ω=2πf=T2π​

Aquí f es la frecuencia en hercios y T es el periodo. Esta magnitud indica cuántos radianes recorre la fase por segundo. No confundir con la frecuencia lineal f; ω es más útil en cálculos derivados porque elimina factores de 2π.

La fase ϕ es un ángulo constante que fija la posición inicial de la onda en t=0 y x=0. Determina si la onda comienza en un máximo, un mínimo o en el punto de equilibrio. Cambiar ϕ desplaza la onda sin alterar su forma.

Dato curioso: En acústica, la presión sonora p(x,t) está desfasada π/2 respecto al desplazamiento s(x,t). Cuando las partículas están en su posición de equilibrio máxima, la presión es cero; cuando están en máxima compresión, el desplazamiento es cero.

Relación de dispersión

En medios no dispersivos, la velocidad de propagación v depende principalmente de las propiedades elásticas e inerciales del medio, no de la frecuencia. Esto lleva a una relación lineal entre ω y k, conocida como relación de dispersión:

ω=vk

Esta ecuación implica que todas las frecuencias viajan a la misma velocidad. Como consecuencia, un pulso de onda mantiene su forma al propagarse. En el aire, para sonidos audibles, esta aproximación es muy precisa. La velocidad del sonido en el aire a 20 °C es aproximadamente 343 m/s, independientemente de si es un grave o un agudo.

Si el medio fuera dispersivo, v dependería de k, y la relación sería más compleja. En ese caso, diferentes frecuencias viajarían a distintas velocidades, haciendo que un pulso se ensanche con el tiempo. Pero para la mayoría de las aplicaciones básicas de ondas longitudinales en gases y líquidos, la relación lineal es suficiente.

Entender estos parámetros permite predecir cómo se comporta una onda al cambiar de medio o al encontrarse con otra. La matemática detrás es simple, pero su aplicación es vasta, desde el diseño de salas de conciertos hasta la ecografía médica.

Relación entre desplazamiento y presión acústica

En las ondas longitudinales, como el sonido en un gas, la variable fundamental no es solo cuánto se mueve la partícula (desplazamiento), sino cómo cambia esa posición en el espacio. La presión acústica surge directamente de la compresión y rarefacción del medio. Si el desplazamiento varía bruscamente con la posición, las partículas se agrupan o se separan, generando cambios de presión. Esta relación se expresa matemáticamente vinculando la presión instantánea p con el gradiente espacial del desplazamiento s.

La ecuación que conecta ambas magnitudes depende del módulo de compresibilidad del medio, denotado como B. La fórmula es:

p=−B∂x∂s​

El signo negativo es crucial: indica que cuando el desplazamiento aumenta con la posición (las partículas se alejan unas de otras), la presión disminuye (rarefacción). Por el contrario, si el desplazamiento decrece (las partículas se acercan), la presión aumenta (compresión). Este vínculo directo entre el cambio espacial de posición y la fuerza restauradora define la dinámica de la onda.

Diferencia de fase entre desplazamiento y presión

Para ver cómo se relacionan en el tiempo, consideremos una onda armónica viajera. Supongamos que el desplazamiento sigue una función coseno:

s(x,t)=smax​cos(kx−ωt)

Al sustituir esta expresión en la ecuación de presión, derivamos respecto a x. La derivada del coseno es el seno (con un signo menos adicional por la regla de la cadena, que se cancela con el signo menos de la fórmula de presión). El resultado es:

p(x,t)=Bksmax​sin(kx−ωt)

La consecuencia es directa: si el desplazamiento es una función coseno, la presión es una función seno. En términos de fase, el seno lleva al coseno una ventaja de π/2 radianes (o 90 grados). Esto significa que cuando el desplazamiento de las partículas alcanza su máximo valor, la presión acústica pasa por cero. No hay compresión máxima cuando las partículas están más alejadas de su posición de equilibrio, sino cuando están pasando por ella con mayor velocidad de agrupamiento.

Dato curioso: Esta diferencia de fase explica por qué, al tocar una nota grave en un tubo, el punto donde el aire se mueve más (máximo desplazamiento) no es necesariamente el punto donde se siente más "fuerte" la presión sonora. Ambos picos están desfasados.

