La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario grave caracterizado por una restricción extrema de la ingesta calórica, un miedo intenso a ganar peso y una distorsión de la percepción corporal. A diferencia de otras condiciones médicas, la anorexia afecta tanto al cuerpo como a la mente, creando un ciclo donde la pérdida de peso se convierte en la principal fuente de autoestima y control para el paciente.

Este trastorno tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre los diagnósticos psiquiátricos, superando incluso a la esquizofrenia en algunos estudios longitudinales. Su impacto no se limita a la salud física, sino que altera profundamente las relaciones sociales, el rendimiento académico o laboral y la calidad de vida general del individuo.

Definición y concepto

La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario caracterizado por una restricción extrema de la ingesta calórica, lo que provoca un peso corporal significativamente bajo para la edad, el sexo y la salud del individuo. Más allá de los números en la báscula, el núcleo del trastono radica en una percepción distorsionada de la propia imagen corporal y un miedo intenso a ganar peso. Esta condición no es simplemente una elección estética, sino una compleja intersección de factores biológicos, psicológicos y sociales.

Los criterios diagnósticos actuales se basan principalmente en el DSM-5 y la CIE-11, que establecen estándares claros para distinguir esta patología de otros trastornos alimentarios como la bulimia o el trastorno por atracón. La anorexia se diferencia de la bulimia no solo por la gravedad de la delgadez, sino por la intensidad del miedo a la ganancia de peso y la negación de la gravedad de la situación actual. En la bulimia, los episodios de atracón suelen alternarse con conductas compensatorias, mientras que en la anorexia la restricción es el eje central, aunque pueda haber purgas.

El tratamiento efectivo suele requerir un enfoque multidisciplinario que incluye restauración nutricional y psicoterapia. La recuperación no es lineal y a menudo implica la intervención de nutricionistas, psiquiatras y psicólogos para abordar tanto el cuerpo como la mente. La anorexia nerviosa tiene la mayor tasa de mortalidad de todos los trastornos psiquéricos, lo que subraya la urgencia de un diagnóstico preciso y una intervención temprana.

Subtipos de anorexia nerviosa

La clasificación de la anorexia se divide en dos subtipos principales: restrictivo y por atracón/purga. El tipo restrictivo se caracteriza por la pérdida de peso a través de dietas estrictas, ayunos o ejercicio excesivo. Los pacientes de este subtipo suelen tener un control estricto sobre la comida y evitan los episodios de atracón o las purgas frecuentes. Este subtipo refleja una disciplina casi obsesiva en la gestión de la ingesta calórica.

El tipo por atracón/purga implica episodios recurrentes de atracón o conductas de purga, como la autovomitación o el uso excesivo de laxantes y diurantes. Aunque estos pacientes también presentan un peso corporal bajo, su relación con la comida es más caótica y cíclica. La distinción entre estos subtipos es crucial para el tratamiento, ya que las estrategias terapéuticas pueden variar según la predominancia de la restricción o la conducta compensatoria.

Dato curioso: La anorexia nerviosa tiene la mayor tasa de mortalidad de todos los trastornos psiquéricos, superando incluso a la esquizofresia y la depresión mayor en términos de riesgo vital a largo plazo.

Comprender estos subtipos permite a los profesionales de la salud adaptar el tratamiento a las necesidades específicas de cada paciente. La restauración nutricional es fundamental en ambos casos, pero la psicoterapia debe abordar las distintas dinámicas psicológicas subyacentes, ya sea el control estricto del tipo restrictivo o la impulsividad del tipo por atracón/purga. La anorexia no es un enemigo silencioso; es una condición que exige atención médica y psicológica coordinada para lograr una recuperación sostenible.

Historia y evolución del diagnóstico

La comprensión médica de la anorexia nerviosa no siempre fue tan precisa como la actual. Durante siglos, los síntomas se atribuían a causas puramente físicas o a una melancolía femenina. El punto de inflexión llegó a finales del siglo XIX, cuando dos médicos describieron el fenómeno de forma casi simultánea. En 1873, el médico inglés William Gull utilizó el término "anorexia hysterica" para describir la pérdida del apetito casi como un acto de voluntad. Poco después, en 1874, el francés Charles Lanner empleó la expresión "la anorexie nerveuse".

