La Revolución Industrial fue un proceso histórico de transformación económica, social y tecnológica que comenzó en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y se extendió por Europa y Norteamérica durante el siglo XIX. Este periodo marcó el paso de una economía basada en la artesanía y la producción manual hacia una economía dominada por la manufactura, las fábricas y la maquinaria impulsada por el vapor y, posteriormente, por la electricidad.
Este cambio no solo redefinió cómo se producían los bienes, sino que también alteró profundamente la estructura social, dando origen a nuevas clases sociales como la burguesía industrial y el proletariado, y sentando las bases del mundo moderno. Su impacto sigue siendo visible en la organización del trabajo, la urbanización y el consumo global.
Definición y concepto
La Revolución Industrial no es un evento puntual, sino un proceso histórico prolongado que transformó las bases de la producción económica y la estructura social. Este fenómeno marcó el tránsito desde una economía predominantemente agraria y artesanal hacia una dominada por la manufactura mecanizada y la energía no humana. El impacto fue tan profundo que redefinió cómo vivían, trabajaban y se relacionaban las sociedades occidentales, extendiendo luego su influencia a casi todo el globo.
Diferenciación entre las tres revoluciones
Los historiadores suelen dividir este proceso en tres etapas principales, cada una con sus propios impulsores tecnológicos y económicos. La Primera Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, se caracterizó por la introducción de la máquina de vapor y el uso intensivo del carbón y el hierro. La mecanización de la industria textil fue su motor inicial.
La Segunda Revolución Industrial, que tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, trajo consigo el acero, la electricidad y el petróleo. Este período vio el auge de la producción en masa, simbolizada por la línea de montaje, y el desarrollo de redes de transporte más eficientes como el ferrocarril expandido y el barco de vapor.
La Tercera Revolución Industrial, también conocida como la Revolución Digital o de la Información, comenzó a finales del siglo XX. Se fundamenta en la electrónica, las computadoras, las telecomunicaciones y las energías renovables, permitiendo una automatización avanzada y una interconexión global sin precedentes.
Dato curioso: Aunque la máquina de vapor es el símbolo por excelencia de la Primera Revolución, la industria textil fue la primera en ser completamente transformada por la maquinaria, con inventos como la Spinning Jenny que multiplicó la productividad de los tejedores.
Cambios estructurales y sociales
El cambio más significativo fue el paso de la agricultura a la manufactura. Antes de la industrialización, la mayoría de la población trabajaba en el campo, dependiendo de las estaciones y de la fuerza muscular humana o animal. Con la llegada de las fábricas, el trabajo se concentró en centros urbanos, dando lugar a una rápida urbanización. Las ciudades crecieron a menudo a ritmo vertiginoso, a veces más rápido de lo que podían absorber, lo que generó nuevos desafíos sociales y de infraestructura.
Este proceso también consolidó el capitalismo industrial. Los medios de producción (máquinas, fábricas, materias primas) se concentraron en manos de una clase propietaria, mientras que una gran masa de trabajadores vendía su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Esta dinámica creó nuevas clases sociales, como la burguesía industrial y el proletariado, y estableció relaciones laborales que siguen influyendo en la economía moderna.
La productividad aumentó drásticamente, lo que permitió un crecimiento poblacional sostenido y un aumento en el poder adquisitivo de diversos estratos sociales, aunque la distribución de la riqueza fue a menudo desigual durante las primeras etapas. La consecuencia es directa: la forma en que producimos bienes definió la forma en que nos organizamos como sociedad.
¿Cuáles fueron las causas de la Revolución Industrial?
La Revolución Industrial no surgió de la nada. Fue el resultado de una convergencia de factores económicos, sociales y geográficos que crearon un entorno propicio para el cambio. Ninguna causa actuó aisladamente; más bien, se reforzaron mutuamente en un círculo virtuoso que transformó la economía británica. Analizar estas causas requiere entender cómo la agricultura, la demografía y el capital se entrelazaron.
La base agrícola y demográfica
Todo comenzó en el campo. La Revolución Agrícola, con técnicas como el sistema Norfolk de rotación de cultivos y el mejoramiento selectivo del ganado, aumentó drásticamente la productividad. Menos mano de obra era necesaria para alimentar a más personas. Esto liberó trabajadores hacia las ciudades naciente, creando una fuerza laboral flexible y, a menudo, barata.