Comportamiento en los extremos: nodos y antinodos

Esta relación de fase se vuelve evidente al analizar los límites físicos de una onda estacionaria, como en un tubo cerrado en un extremo. En un extremo cerrado, las partículas de aire no pueden moverse libremente hacia la pared. Por lo tanto, el desplazamiento s debe ser cero en ese punto. Este punto se llama nodo de desplazamiento.

Sin embargo, si el desplazamiento es cero en la pared pero cambia a medida que nos alejamos de ella, el gradiente ∂s/∂x es máximo. Según la fórmula p=−B(∂s/∂x), un gradiente máximo implica una presión máxima. Por lo tanto, en el extremo cerrado, la presión acústica alcanza su amplitud máxima, formando un antinodo de presión.

Lo opuesto ocurre en un extremo abierto. Allí, las partículas pueden moverse libremente, creando un antinodo de desplazamiento. Pero como el aire puede escapar fácilmente, la presión se iguala con la atmósfera, haciendo que la variación de presión sea mínima (nodo de presión). Esta inversión de nodos y antinodos entre desplazamiento y presión es una consecuencia directa de la relación derivada y es fundamental para entender la resonancia en instrumentos de viento y cavidades acústicas. La física del sonido no es intuitiva porque lo que vemos (movimiento) no coincide exactamente con lo que medimos (presión).

¿Qué diferencia las ondas longitudinales de las transversales en términos matemáticos?

La distinción matemática entre ondas longitudinales y transversales no reside solo en la dirección del movimiento, sino en cómo se define la energía almacenada y transmitida. En una onda transversal, como la de una cuerda tensa, la energía cinética depende del desplazamiento perpendicular. En cambio, en una onda longitudinal, como el sonido en un gas o líquido, la energía se manifiesta a través de la compresión y rarefacción del medio. Esto implica que el trabajo realizado está ligado a cambios de volumen y presión, no a la tensión de un hilo.

Energía y potencia en ondas longitudinales

En una onda longitudinal, la energía total por unidad de volumen es la suma de la energía cinética asociada a la velocidad de las partículas del medio y la energía potencial elástica debida a la compresión. La presión acústica instantánea, denotada como p(x,t), juega un rol central. La energía no se almacena simplemente por moverse, sino por comprimir el espacio circundante. Este mecanismo de almacenamiento es fundamental para entender la propagación del sonido en diferentes materiales.

La potencia transmitida por la onda es la tasa a la que esta energía fluye a través de un área dada. Para cuantificar esto, se utiliza la intensidad de la onda, definida como la potencia media por unidad de área perpendicular a la dirección de propagación. Esta magnitud es crucial en acústica porque relaciona directamente la presión medida con la energía que llega al oído o a un sensor.

La fórmula de la intensidad media I para una onda longitudinal armónica en un medio fluido se expresa como:

I=2ρvpmax2​​

Donde pmax​ es la presión máxima de la onda, ρ es la densidad del medio y v es la velocidad de propagación de la onda. Esta ecuación muestra que la intensidad es proporcional al cuadrado de la presión y inversamente proporcional al producto de la densidad y la velocidad.

Dato curioso: La razón por la que el sonido viaja más rápido en el agua que en el aire no se debe solo a que el agua es más densa, sino a que es mucho más difícil de comprimir. Esta propiedad, llamada módulo de compresibilidad, afecta directamente a la velocidad v y, por ende, a la intensidad para una misma presión.

Contraste con ondas transversales e impedancia acústica

Al comparar esta expresión con la intensidad de una onda transversal en una cuerda, las diferencias estructurales son reveladoras. Para una cuerda, la intensidad se calcula como:

Icuerda​=21​ρAω2smax2​v

Aquí, A es el área de la sección transversal de la cuerda, ω es la frecuencia angular y smax​ es el desplazamiento máximo. En la onda transversal, la energía depende explícitamente de la masa lineal (a través de ρA) y del desplazamiento espacial smax​. En la onda longitudinal, el desplazamiento está oculto dentro de la presión pmax​, lo que hace que la fórmula sea más compacta pero físicamente distinta.

El término ρv en el denominador de la intensidad longitudinal se conoce como la impedancia acústica del medio, denotada como Z. La impedancia mide la resistencia que ofrece el medio al paso de la onda sonora. Una alta impedancia significa que se necesita más presión para generar la misma velocidad de partícula. Este concepto es análogo a la resistencia eléctrica en un circuito o a la impedancia mecánica en una masa-amortiguador.

