La psicología basada en evidencia (PBE) es un enfoque sistemático que integra la mejor investigación científica disponible con la experiencia clínica del profesional y las características únicas del paciente para tomar decisiones terapéuticas. Este modelo busca reducir la subjetividad en el diagnóstico y tratamiento, asegurando que las intervenciones psicológicas no dependan únicamente de la intuición del terapeuta, sino de datos empíricos sólidos.

Este enfoque ha transformado la práctica clínica al establecer estándares de calidad medibles. Al priorizar la eficacia demostrada, la PBE permite a los pacientes acceder a tratamientos con mayor probabilidad de éxito, optimizando recursos y mejorando los resultados en salud mental a nivel global.

Definición y concepto

La psicología basada en evidencia (PBE) constituye un marco metodológico que busca reducir la incertidumbre en la práctica clínica al integrar sistemáticamente tres componentes fundamentales. No se trata simplemente de aplicar estadísticas o seguir manuales al pie de la letra, sino de fusionar la mejor investigación disponible, la experiencia clínica del profesional y los valores, preferencias y características únicas del paciente. Esta integración tripartita permite que las decisiones terapéuticas sean más precisas y personalizadas que aquellas tomadas únicamente por intuición o por dogma académico.

La "mejor investigación disponible" se refiere a hallazzos empíricos de alta calidad, organizados a menudo en pirámides de evidencia donde los metaanálisis y ensayos clínicos aleatorizados ocupan los niveles superiores. Sin embargo, estos datos no son estáticos; deben ser interpretados a la luz de la experiencia clínica acumulada por el terapeuta, lo que incluye su habilidad para diagnosticar, gestionar la relación terapéutica y adaptar las intervenciones. Finalmente, los valores del paciente actúan como el filtro ético y práctico: una intervención puede ser estadísticamente eficaz, pero si el paciente no la comprende, no la acepta o no puede sostenerla económicamente, su utilidad real disminuye drásticamente.

Diferencias con otros enfoques

Es crucial distinguir la PBE de la psicología empírica pura y del empirismo clínico tradicional, ya que la confusión entre ellos ha generado resistencia en la comunidad profesional. La psicología empírica pura tiende a priorizar casi exclusivamente los datos cuantitativos de la investigación, a veces en detrimento de la complejidad individual del paciente. En este modelo, el riesgo es tratar al paciente como una variable estadística más, ignorando matices contextuales que los estudios generales pueden pasar por alto.

Dato curioso: El término "basada en evidencia" fue adoptado por la psicología a finales de los años 90, inspirándose directamente en la medicina basada en evidencia (MBE). Sin embargo, la psicología enfrentó el desafío adicional de cuantificar fenómenos subjetivos, como la "alianza terapéutica", que en medicina eran menos centrales.

Por otro lado, el empirismo clínico tradicional, a menudo llamado "empirismo de la ruleta", se basa principalmente en la acumulación de casos individuales que el terapeuta ha observado a lo largo de su carrera. Aunque esta experiencia es valiosa, es propensa a sesgos cognitivos como el sesgo de confirmación, donde el clínico recuerda los casos que apoyan su teoría y olvida los que la contradicen. La PBE no descarta esta experiencia, pero la somete a un escrutinio constante mediante la revisión de la literatura científica actualizada.

La distinción radica en la sistematicidad. Mientras el empirismo tradicional pregunta "¿Qué ha funcionado en mis pacientes anteriores?", la PBE pregunta "¿Qué dice la evidencia actual para este tipo de paciente, cómo se ajusta a mi experiencia y qué quiere este paciente específico?". Este cambio de perspectiva transforma la práctica de un arte intuitivo a una disciplina científica reflexiva, donde la intuición se valida con datos y los datos se humanizan con la experiencia. La consecuencia es directa: una mayor reproducibilidad de resultados y una reducción de la arbitrariedad en el diagnóstico y el tratamiento.

Historia y evolución del concepto. Imagen: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0
Historia y evolución del concepto. Imagen: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0

Historia y evolución del concepto

La psicología basada en evidencia no surgió del vacío académico, sino como respuesta directa a la necesidad de cuantificar la eficacia terapéutica. Sus raíces se encuentran en la medicina basada en evidencia (EBM), un movimiento que ganó fuerza a finales de los años ochenta. Los médicos buscaban reducir la subjetividad en el diagnóstico y el tratamiento, utilizando datos empíricos para guiar las decisiones clínicas. Este enfoque migró rápidamente a la psicología, donde la diversidad de escuelas teóricas a menudo generaba debates más filosóficos que empíricos.