El crecimiento demográfico fue tanto causa como consecuencia. La mejora en la nutrición redujo la mortalidad, mientras que la disponibilidad de trabajo en las fábricas atrajo a los migrantes rurales. Esta explosión poblacional creó un mercado de consumo interno robusto. La gente necesitaba ropa, herramientas y alimentos procesados. La demanda impulsó la oferta.
Dato curioso: El cultivo de la patata, introducida en Inglaterra a finales del siglo XVII, fue crucial. Proporcionaba más calorías por acre que el trigo, permitiendo que la población creciera antes de que la producción industrial alcanzara su máximo esplendor.
Capital, recursos y estabilidad política
El dinero fue el combustible. Inglaterra poseía una clase media fuerte y una acumulación de capital proveniente del comercio colonial y la burguesía mercantil. Los inversores estaban dispuestos a arriesgar sus ahorros en nuevas tecnologías, como la máquina de vapor. El sistema bancario inglés, liderado por el Banco de Inglaterra, ofrecía relativa estabilidad financiera para emitir préstamos a largo plazo.
La geografía también jugó un papel decisivo. Las minas de carbón y hierro estaban relativamente cerca unas de otras y de los centros de producción. El carbón era esencial para alimentar las hornallas y las máquinas de vapor, mientras que el hierro proporcionaba la estructura para las fábricas y las vías férreas. Esta proximidad redujo los costes de transporte, un factor crítico antes de la llegada del ferrocarril.
La estabilidad política en Inglaterra, especialmente tras la Revolución Gloriosa de 1688, creó un entorno predecible para los inversores. Las leyes de propiedad protegían las ganancias, y el sistema de patentes incentivaba la innovación. Otros países tenían recursos y mano de obra, pero carecían de esta combinación específica de estabilidad jurídica y acceso al capital. La consecuencia es directa: sin seguridad jurídica, el riesgo de invertir en una fábrica era demasiado alto.
El motor científico y la interconexión
Los avances científicos proporcionaron las herramientas conceptuales. La Revolución Científica había fomentado un espíritu de observación y experimentación. Figuras como Isaac Newton sentaron las bases de la mecánica, mientras que los avances en la metalurgia permitieron crear cilindros más precisos para las máquinas de vapor. La ciencia no era solo teoría; se aplicaba directamente a la producción.
La interconexión de estos factores es lo que define el proceso. La agricultura alimentaba a la población, que trabajaba en las fábricas, que usaban carbón y hierro, financiados por el capital, bajo una estabilidad política que fomentaba la innovación científica. Romper un eslabón podría haber retrasado el proceso. Por ejemplo, sin el carbón, la máquina de vapor habría sido menos eficiente; sin la estabilidad política, los inversores podrían haber huido. Fue una sinergia perfecta que transformó el mundo.
Historia y desarrollo cronológico
La transformación económica y social conocida como revolución industrial no fue un evento puntual, sino un proceso escalonado que se extendió durante más de un siglo. Sus raíces se encuentran en la Inglaterra de finales del siglo XVIII, donde una combinación de factores geográficos, políticos y tecnológicos permitió que la producción pasara del taller artesanal a la fábrica mecanizada. Este modelo luego se expandió hacia el continente europeo y Estados Unidos, modificando profundamente la estructura de la sociedad global.
Primera fase: Mecanización y vapor
El motor de este primer periodo fue la industria textil y la energía proporcionada por la máquina de vapor. Aunque existían modelos anteriores, fue la mejora realizada por James Watt en la década de 1760 la que hizo que el vapor fuera eficiente para impulsar maquinaria constante. Esta innovación redujo la dependencia de la fuerza hídrica y eólica, permitiendo ubicar las fábricas cerca de los yacimientos de carbón y los centros urbanos.
Debate actual: Los historiadores siguen discutiendo si la invención de la máquina de vapor fue la causa principal o simplemente el catalizador que aceleró cambios ya iniciados en la agricultura y el comercio marítimo.