La presencia de la impedancia acústica Z=ρv permite reescribir la intensidad como I=pmax2​/(2Z). Esto destaca que, para una misma presión acústica, un medio con mayor impedancia (como el agua comparado con el aire) transmite menos intensidad de energía. Esta diferencia es crítica en aplicaciones como la ecografía, donde la diferencia de impedancia entre tejidos causa la reflexión de las ondas sonoras.

La consecuencia es directa: la matemática de las ondas longitudinales enfatiza la relación presión-velocidad mediada por la densidad, mientras que las transversales enfatizan el desplazamiento geométrico. Comprender esta distinción es esencial para pasar de la descripción cinemática (cómo se mueven las partículas) a la dinámica (cuánta energía transportan).

Ondas estacionarias en tubos y cuerdas

Condiciones de frontera y modos normales

Las ondas estacionarias surgen cuando una onda incidente y su reflejo se superponen en un medio confinado. La geometría del recipiente determina los puntos fijos, llamados nodos, y los puntos de máxima amplitud, llamados antinodos. En una cuerda tensa, los extremos suelen ser nodos porque el desplazamiento está restringido. En los tubos sonoros, el aire se mueve libremente en los extremos abiertos, creando antinodos, mientras que en los extremos cerrados el aire choca contra la pared, generando nodos de presión.

La longitud de onda permitida depende directamente de estas condiciones. Para un tubo abierto en ambos extremos, la distancia entre dos antinodos es media longitud de onda. Esto lleva a la serie de frecuencias resonantes:

f_n = \frac{n v}{2L} \]\

Donde n toma valores enteros positivos (1, 2, 3...). Este sistema produce todos los armónicos. El primer modo, o fundamental, tiene una longitud de onda igual al doble del tubo. El segundo armónico duplica la frecuencia, y así sucesivamente. La serie es completa.

En un tubo cerrado en un extremo y abierto en el otro, la situación cambia. Un extremo es nodo y el otro es antinodo. La distancia mínima entre ellos es un cuarto de longitud de onda. La fórmula resultante es:

f_n = \frac{n v}{4L} \]\

Aquí, n solo puede ser impar (1, 3, 5...). Los pares faltan porque no caben físicamente entre un nodo y un antinodo. Esto da al sonido de los tubos cerrados un timbre más hueco que los abiertos.

Dato curioso: La flauta dulce es un ejemplo clásico de tubo cerrado-abierto. Por eso suena una octava más grave que una flauta transversal de la misma longitud, que actúa como tubo abierto-abierto.

Corrección de extremo

La teoría básica asume que el antinodo cae exactamente en la boca del tubo. En realidad, el aire "vibra" ligeramente más allá del borde físico. Este fenómeno se llama corrección de extremo. Se estima que la longitud efectiva del tubo aumenta en aproximadamente 0.6 veces el radio del tubo por cada extremo abierto.

Para un tubo abierto-abierto, la longitud efectiva Leff​ es:

L_{eff} = L + 2(0.6r) \]\

Esta corrección es crucial en instrumentos de precisión como los tubos de órgano. Sin ella, el tono sonaría ligeramente más agudo de lo previsto. En tubos muy anchos, el efecto es más pronunciado. En tubos angostos, la corrección se aproxima a 0.4 veces el radio. Los fabricantes ajustan la longitud física del tubo para compensar este desplazamiento del antinodo.

Las cuerdas también tienen correcciones, aunque menores. La rigidez de la cuerda hace que el nodo no esté exactamente en el puente o la cejuela. Esto explica por qué las cuerdas graves de un piano son ligeramente más largas que las agudas, más allá de lo que dicta solo la tensión y la densidad. La precisión en la afinación requiere entender estos detalles físicos.

Efecto Doppler para ondas longitudinales

El efecto Doppler describe el cambio aparente en la frecuencia de una onda cuando hay movimiento relativo entre la fuente emisora y el observador. En el caso de las ondas longitudinales, como el sonido, este fenómeno depende de la velocidad del medio de propagación. A diferencia de la luz, el sonido necesita un soporte material (aire, agua, acero), por lo que las velocidades de la fuente y del observador se miden respecto a ese medio. La fórmula general que relaciona la frecuencia percibida con la frecuencia emitida es la siguiente:

f′=f(v±vfuente​v±vobs​​)

Donde f' es la frecuencia percibida, f es la frecuencia emitida, v es la velocidad del sonido en el medio, vobs es la velocidad del observador y vfuente es la velocidad de la fuente. La clave para aplicar correctamente esta ecuación reside en la elección de los signos en el numerador y el denominador.