El informe de la Task Force (1995)

Un punto de inflexión crucial fue el informe de la Task Force sobre la Eficacia de las Terapias Psicológicas, publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA) en 1995. Este documento clasificó las terapias según su nivel de soporte empírico, introduciendo categorías como "terapia empíricamente respaldada" y "terapia de eficacia probada". La consecuencia fue inmediata: los clínicos comenzaron a mirar más allá de la teoría subyacente para centrarse en los resultados medibles del paciente.

Dato curioso: El informe de 1995 generó tanta controversia que llevó a la creación de la lista de terapias empíricamente respaldadas, que aún hoy se actualiza periódicamente y sirve como referencia para seguros médicos y hospitales.

Este movimiento no solo organizó las terapias existentes, sino que también impulsó la estandarización de los procesos de evaluación. Los psicólogos comenzaron a utilizar escalas estandarizadas y diseños de estudio más rigurosos, como el ensayo clínico aleatorizado, que hasta entonces era el dominio exclusivo de la farmacología.

Figuras clave y la tercera ola

La evolución del concepto estuvo impulsada por figuras como Aaron Beck y Donald Shneiderman. Beck, creador de la terapia cognitiva, fue fundamental para demostrar que los procesos mentales podían ser medidos y modificados con precisión. Su trabajo sentó las bases para que la psicoterapia dejara de ser vista como un arte y se convirtiera en una ciencia aplicada.

Donald Shneiderman, por su parte, contribuyó significativamente a la integración de la evidencia en la práctica clínica diaria. Su enfoque en la accesibilidad de los datos para los terapeutas ayudó a puentear la brecha entre la investigación académica y el consultorio. La colaboración entre estos expertos permitió que la psicología basada en evidencia se consolidara como un estándar profesional.

Con el tiempo, este enfoque evolucionó hacia lo que se conoce como la "tercera ola" de terapias cognitivas. Estas nuevas terapias, como la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia cognitiva basada en la mindfulness, no solo se centraron en el contenido de los pensamientos, sino también en la relación del paciente con ellos. La evidencia siguió siendo central, pero se amplió el espectro de lo que se consideraba efectivo, incorporando factores contextuales y conductuales más amplios.

La historia de la psicología basada en evidencia es, por tanto, una historia de maduración científica. Pasó de ser una reacción contra la subjetividad a convertirse en un marco integral que combina datos rigurosos con la experiencia clínica. Este proceso continúa hoy, con nuevas investigaciones que desafían y refinan constantemente lo que consideramos "evidencia".

¿Qué es la jerarquía de las pruebas en psicología?

La jerarquía de las pruebas es un sistema de clasificación que organiza la solidez de la evidencia científica según la metodología utilizada en cada estudio. En psicología basada en evidencia, no todos los datos tienen el mismo peso. Esta estructura permite a los profesionales evaluar qué tan confiable es una intervención o diagnóstico antes de aplicarlo en la práctica clínica o educativa. El objetivo es reducir el sesgo y la subjetividad.

La pirámide de la evidencia

Este modelo visualiza la fuerza de la prueba en forma de pirámide invertida o escalonada. En la base se encuentra la opinión de expertos y la experiencia clínica. Aunque es valiosa para la toma de decisiones rápidas, es la más susceptible a la subjetividad y a la fatiga cognitiva. Subiendo un escalón, encontramos los estudios de serie de casos y los estudios de cohorte o caso-control. Estos proporcionan datos observacionales útiles, pero no siempre establecen una relación causal directa.

En la cúspide de la pirámide se sitúan los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y los metaanálisis. Los ECA comparan grupos de pacientes asignados al azar a diferentes tratamientos, lo que minimiza las diferencias iniciales entre ellos. Los metaanálisis van un paso más allá: combinan estadísticamente los resultados de varios ECA independientes para obtener una estimación más precisa del efecto global. La precisión aumenta a medida que se asciende en la jerarquía.