La eficiencia energética de estas primeras máquinas puede analizarse mediante conceptos termodinámicos básicos. La relación entre el trabajo realizado y el calor aportado se expresa conceptualmente como:
η=QinWDonde la eficiencia depende de la diferencia de temperatura entre la fuente de calor y el entorno. Esta capacidad de convertir calor en movimiento mecánico impulsó la expansión de las vías férreas, conectando mercados internos y reduciendo los costos de transporte de materias primas.
Segunda fase: Acero, electricidad y petróleo
A finales del siglo XIX, la revolución entró en una segunda etapa caracterizada por la producción en masa y nuevas fuentes de energía. El acero reemplazó al hierro fundido gracias a procesos como el método Bessemer, ofreciendo mayor resistencia y menor costo. Simultáneamente, la electricidad permitió la iluminación urbana y la transmisión de energía sin necesidad de engranajes complejos, mientras que el petróleo emergió como el combustible del transporte motorizado.
Esta segunda ola tecnológica favoreció a países con grandes reservas de minerales y capitales acumulados, como Alemania y Estados Unidos. La introducción de la línea de montaje y la estandarización de piezas aumentó la productividad de forma exponencial. La consecuencia es directa: la vida cotidiana de la clase trabajadora cambió drásticamente, pasando de horarios estacionales a turnos fijos bajo la luz artificial.
La expansión no fue lineal. Mientras que Inglaterra lideró la primera fase, Alemania y EE. UU. dominaron la segunda gracias a su inversión en ciencia aplicada y química industrial. Este desplazamiento del centro de gravedad económico demostró que la ventaja tecnológica es temporal si no se acompaña de innovación continua.
¿Qué impacto tuvo la Revolución Industrial en la sociedad?
La transformación social provocada por la Revolución Industrial fue tan profunda como los cambios tecnológicos. No se trató solo de máquinas, sino de una reestructuración casi total de la jerarquía humana. El sistema feudal, basado en la tierra y el linaje, dio paso a una sociedad de clases definida por la propiedad y el salario. Este cambio desplazó el poder de los terratenientes tradicionales hacia una nueva élite: la burguesía industrial. Estos dueños de fábricas y capitales controlaban los medios de producción, mientras que la mayoría de la población se convertía en el proletariado, una clase que poseía poco más que su fuerza de trabajo para sobrevivir. La consecuencia de esta división fue la creación de una tensión estructural que definiría la política durante siglos.
El caos urbano y las condiciones de vida
La migración masiva hacia las ciudades industriales generó un crecimiento demográfico a menudo superior a la capacidad de infraestructura. En lugares como Manchester o Londres, el hacinamiento se convirtió en la norma. Las familias compartían habitaciones pequeñas, a menudo con escasa ventilación y luz natural. El saneamiento básico era deficiente; el agua potable y las aguas residuales se mezclaban frecuentemente, lo que provocaba epidemias recurrentes de cólera y tifus. La esperanza de vida en las zonas obreras, a veces, era menor que en las zonas rurales de origen. La ciudad industrial se convirtió en un espacio de oportunidad, pero también de supervivencia diaria contra el entorno físico.
Reestructuración familiar y el rol de género
La estructura familiar tradicional sufrió una presión inmensa. Antes de la fábrica, el trabajo a menudo se realizaba en el hogar o en el campo, mezclando a todos los miembros. Con la introducción del reloj y la jornada laboral, el trabajo se separó del hogar. Esto afectó profundamente a la mujer y al niño. Las fábricas necesitaban mano de obra flexible y barata, lo que llevó a emplear a mujeres y niños en condiciones a menudo peores que las de los hombres adultos. Las mujeres trabajaban en el textil y la minería, a menudo ganando la mitad que sus contrapartes masculinas. Los niños, pequeños y ágiles, se metían bajo las máquinas o subían a las chimeneas. Esta dinámica obligó a las familias a depender de múltiples ingresos, alterando las dinámicas de poder dentro del hogar y sentando las bases de la lucha por los derechos laborales femeninos e infantiles.
Debate actual: Los historiadores siguen discutiendo si el salario real de los trabajadores mejoró inmediatamente. Algunos argumentan que, aunque ganaban más dinero, el costo de vida y la intensidad del trabajo aumentaron tanto que la calidad de vida inicial podría haber estancado o incluso empeorado antes de mejorar significativamente a finales del siglo XIX.