Criterios de signos

La convención de signos sigue una lógica física directa: si el movimiento acorta la distancia entre fuente y observador, la frecuencia percibida aumenta. Por el contrario, si la distancia aumenta, la frecuencia disminuye. En el numerador, que depende del observador, se usa el signo más (+) si el observador se mueve hacia la fuente y el signo menos (-) si se aleja. En el denominador, que depende de la fuente, la lógica se invierte: se usa el signo menos (-) si la fuente se mueve hacia el observador (lo que reduce la longitud de onda efectiva) y el signo más (+) si se aleja.

Es fundamental no confundir estos casos. Un error común es asumir que el signo siempre depende de si el objeto "se acerca", sin distinguir si es el emisor o el receptor. La consecuencia es directa: un observador que corre hacia una fuente estática percibe más frentes de onda por segundo porque su velocidad relativa con respecto a las ondas aumenta. Una fuente que se acerca a un observador estático comprime las ondas delante de ella, reduciendo la longitud de onda. Ambos efectos aumentan la frecuencia, pero los mecanismos son distintos.

El caso del número de Mach y la onda de choque

Cuando la velocidad de la fuente supera la velocidad del sonido en ese medio (vfuente > v), el denominador de la fórmula se aproxima a cero o se vuelve negativo, lo que indica una singularidad física. En este régimen, la fuente se mueve más rápido que las perturbaciones que genera. Las ondas sonoras se acumulan delante de la fuente, formando una superficie de discontinuidad conocida como onda de choque.

Este fenómeno se cuantifica mediante el número de Mach (M), definido como la razón entre la velocidad de la fuente y la velocidad del sonido:

M=vvfuente​​

Cuando M > 1, el sonido ya no llega al observador de forma continua, sino que se percibe como un estallido repentino cuando la onda de choque lo atraviesa. Este es el clásico "estallido sónico" asociado a los aviones a reacción. La geometría de esta onda de choque forma un cono cuyo ángulo depende directamente del número de Mach. La fórmula del efecto Doppler estándar deja de ser suficiente para describir la percepción auditiva completa en este régimen supersónico, requiriendo un análisis geométrico del frente de onda.

Dato curioso: El efecto Doppler no solo afecta a la frecuencia (tono), sino también a la intensidad percibida. Cuando una fuente sonora se acerca rápidamente, la energía se concentra en un espacio menor, haciendo que el sonido parezca más fuerte de lo que sería si la fuente estuviera quieta, incluso a la misma distancia instantánea.

La comprensión de estos principios es esencial en aplicaciones que van desde la radarimetría meteorológica hasta la medición de la velocidad del corazón mediante ecografías Doppler. En todos los casos, la distinción entre el movimiento de la fuente y el del observador determina la precisión del cálculo.

Ejercicios resueltos

Cálculo de la longitud de onda en el aire

Un tono estándar de afinación musical, el La4, tiene una frecuencia de 440 Hz. Para determinar su longitud de onda en aire a 20°C, primero se debe establecer la velocidad del sonido en esas condiciones. La velocidad del sonido en el aire depende de la temperatura y se aproxima mediante la fórmula empírica:

v≈331.4+0.6⋅T

Donde T es la temperatura en grados Celsius. Sustituyendo los valores:

v=331.4+0.6⋅20=331.4+12=343.4m/s

Con la velocidad conocida, la relación fundamental entre velocidad (v), frecuencia (f) y longitud de onda (λ) es:

v=λ⋅f

Despejando la longitud de onda:

λ=fv​=440343.4​≈0.78m

La onda de 440 Hz tiene una longitud de onda de aproximadamente 78 centímetros. Este cálculo es esencial para entender cómo interactúan las ondas sonoras con objetos de tamaño comparable, como instrumentos o habitaciones.