Sabías que: La jerarquía no es rígida. Un gran estudio de cohorte bien diseñado puede, en ocasiones, ofrecer más información práctica que un pequeño ensayo clínico con poca potencia estadística. El contexto clínico es fundamental.

Comparativa de tipos de estudios

Para entender las diferencias técnicas, es útil contrastar las metodologías más comunes. La siguiente tabla resume el nivel de evidencia y las características principales de cada enfoque.

Tipo de estudio Nivel de evidencia Fortalezas Debilidades
Metaanálisis de ECA Muy alto Mayor potencia estadística; sintetiza múltiples fuentes. Depende de la calidad de los estudios incluidos ("basura entra, basura sale").
Ensayo Clínico Aleatorizado (ECA) Alto Controla variables de confusión mediante la aleatorización; establece causalidad. Costoso; a veces la muestra no es muy representativa de la población general.
Estudio de Cohorte Medio-Alto Observa la evolución temporal; útil para estudiar la incidencia de trastornos. Los participantes pueden abandonar el estudio (efecto "survivor"); requiere mucho tiempo.
Estudio de Caso-Control Medio Eficiente para trastornos raros; más rápido que la cohorte. Susceptible al sesgo de memoria (retrospectivo); la causalidad es más difícil de probar.
Serie de casos Bajo Genera hipótesis iniciales; describe características clínicas detalladas. Falta de grupo de control; alta subjetividad en la interpretación.

La elección del estudio depende de la pregunta de investigación. No siempre es necesario un ECA costoso si se busca describir un nuevo síntoma. Sin embargo, para validar una terapia psicológica, la evidencia debe ser robusta. La jerarquía guía al profesional hacia la decisión más fundamentada, equilibrando rigor científico y aplicabilidad práctica. Ignorar esta estructura puede llevar a adoptar intervenciones obsoletas o, peor aún, a descartar tratamientos efectivos basándose solo en la intuición.

¿Cómo se aplica la evidencia en la práctica clínica?

La aplicación de la psicología basada en evidencia (PBE) en la práctica clínica no sigue una fórmula rígida, sino que opera como un proceso dinámico de integración. El profesional no aplica ciegamente un manual, sino que combina tres pilares fundamentales: la mejor investigación científica disponible, la experiencia clínica del terapeuta y, crucialmente, las características, valores y preferencias del paciente. Esta tríada asegura que el tratamiento sea científicamente sólido, pero también humano y personalizado.

El proceso de toma de decisiones clínica

El clínico comienza identificando una pregunta clínica específica sobre el paciente. Posteriormente, busca evidencia actualizada, a menudo mediante guías de práctica clínica o revisiones sistemáticas. Sin embargo, los datos estadísticos raramente cuentan toda la historia. Un resultado promedio en un ensayo controlado al azar puede no reflejar la realidad de un individuo con comorbilidades únicas o un entorno socioeconómico particular.

Aquí interviene la pericia del terapeuta. La experiencia permite al profesional interpretar los datos, adaptar las técnicas y manejar las excepciones a la regla. Pero el tercer elemento es el más diferenciador: la voz del paciente. Si la evidencia sugiere la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) para la ansiedad, pero el paciente prefiere un enfoque más narrativo o tiene limitaciones de tiempo, la adherencia al tratamiento puede fallar. La decisión final es una negociación informada entre estos tres factores.

Dato curioso: La alianza terapéutica —la relación de confianza y colaboración entre cliente y terapeuta— es consistentemente uno de los predictores más fuertes del éxito del tratamiento, a menudo superando la importancia del tipo de terapia específica utilizada.

Ejemplos concretos en trastornos comunes

En el caso del Trastorno de Estrés Postráutico (TEPT), las guías de práctica suelen recomendar la Terapia de Procesamiento Cognitivo o la Exposición Prolongada como tratamientos de primera línea. Un clínico basado en la evidencia no asignará automáticamente una de estas opciones. Evaluará si el paciente tiene la capacidad cognitiva para la reestructuración o la estabilidad emocional para la exposición. Si el paciente ha sufrido múltiples traumas complejos, el terapeuta podría integrar técnicas de regulación emocional antes de aplicar la exposición estándar, ajustando la evidencia a la realidad clínica del individuo.