El nacimiento del movimiento obrero
Frente a estas condiciones, la respuesta no fue inmediata, pero fue poderosa. La conciencia de clase surgió de la experiencia compartida en la fábrica. Los trabajadores comenzaron a organizarse para negociar salarios, horarios y condiciones de trabajo. Esto dio origen al sindicalismo moderno. Las huelgas se convirtieron en la herramienta principal de presión. Además, surgieron movimientos políticos que buscaban traducir la fuerza numérica del proletariado en poder político, como el cartismo en Inglaterra o el auge del socialismo y el liberalismo económico. La lucha no era solo por el pan, sino por la dignidad y la voz en una sociedad que los había puesto casi en el borde del mapa. Esta organización sentó las bases de los derechos laborales que muchas veces damos por sentados hoy en día.
Consecuencias económicas y tecnológicas
La transformación económica no fue lineal, sino que implicó un cambio estructural profundo en cómo se organizaba la producción. El taller artesanal, donde un maestro manipulaba la materia prima de inicio a fin, cedió paso a la fábrica. Este nuevo espacio concentraba maquinaria, energía y trabajadores bajo un mismo techo, permitiendo una escalabilidad antes impensable. La consecuencia es directa: la producción dejó de depender exclusivamente de la fuerza muscular humana o animal para someterse al ritmo de la máquina.
Esta transición trajo consigo la división del trabajo y la estandarización. En lugar de que un zapatero hiciera todo el zapato, la producción se fragmentó en tareas repetitivas. Cada obrero realizaba una acción específica, como coser la suela o pulir el cuero, aumentando drásticamente la eficiencia. La estandarización de las piezas permitía que los productos fueran intercambiables, reduciendo el costo unitario y facilitando la producción en masa. Este enfoque sistemático sentó las bases del capitalismo industrial moderno.
Revolución en el transporte y la comunicación
La velocidad de la producción exigía una velocidad similar en el movimiento de bienes e información. El ferrocarril y el barco de vapor transformaron la geografía económica. Antes, el transporte por carretera dependía de la calidad de las vías y la resistencia de los caballos, lo que limitaba el radio de acción de los mercados locales. Con la introducción del vapor, las distancias se contrajeron. El ferrocarril permitió mover grandes volúmenes de mercancías pesadas, como el carbón y el hierro, a costos reducidos, conectando las zonas industriales con los puertos y las fuentes de materia prima.
Paralelamente, el telégrafo eléctrico comprimió el tiempo de la información. Antes, las noticias viajaban a la velocidad de un caballo o un barco; ahora, viajaban casi a la velocidad de la luz. Esto permitió a los comerciantes ajustar los precios y las existencias en tiempo real, reduciendo la incertidumbre en el comercio a larga distancia. La integración de estos medios creó una red logística global que vinculaba productores y consumidores en continentes distintos.
Dato curioso: La introducción del ferrocarril fue tan disruptiva que, al principio, los relojes locales de las ciudades eran tan variados que crear una "hora estándar" ferroviaria fue esencial para evitar que los trenes se cruzaran en el mismo punto en momentos distintos.
El impacto en el comercio internacional fue inmediato. Las barreras arancelarias y geográficas se volvieron más permeables, dando lugar a los primeros mercados globales. Los países comenzaron a especializarse según sus ventajas comparativas: algunos exportaban materias primas (como el algodón de Estados Unidos o la lana de Australia), mientras que otros exportaban manufacturas (como las telas de Inglaterra). Esta interdependencia creó una red de intercambio compleja, donde una perturbación en un extremo del mundo podía afectar los precios en el otro. La economía dejó de ser esencialmente local para volverse un sistema interconectado, estableciendo las bases del comercio mundial tal como lo conocemos hoy.
¿Cómo afectó la Revolución Industrial al medio ambiente?
La transformación económica trajo consigo una transformación ecológica sin precedentes. La quema masiva de carbón, el principal combustible de la primera fase, liberó grandes volúmenes de dióxido de carbono y partículas de hollín. Esto generó la clásica "lluvia ácida" y la niebla tóxica de ciudades como Londres, donde la visibilidad y la salud pública se deterioraron drásticamente.