Relación entre intensidad y presión sonora

La intensidad sonora (I) mide la potencia por unidad de área, pero lo que percibimos como "presión" está relacionado con la amplitud de la onda. La relación entre la intensidad, la presión máxima (ΔPmax​) y la impedancia acústica del medio (Z) es directa. La impedancia acústica del aire a 20°C es aproximadamente Z≈413Pa⋅s/m. La fórmula que conecta estas magnitudes es:

I=2Z(ΔPmax​)2​

Supongamos una onda sonora con una intensidad de I=1.0×10−3W/m2 (el umbral del dolor aproximado es mayor, pero este valor representa un sonido fuerte, como una aspiradora). Queremos hallar la presión máxima. Reordenamos la ecuación:

(ΔPmax​)2=2⋅Z⋅I

Sustituyendo los valores:

(ΔPmax​)2=2⋅413⋅(1.0×10−3)=0.826

Tomando la raíz cuadrada:

ΔPmax​=0.826​≈0.91Pa

La presión máxima oscila alrededor de 0.91 Pascales. Aunque parezca pequeña comparada con la presión atmosférica (~101,325 Pa), es suficiente para mover el tímpano humano.

Frecuencia fundamental en un tubo cerrado

Los tubos de órgano pueden estar abiertos en ambos extremos o cerrados en uno. En un tubo cerrado por un extremo (como una botella soplada por la boca), el aire en el extremo cerrado tiene un nodo de desplazamiento (poco movimiento) y en el extremo abierto tiene un antinodo (máximo movimiento). La condición para la frecuencia fundamental (primer armónico) es que la longitud del tubo (L) sea igual a un cuarto de la longitud de onda:

L=4λ1​​

Por lo tanto, λ1​=4L. La frecuencia fundamental (f1​) se calcula como:

f1​=λ1​v​=4Lv​

Para un tubo de L=1.5m y asumiendo la velocidad del sonido en aire a 20°C (v=343.4m/s):

f1​=4⋅1.5343.4​=6343.4​≈57.23Hz

La frecuencia fundamental es de aproximadamente 57.2 Hz. Esto corresponde a una nota grave, cerca del La1 (55 Hz). Es importante notar que los tubos cerrados solo producen armónicos impares (1, 3, 5...), lo que da a los instrumentos de viento madera con lengüeta, como el oboe o el fagote, su timbre característico.

Dato curioso: La diferencia entre un tubo abierto y uno cerrado de la misma longitud es que el tubo cerrado suena una octava más grave que el abierto. Esto se debe a que su longitud de onda fundamental es el doble de larga.

Aplicaciones prácticas y ejemplos

Las fórmulas que describen las ondas longitudinales no son solo abstracciones matemáticas; son herramientas fundamentales para medir, diagnosticar y comprender el mundo físico. En estos sistemas, la relación entre la velocidad de propagación, la frecuencia y la longitud de onda permite extraer información oculta. La aplicación más directa surge cuando se conoce la velocidad del medio y se mide el tiempo que tarda una onda en recorrer una distancia. Esta relación básica permite calcular distancias con precisión sorprendente.

Ecografía y diagnóstico médico

En la ecografía médica, se utilizan ondas sonoras de alta frecuencia, conocidas como ultrasonido, que viajan a través de los tejidos del cuerpo. El dispositivo emite pulsos de sonido que rebotan en las interfaces entre diferentes órganos o tejidos. El tiempo que tarda el eco en regresar al transductor se mide con precisión. Conociendo la velocidad del sonido en los tejidos blandos, que es aproximadamente constante, se calcula la distancia a la estructura que generó el eco. Esta técnica permite visualizar el interior del cuerpo sin radiación ionizante. La resolución de la imagen depende directamente de la frecuencia utilizada y de cómo cambia la velocidad del sonido en distintos tejidos.

Sonar y navegación marina

El funcionamiento del sonar se basa en el mismo principio de eco utilizado en la ecografía, pero a escala oceánica. Para determinar la profundidad del mar, un barco emite un pulso sonoro hacia el fondo marino. El tiempo transcurrido entre la emisión y la recepción del eco se registra. La velocidad del sonido en el agua de mar varía ligeramente con la temperatura, la salinidad y la presión, pero se puede estimar con precisión. La profundidad se calcula dividiendo el producto de la velocidad del sonido y el tiempo total por dos, ya que la onda recorre la distancia dos veces. Este método es esencial para la cartografía marina y la navegación segura en aguas poco profundas.