Para la Depresión Mayor, la evidencia respalda tanto la TCC como la Interpersonal y la Terapia de Activación Conductual. La elección depende del perfil del paciente. Un paciente con fuertes factores estresantes interpersonales podría beneficiarse más del enfoque interpersonal, mientras que uno con alta rumiación podría responder mejor a la activación conductual. El clínico utiliza la evidencia para delimitar las opciones efectivas, pero la experiencia y la preferencia del paciente determinan la selección final.

La integración efectiva evita el dogmatismo. No se trata solo de "qué funciona en promedio", sino de "qué funciona para esta persona, en este momento, con este terapeuta". La flexibilidad dentro de la estructura científica es la clave de la eficacia clínica moderna.

Críticas y limitaciones de la PBE

La psicología basada en la evidencia (PBE) ha transformado la práctica clínica, pero no está exenta de controversias. Su adopción masiva ha generado un debate intenso sobre hasta qué punto los datos estadísticos pueden capturar la complejidad del comportamiento humano. Las críticas no niegan su utilidad, pero señalan que, sin matices, la PBE puede volverse rígida.

La crisis de replicación y la calidad de los datos

Una de las amenazas más serias para la PBE es la crisis de replicación. Durante años, muchos estudios fundamentales en psicología mostraron resultados sólidos, pero al repetirse con metodologías estrictas, los efectos se reducían o desaparecían. Esto pone en duda la base misma sobre la que se construyen las guías clínicas. Si los estudios originales no son reproducibles, las intervenciones recomendadas pueden perder eficacia.

Debate actual: La replicación no es solo un detalle metodológico; es el filtro que separa el ruido estadístico de la señal real en la investigación psicológica.

Este problema ha obligado a la comunidad científica a revisar tamaños de muestra y diseños experimentales. La consecuencia es directa: las guías de práctica clínica deben actualizarse con mayor frecuencia de lo previsto, lo que genera incertidumbre en los profesionales que buscan estabilidad en sus tratamientos.

Sobredependencia en los Ensayos Clínicos Aleatorios (ECA)

Los ECA son considerados el estándar de oro, pero su aplicación en psicología tiene limitaciones estructurales. Para mantener el control experimental, los ECA a menudo excluyen pacientes con múltiples diagnósticos o comorbilidades. Esto crea una población de estudio que es más homogénea, pero menos representativa que la del consultorio promedio.

Además, la ceguera del terapeuta y del paciente es más difícil de mantener en psicoterapia que en farmacología. El terapeuta sabe qué técnica está aplicando, lo que puede introducir sesgos de expectativa. Esta dependencia exclusiva en los ECA puede llevar a descuidar otras fuentes de evidencia valiosas, como los estudios de caso o las series temporales, que ofrecen profundidad que los grandes grupos a veces pierden.

La experiencia subjetiva y la estandarización

La PBE tiende a priorizar lo medible. Sin embargo, la experiencia subjetiva del paciente —su narrativa, sus emociones únicas y su contexto cultural— es difícil de cuantificar con escalas estandarizadas. Existe el riesgo de que el paciente se convierta en un conjunto de síntomas más que en una persona integral. Esta estandarización excesiva puede ignorar la individualidad, llevando a tratamientos genéricos que no resuenan con la realidad específica de cada individuo.

La crítica de la "psicología de la sala de espera" ilustra este punto. En la sala de espera, los pacientes son diversos y complejos; en los estudios controlados, a menudo se selecciona a los "mejores candidatos". La brecha entre la vida real y el laboratorio es amplia. Ignorar esta diferencia puede reducir la eficacia de las intervenciones cuando salen del entorno controlado del estudio hacia el caos de la vida diaria.

Reconocer estas limitaciones no descarta la PBE, pero exige una aplicación más flexible. La evidencia debe informar, no dictar, permitiendo al profesional integrar los datos con la clínica y la historia del paciente. Solo así se evita que la ciencia se vuelva una camisa de fuerza para la práctica terapéutica.

Metodologías de investigación en PBE

La psicología basada en evidencia (PBE) no se sostiene únicamente en la intuición clínica, sino en una jerarquía de pruebas generadas mediante diseños metodológicos rigurosos. Comprender cómo se construyen estas pruebas es fundamental para evaluar la solidez de cualquier intervención psicológica.