Contaminación del aire y el inicio del cambio climático
El aire se volvió el primer recurso compartido en ser afectado. Las chimeneas de las fábricas y las calderas de las máquinas de vapor emitieron gases que antes permanecían en el subsuelo. El dióxido de carbono (CO₂) actuó como una manta que atrapaba el calor, iniciando el efecto invernadero antropogénico. Este proceso marcó el fin de la relativa estabilidad climática del periodo Holoceno.
Dato curioso: Las capas de hollín encontradas en los glaciares de Groenlandia permiten a los científicos fechar con precisión el inicio de la era industrial, mostrando un pico de partículas negras que coincide con el auge del carbón en el siglo XIX.
La consecuencia es directa: la temperatura global comenzó su ascenso sostenido. No fue un salto brusco, sino una acumulación lenta pero implacable de gases de efecto invernadero que modificaron los patrones meteorológicos a escala planetaria.
El agua y la tierra bajo presión
Los ríos se convirtieron en vertederos líquidos. Las fábricas textiles vertían tintes y blanqueadores químicos directamente en las corrientes de agua, mientras que las fundiciones arrojaban metales pesados como el plomo y el zinc. Esto alteró la química del agua, haciendo que la biodiversidad acuática disminuyera y que el agua potable se volviera escasa y costosa de purificar.
La deforestación fue otro motor ecológico. Se necesitaban bosques para obtener madera de construcción y carbón vegetal antes de que el carbón mineral dominara. En regiones como Inglaterra y el noreste de Estados Unidos, la tasa de tala superó a la tasa de regeneración natural, lo que provocó la erosión del suelo y la pérdida de hábitats clave para la fauna local.
De la niebla de carbón a los desafíos actuales
La contaminación inicial era visible y localizada. El humo negro cubría las ciudades, y el olor a azufre era inconfundible. Hoy, los desafíos son más complejos y globales. La industrialización continuada ha introducido contaminantes menos visibles pero más persistentes, como los gases de efecto invernadero y los plásticos.
La comparación es reveladora. En el siglo XIX, el problema era la calidad del aire y el agua en el radio de las fábricas. En la actualidad, el impacto se mide en términos de calentamiento global y pérdida de biodiversidad a escala continental. La industrialización demostró que el crecimiento económico tiene un costo ecológico, un principio que sigue siendo central en las políticas ambientales de 2026.
Ejercicios resueltos
Los siguientes ejercicios ilustran cómo aplicar conceptos históricos y matemáticos al estudio de la Revolución Industrial. Se recomienda resolverlos antes de consultar las soluciones para evaluar la comprensión de las relaciones causa-efecto.
Ejercicio 1: Relación causal entre revolución agrícola e industrial
Analiza la siguiente premisa: "Sin la Revolución Agrícola previa, la Revolución Industrial en Inglaterra habría sido más lenta". Explica el mecanismo de conexión.
Solución: La afirmación es correcta. La mejora en las técnicas agrícolas, como el sistema de rotación de cultivos de cuatro años (que incluía la remolacha y el trébol) y la selección de ganado, aumentó drásticamente el rendimiento por hectárea. Esto generó dos efectos directos:
- Exceso de mano de obra: Al necesitarse menos campesinos para alimentar a la misma cantidad de personas, surgió un flujo migratorio hacia las ciudades industriales (éxodo rural).
- Exceso de alimento: Hubo suficiente comida barata para alimentar a los trabajadores urbanos, evitando la hambruna mientras la población crecía.
Sin este "empuje" demográfico y alimentario, las fábricas habrían tenido dificultades para encontrar trabajadores y mantener sus salarios reales.
Ejercicio 2: Cálculo de crecimiento poblacional
La población de Inglaterra y Gales pasó de aproximadamente 5,5 millones en 1750 a unos 17 millones en 1850. Calcula el porcentaje de crecimiento total en ese siglo.
La fórmula para el porcentaje de crecimiento es:
Porcentaje=Valor InicialValor Final−Valor Inicial×100Sustituimos los datos:
Porcentaje=5,517−5,5×100Primero calculamos la diferencia: 17−5,5=11,5. Luego dividimos por el valor inicial: 11,5/5,5≈2,09. Finalmente multiplicamos por 100:
2,09×100=209%La población creció un 209% en cien años. Esto significa que casi se triplicó, lo cual era inusual para la historia previa a la industrialización.