Estas descripciones marcaron el inicio del estudio clínico. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, la enfermedad fue vista principalmente a través de lentes psicológicos y sociales. Se asociaba casi exclusivamente con la mujer joven, blanca y de clase media. Esta visión limitó el diagnóstico durante décadas. Muchos hombres y personas de otras edades permanecieron en las sombras, sin recibir atención adecuada. La percepción social era contradictoria: mientras algunos veían la delgadez extrema como una elección estética, otros la consideraban una debilidad de carácter.

Dato curioso: El término "anorexia" proviene del griego anorexia, que significa literalmente "falta de apetito". Irónicamente, la mayoría de los pacientes no pierden el apetito, sino que luchan contra él constantemente para mantener la restricción.

De la clasificación a la comprensión biológica

La estandarización de los criterios diagnósticos cambió la forma en que se identifica la enfermedad. Con la publicación de los manuales DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) y la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades), se establecieron parámetros claros. El DSM-5 y la CIE-11 actuales reflejan una evolución significativa. Ya no se basa únicamente en el peso corporal, sino que integra factores psicológicos, como el miedo intenso a ganar peso y la distorsión de la imagen corporal.

Esta evolución refleja un cambio profundo en la medicina. Antes, el diagnóstico era más subjetivo. Hoy, los criterios buscan capturar la complejidad del trastorno. La anorexia ya no se ve solo como un problema de comida, sino como un trastorno psiquiátrico con raíces biológicas profundas. La investigación moderna ha demostrado que la genética juega un papel importante. No es solo "mirarse al espejo"; es una interacción compleja entre herencia, entorno y factores neurológicos.

La percepción social también ha madurado. Aunque el estigma persiste, cada vez más personas reconocen la gravedad del trastorno. Se sabe que la anorexia nerviosa tiene la mayor tasa de mortalidad de todos los trastornos psiquiátricos. Esta cifra incluye tanto las causas físicas, como la desnutrición extrema, como las causas psicológicas, como la depresión y la ansiedad. Reconocer esta mortalidad ha sido clave para tratar la enfermedad con la urgencia que merece.

El tratamiento efectivo hoy en día requiere un enfoque multidisciplinario. Ya no basta con que el paciente coma más. Se necesita restauración nutricional, psicoterapia y, a veces, farmacoterapia. Este enfoque integral es el resultado de décadas de aprendizaje. La historia de la anorexia es, en parte, la historia de cómo la medicina pasó de observar el cuerpo a comprender la mente detrás de él. La consecuencia es directa: un diagnóstico más temprano y un tratamiento más humano.

¿Cuáles son las causas y factores de riesgo de la anorexia?

La anorexia nerviosa rara vez nace de una única causa. Es el resultado de una interacción compleja entre predisposiciones biológicas, rasgos de personalidad y presiones ambientales. Comprender esta etiología multifactorial es esencial para el tratamiento, ya que permite abordar no solo el síntoma visible (el peso) sino las raíces profundas del trastorno.

Factores biológicos y genéticos

La base biológica es más fuerte de lo que a menudo se cree. Estudios de gemelos y familias indican que la genética puede explicar entre el 40% y el 60% del riesgo de desarrollar anorexia. No existe un único "gen de la anorexia", sino una combinación de variantes que afectan al cerebro.

La neuroquímica juega un papel crucial. Niveles alterados de serotonina (que regula el estado de ánimo y el apetito) y dopamina (relacionada con la recompensa y la motivación) pueden hacer que la restricción alimentaria genere una sensación de control o alivio temporal. Además, la estructura cerebral de algunas personas con anorexia muestra diferencias en áreas que procesan la imagen corporal y la toma de decisiones.