El ensayo clínico aleatorizado

El diseño más robusto para establecer causalidad es el ensayo clínico aleatorizado (ECA). En este diseño, los participantes son asignados al azar a diferentes grupos, lo que minimiza los sesgos de selección. La aleatorización asegura que las diferencias iniciales entre los sujetos se distribuyan equitativamente, permitiendo atribuir los cambios posteriores directamente a la intervención.

Para aislar el efecto específico del tratamiento, se utilizan distintos tipos de grupos de control. El grupo de control por espera recibe la intervención tras un periodo de tiempo, útil cuando el acceso inmediato al tratamiento es difícil. El grupo de control activo recibe un tratamiento distinto al que se evalúa, lo que ayuda a distinguir si el efecto se debe a la intervención específica o a factores generales como la atención del terapeuta. Finalmente, el grupo de control por lugarbo (o placebo) recibe una intervención ficticia similar en apariencia pero carece del componente activo del tratamiento, crucial para controlar el efecto de expectativa del paciente.

Dato curioso: El concepto de "grupo de control" no siempre fue tan riguroso. En los inicios de la psicoterapia, a menudo se comparaba el paciente con su propio estado anterior sin un grupo paralelo, lo que generaba la famosa pregunta de Carl Rogers: "¿Qué pasa cuando el paciente espera sin hacer nada?"

Magnitud del cambio: el tamaño del efecto

La significancia estadística (a menudo representada por el valor p) indica la probabilidad de que el resultado sea un azar, pero no dice cuánto ha mejorado el paciente. Para eso se utiliza el tamaño del efecto, siendo la d de Cohen la medida más común. Este índice cuantifica la diferencia entre dos medias en función de la desviación estándar combinada. Una d de 0.2 se considera un efecto pequeño, 0.5 mediano y 0.8 grande. Esta métrica permite comparar la eficacia de tratamientos distintos, incluso si miden variables ligeramente diferentes, ofreciendo una visión práctica de la magnitud del cambio clínico.

El metaanálisis como estándar de oro

Un solo ensayo puede ser insuficiente debido a su tamaño limitado o a factores específicos de la muestra. El metaanálisis aborda esta limitación mediante la síntesis cuantitativa de múltiples estudios independientes. Al combinar los datos de varios ensayos clínicos aleatorizados, se aumenta el poder estadístico y se obtiene una estimación más precisa del efecto del tratamiento. Este proceso permite identificar patrones generales y resolver discrepancias entre estudios individuales.

Por esta capacidad de integrar evidencia de forma sistemática y cuantitativa, el metaanálisis es considerado el "estándar de oro" en la jerarquía de la evidencia en PBE. Sin embargo, su calidad depende directamente de la calidad de los estudios incluidos; si los ensayos originales tienen sesgos significativos, el metaanálisis puede sufrir de lo que se conoce como "basura entra, basura sale". La transparencia en la selección de estudios y el uso de gráficos como el diagrama de embudo son esenciales para validar estos resultados.

Aplicaciones en diferentes áreas de la psicología

La Psicología Basada en la Evidencia (PBE) trasciende el consultorio clínico para transformar cómo se toman decisiones en escuelas, empresas y comunidades. En cada ámbito, el principio es el mismo: no confiar únicamente en la intuición del experto o en la tradición, sino en datos empíricos que demuestran qué funciona, para quién y en qué contexto. Esta aproximación reduce la subjetividad y mejora la eficiencia de las intervenciones.

Psicología educativa y el TDAH

En las aulas, la PBE ha sido fundamental para estandarizar el tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Ya no basta con diagnosticar; se requiere seleccionar intervenciones con respaldo científico. Para la edad escolar, la terapia conductual de los padres es una intervención de primer nivel. Enseña a los cuidadores a usar refuerzos positivos y consecuencias inmediatas para moldear el comportamiento del niño, lo que reduce la necesidad de medicación única en casos leves.

En la etapa universitaria o laboral, la evidencia apunta hacia la combinación de psicoeducación y estrategias de organización externa. El uso de agendas estructuradas, temporizadores visuales y la técnica de "dividir tareas grandes en micro-tareas" tiene mayor tasa de éxito que la simple instrucción verbal. La consecuencia es directa: el estudiante gana autonomía y reduce la ansiedad ante los exámenes.

Dato curioso: Estudios recientes muestran que la intervención cognitivo-conductual específica para el TDAH en adultos mejora los síntomas residuales que la medicación a veces deja sin tocar, como la disfunción ejecutiva y la inercia del inicio de tareas.