Ejercicio 3: Preguntas de opción múltiple y análisis
Selecciona la respuesta correcta y lee la justificación.
1. ¿Qué invento es considerado el motor central de la primera fase de la Revolución Industrial?
- A) La máquina de vapor de James Watt.
- B) El telar mecánico de Edmund Cartwright.
- C) La locomotora de Stephenson.
Respuesta correcta: A. Aunque el telar mecánico aceleró la producción textil y la locomotora mejoró el transporte, la máquina de vapor perfeccionada por James Watt (con su condensador separado) permitió el uso constante de energía en diversas industrias, no solo en las minas de carbón. Fue la fuente de energía flexible que definió la era.
2. ¿Cuál fue una consecuencia social negativa directa de la urbanización rápida?
- A) La disminución de la tasa de mortalidad infantil inmediata.
- B) La aparición de barrios obreros con hacinamiento y falta de saneamiento.
- C) La igualdad de ingresos entre burguesía y proletariado.
Respuesta correcta: B. Las ciudades crecieron más rápido que su infraestructura. El agua del Támesis en Londres o el humo de Manchester son ejemplos clásicos. La mortalidad infantil, de hecho, aumentó inicialmente debido a enfermedades como el cólera antes de mejorar con el saneamiento.
Dato curioso: En su libro La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith ya señalaba que el trabajador urbano a menudo vivía más que el rural, pero esto cambió drásticamente entre 1800 y 1830 debido a la contaminación y el hacinamiento, revertiendo la tendencia temporalmente.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo comenzó exactamente la Revolución Industrial?
Los historiadores suelen situar el inicio de la Primera Revolución Industrial en Gran Bretaña alrededor de 1760, con la introducción de la máquina de vapor y los telares mecánicos. Sin embargo, fue un proceso gradual que se consolidó durante todo el siglo XIX.
¿Cuál fue la principal fuente de energía de la Revolución Industrial?
El carbón fue el combustible fundamental, especialmente durante la Primera Revolución Industrial, ya que alimentaba las máquinas de vapor que movían las fábricas, los trenes y los barcos. Más tarde, el petróleo y la electricidad ganaron prominencia.
¿Qué diferencia hay entre la Primera y la Segunda Revolución Industrial?
La Primera Revolución Industrial (siglo XVIII-XIX) se caracterizó por el uso del hierro, el carbón y la máquina de vapor. La Segunda Revolución Industrial (finales del siglo XIX-XX) se distinguió por la electricidad, el petróleo, el acero y la producción en masa con la línea de montaje.
¿Por qué comenzó en Gran Bretaña y no en otro lugar?
Gran Bretaña tenía una combinación única de factores: abundancia de recursos naturales (carbón y hierro), estabilidad política tras la Revolución Gloriosa, un sistema financiero desarrollado y una fuerza de trabajo disponible debido a la Revolución Agrícola previa.
¿Qué impacto tuvo la Revolución Industrial en la mujer?
La mujer entró masivamente en el mercado laboral, especialmente en el sector textil, aunque a menudo recibía salarios menores que los de los hombres. También surgieron movimientos de sufragio y derechos laborales liderados por mujeres como respuesta a las condiciones de trabajo.
Resumen
La Revolución Industrial fue el punto de inflexión que transformó la sociedad humana de agraria a industrial, impulsada por innovaciones tecnológicas clave como la máquina de vapor y el ferrocarril. Este proceso generó un crecimiento económico sin precedentes, una rápida urbanización y el surgimiento de nuevas estructuras sociales, aunque también trajo consigo desafíos significativos como la contaminación ambiental y la desigualdad laboral.
Comprendiendo sus causas, desarrollo cronológico y consecuencias, se puede apreciar cómo este evento histórico no solo definió el siglo XIX, sino que estableció las bases económicas y sociales que continúan influyendo en el mundo actual, incluyendo los desafíos medioambientales y la organización del trabajo moderno.
Véase también
- Bacterias: estructura, clasificación y papel en la biosfera
- Mecanismos del metabolismo: vías, regulación y energía
- Fisiología de la reproducción humana
- Fisiología del ejercicio
- La biosfera
- Fisiología: objeto de estudio y métodos
- Linfomas: tipos, diagnóstico y tratamiento
- Anatomía del esófago