Factores psicológicos y de personalidad

Antes de que aparezca el primer síntoma físico, suelen existir rasgos de personalidad específicos. El perfeccionismo es quizás el predictor más fuerte. Estas personas tienden a establecer estándares extremadamente altos para sí mismas y a juzgarse duramente cuando no los alcanzan.

La ansiedad generalizada y la búsqueda de control son comunes. En un mundo que parece caótico, controlar lo que se come ofrece una sensación de orden. También se observa una tendencia a la rigidez cognitiva, es decir, dificultad para cambiar de opinión o ver las cosas desde otras perspectivas.

Influencias sociales y culturales

El entorno actúa como un detonante. La presión cultural por la delgadez, especialmente en mujeres jóvenes, es un factor de riesgo significativo. Los medios de comunicación y las redes sociales exponen constantemente a las personas a ideales de belleza a menudo inalcanzables.

La crítica al peso o la apariencia por parte de la familia, amigos o compañeros de trabajo puede ser un gatillo. Además, profesiones o actividades que enfatizan la imagen corporal, como la danza, la gimnasia o el modelaje, aumentan la prevalencia del trastorno.

Tipo de Factor Elementos Clave Mecanismo de Acción
Biológicos Genética, neuroquímica (serotonina/dopamina), estructura cerebral. Predisponen al cerebro a responder a la restricción con sensación de recompensa o control.
Psicológicos Perfeccionismo, ansiedad, baja autoestima, necesidad de control. La comida se convierte en una herramienta para gestionar emociones y validar el éxito personal.
Sociales Presión cultural por la delgadez, medios de comunicación, crítica familiar. Externalizan el valor personal en la apariencia, normalizando la restricción extrema.
Dato curioso: Aunque la anorexia se asocia frecuentemente con la mujer joven, afecta a hombres y personas de todas las edades. En los hombres, el factor social a menudo se centra más en la "masculinidad muscular" o la definición abdominal, no solo en la delgadez extrema.

La interacción de estos factores crea un círculo vicioso. La genética puede predisponer a la ansiedad; el perfeccionismo lleva a la restricción; la sociedad valida esa restricción con elogios por la delgadez; y el cerebro, al recibir esa recompensa social y biológica, refuerza el comportamiento. Romper este ciclo requiere intervención en múltiples niveles.

Fisiopatología y manifestaciones clínicas

La anorexia nerviosa desencadena una cascada de alteraciones sistémicas que afectan prácticamente todos los órganos del cuerpo. El organismo entra en un estado de adaptación al hambre crónica, modificando su metabolismo para preservar la energía restante. Estos cambios fisiológicos son la base de la alta mortalidad asociada al trastorno, siendo esta la más elevada entre los trastornos psiquiátricos. Comprender estos mecanismos es esencial para el diagnóstico y el manejo clínico.

Alteraciones cardiovasculares y metabólicas

El corazón se ve gravemente afectado por la desnutrición severa. Es frecuente observar bradicardia, es decir, una frecuencia cardíaca en reposo inferior a 60 latidos por minuto, y una presión arterial baja (hipotensión). El músculo cardíaco puede reducirse de tamaño, lo que disminuye la eficiencia del bombeo sanguíneo. La consecuencia es directa: el riesgo de colapso cardiovascular aumenta significativamente si no se monitoriza la recuperación.

En el sistema digestivo, el estómago y los intestinos se vacían más lentamente. Esto provoca síntomas como hinchazón, dolor abdominal, estreñimiento crónico y náuseas. La reducción del flujo sanguíneo hacia el tracto gastrointestinal durante el ayuno prolongado agrava estas molestias, creando un círculo vicioso donde comer genera malestar físico inmediato.

Impacto en el sistema óseo y endocrino

La salud ósea se deteriora rápidamente debido a la falta de nutrientes y a los cambios hormonales. Se produce una disminución de la densidad mineral ósea, lo que lleva a la osteopenia y, en casos avanzados, a la osteoporosis. Los huesos se vuelven más frágiles y propensos a fracturas, incluso con golpes leves. Este daño puede ser parcialmente reversible con el tratamiento, pero a menudo deja secuelas a largo plazo.