Selección de personal en psicología organizacional

Las empresas utilizan la PBE para reducir el sesgo en la contratación. La prueba más validada es la prueba de trabajo (work sample), donde el candidato realiza una tarea real del puesto. Por ejemplo, un programador hace un pequeño código; un vendedor realiza una simulación de venta. Esta prueba predice mejor el rendimiento futuro que la entrevista no estructurada o incluso que el título universitario.

Otra herramienta es la evaluación de la personalidad mediante el modelo de los Cinco Grandes rasgos (Big Five), enfocándose especialmente en la Concienciosidad. Los datos indican que los empleados más concienzudos tienden a tener mayor rendimiento y menor rotación. Sin embargo, la PBE advierte contra el exceso de pruebas: si el proceso de selección dura más de tres semanas, el candidato ideal puede perder la paciencia. La eficiencia también es evidencia.

Intervenciones en psicología comunitaria

En comunidades, la PBE se aplica mediante programas preventivos escalables. Un ejemplo claro es la intervención "Nursing Intervention Model" (NIM) para la salud mental infantil. Enfermeras visitan hogares de familias de bajo ingreso durante los primeros dos años de vida del niño. Evalúan la interacción madre-hijo y ofrecen retroalimentación inmediata. Los estudios a largo plazo muestran que estos niños tienen menos problemas conductuales y mejor rendimiento escolar en la primaria.

La clave aquí es la replicabilidad. No sirve de mucho que un programa funcione en una ciudad si falla en otra. La PBE exige que las intervenciones comunitarias se adapten al contexto cultural sin perder su núcleo activo. Esto evita el error común de importar modelos europeos a Latinoamérica sin ajustar las dinámicas familiares. La adaptación es parte de la evidencia, no una excepción.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa exactamente "basada en evidencia"?

Significa que las decisiones de diagnóstico y tratamiento se toman combinando tres pilares: la mejor investigación científica actual, la experiencia clínica del profesional y las preferencias y valores del paciente.

¿Es lo mismo que la Medicina Basada en la Evidencia?

Comparten la misma lógica fundamental, pero la Psicología Basada en la Evidencia adapta los métodos a las particularidades de la conducta humana, a menudo utilizando escalas subjetivas y observaciones conductuales además de datos biológicos.

¿Cuál es el estudio más fiable en psicología?

Generalmente, el Ensayo Clínico Aleatorizado (ECA) se considera el estándar de oro para medir la eficacia de un tratamiento, aunque las Revisiones Sistemáticas y los Metaanálisis que agrupan varios ECA ofrecen una visión aún más robusta.

¿La experiencia del psicólogo importa si todo es evidencia?

Sí, es fundamental. La evidencia indica qué tratamiento funciona en promedio, pero la experiencia del psicólogo determina cómo adaptar ese tratamiento a la personalidad, cultura y contexto específico de cada paciente.

¿Todos los tratamientos psicológicos tienen la misma evidencia?

No. Algunos, como la Terapia Cognitivo-Conductiva para la fobia específica, tienen evidencia muy fuerte (nivel A), mientras que otros pueden tener evidencia preliminar o moderada, dependiendo de la cantidad y calidad de los estudios realizados.

Resumen

La Psicología Basada en la Evidencia representa el estándar actual de calidad en la práctica psicológica, integrando investigación científica, experiencia clínica y características del paciente. Su implementación mejora la precisión diagnóstica y la eficacia terapéutica, aunque requiere una formación continua para interpretar correctamente la jerarquía de las pruebas.

A pesar de sus críticas por posible rigidez, la PBE sigue evolucionando, incorporando nuevas metodologías como los estudios de caso-niño y la neurociencia, asegurando que la práctica psicológica sea dinámica, científica y centrada en las necesidades reales de la población.

Referencias

  1. «psicología basada en evidencia» en Wikipedia en español
  2. APA Guidelines for the Evaluation of Evidence-Based Practices in Mental Health
  3. Cochrane Library: Evidence-Based Health Care
  4. What Works Clearinghouse (Institute of Education Sciences)
  5. Sociedad Española de Psicología Clínica y Psicoterapia (SEPC): Psicoterapia Basada en la Evidencia