Sismología y estructura terrestre

Los sismólogos utilizan las ondas P, que son ondas longitudinales, para explorar el interior de la Tierra. Estas ondas viajan a través de los sólidos y líquidos del planeta a diferentes velocidades. Al analizar cómo cambian la velocidad y la trayectoria de las ondas P al pasar por diferentes capas terrestres, se puede inferir la composición y el estado físico del interior del planeta. Por ejemplo, el hecho de que las ondas P se aceleren al entrar en el manto indica un cambio en la densidad y la rigidez de las rocas. Esta técnica ha permitido descubrir que el núcleo externo es líquido, ya que las ondas P lo atraviesan, aunque con una velocidad diferente a la de las capas superiores.

Diseño acústico de salas

En la arquitectura y el diseño acústico, las ondas longitudinales determinan cómo se comporta el sonido en un espacio cerrado. Las dimensiones de una sala crean modos normales de vibración, que son frecuencias específicas en las que el sonido se refuerza o se atenúa. Si no se controlan estos modos, ciertas notas musicales pueden sonar más fuertes o más débiles que otras, distorsionando la percepción auditiva. Los diseñadores calculan estas frecuencias resonantes utilizando las fórmulas de ondas estacionarias para colocar paneles absorbentes o difusores en las posiciones correctas. Esto asegura una distribución uniforme del sonido en toda la sala.

Dato curioso: La velocidad del sonido en el agua es casi cuatro veces mayor que en el aire, lo que permite que los ballenas se comuniquen a kilómetros de distancia con relativa claridad.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la fórmula básica para la velocidad del sonido?

La velocidad de propagación depende del medio. En gases ideales, se calcula con la raíz cuadrada del producto del coeficiente adiabático, la presión y la densidad, o más comúnmente, mediante la temperatura absoluta. No hay una única fórmula universal, sino que varía según si el medio es sólido, líquido o gaseoso.

¿Por qué las ondas sonoras se consideran longitudinales?

Porque las moléculas del aire se mueven hacia adelante y hacia atrás en la misma dirección en que avanza la onda, creando zonas de compresión y rarefacción. No hay un movimiento "arriba-abajo" como en una cuerda tensa, sino un empuje y un tirón a lo largo del eje de propagación.

¿Cómo afecta la temperatura a la velocidad de una onda longitudinal?

En los gases, a mayor temperatura, mayor es la velocidad de propagación. Esto se debe a que las moléculas se mueven más rápido, transmitiendo la perturbación con mayor eficiencia. Por ejemplo, el sonido viaja más rápido en un día caluroso que en una noche fría.

¿Qué es la presión acústica?

Es la diferencia de presión instantánea con respecto a la presión estática del medio. En una onda sonora, esta presión oscila en fase con el desplazamiento de las partículas, alcanzando máximos en las compresiones y mínimos en las rarefacciones.

¿Pueden existir ondas longitudinales en una cuerda?

Sí, aunque son menos intuitivas que las transversales. Si estiras y sueltas una sección de una cuerda a lo largo de su eje, se genera una onda longitudinal. Sin embargo, en la mayoría de los instrumentos de cuerda, el sonido audible proviene principalmente de las componentes transversales.

¿Qué diferencia hay entre la ecuación de onda transversal y longitudinal?

Matemáticamente, la estructura de la ecuación diferencial es idéntica. La diferencia radica en qué variable física representa la perturbación: en las transversales suele ser el desplazamiento vertical, mientras que en las longitudinales es el desplazamiento a lo largo del eje de propagación o la variación de presión.

Resumen

Las ondas longitudinales se caracterizan por la vibración paralela a la dirección de propagación, generando compresiones y rarefacciones. Su velocidad depende de propiedades mecánicas del medio, como la densidad y el módulo de elasticidad, y no de la frecuencia de la onda en medios no dispersivos.

El análisis matemático mediante la ecuación de onda permite modelar fenómenos complejos como el efecto Doppler, las ondas estacionarias en tubos y la relación entre desplazamiento y presión. Estas herramientas son esenciales para aplicaciones en acústica, ingeniería civil y diagnóstico médico.

Véase también

Referencias

  1. «formulas de ondas longitudinales» en Wikipedia en español
  2. Longitudinal Waves - HyperPhysics (Georgia State University)
  3. The Wave Equation - American Physical Society (APS)
  4. Ondas sonoras y ondas longitudinales - Instituto de Física (UNAM)
  5. Longitudinal Wave - ScienceDirect (Encyclopedia of Physical Science and Technology)