Dato curioso: La pérdida de masa ósea en la anorexia puede ser tan severa como la observada en mujeres mayores de 60 años, lo que convierte a la densidad ósea en un marcador crítico de gravedad.

El sistema endocrino sufre alteraciones profundas. En las mujeres, es común la amenorrea, que es la ausencia de menstruación durante al menos tres ciclos consecutivos. Esto ocurre porque el cuerpo prioriza la supervivencia sobre la reproducción, reduciendo la producción de estrógenos. En ambos sexos, puede haber niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés, lo que contribuye a la ansiedad y a la retención de líquidos.

Manifestaciones neurológicas y cognitivas

El cerebro experimenta cambios estructurales y funcionales. Puede haber una ligera reducción en el volumen de la materia gris y blanca, relacionada con la pérdida de peso extrema. Estos cambios se asocian con síntomas cognitivos como dificultad para concentrarse, rigidez del pensamiento y problemas de memoria. La fatiga mental es constante y afecta el rendimiento académico o laboral.

La evaluación médica física es fundamental para detectar estas complicaciones. Los profesionales de la salud buscan signos como piel seca, cabello frágil, aparición de vello fino en el cuerpo (lanugo) y manos frías. Estos indicadores ayudan a determinar la gravedad del estado nutricional y guían las decisiones terapéuticas. La recuperación requiere un enfoque multidisciplinario que aborde tanto la restauración nutricional como la psicoterapia para tratar las raíces psicológicas del trastorno.

¿Cómo se diagnostica y evalúa la gravedad del trastorno?

El diagnóstico de la anorexia nerviosa no depende de una única prueba de laboratorio, sino de una evaluación clínica integral que cruza datos biológicos, conductuales y psicológicos. Los profesionales de la salud se guían principalmente por dos manuales internacionales: el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Estos marcos establecen que el trastorno se caracteriza por la restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, lo que conduce a un peso corporal significativamente bajo. Este bajo peso no es percibido subjetivamente como tal por el paciente, lo que genera una distorsión en la percepción corporal propia.

Criterios diagnósticos fundamentales

Más allá del peso, el diagnóstico requiere identificar patrones específicos de comportamiento y pensamiento. Una característica definitoria es el miedo intenso a ganar peso o volverse "gordo", incluso cuando el paciente ya presenta desnutrición. Este miedo no desaparece con la pérdida de peso, sino que a menudo se intensifica. Además, el diagnóstico exige la presencia de una alteración en la forma en que la persona experimenta su propio peso o forma corporal. La influencia del peso en la autoevaluación es desproporcionada, o bien, hay una negación de la gravedad del bajo peso actual. Estos criterios permiten diferenciar la anorexia de otras condiciones como la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón, donde la relación con la comida sigue patrones distintos.

Dato curioso: La anorexia nerviosa posee la mayor tasa de mortalidad entre todos los trastornos psiquiátricos. Esta cifra incluye tanto causas físicas directas (como el fallo cardíaco) como causas psicológicas (como la depresión mayor), superando incluso la tasa de mortalidad por causa única de la esquizofrenia.

Medición de la gravedad y el riesgo vital

Una vez establecido el diagnóstico, es crucial evaluar la gravedad para determinar la intensidad del tratamiento. El Índice de Masa Corporal (IMC) es la métrica física más utilizada, aunque tiene limitaciones en pacientes con mucha masa muscular o edemas. En adultos, un IMC inferior a 18.5 kg/m² suele considerarse el umbral de bajo peso, pero en la anorexia, la gravedad se estratifica en función de qué tan por debajo de este umbral se encuentra el paciente. Sin embargo, el peso no cuenta toda la historia clínica. Se deben monitorizar signos vitales como la taquicardia, la hipotensión ortostática y la bradicardia, que indican cómo el cuerpo está entrando en modo de "ahorro energético".

Las evaluaciones psicológicas complementan los datos físicos. Cuestionarios estandarizados, como la Escala de Trastornos de la Alimentación (EAT-26), ayudan a cuantificar la severidad de los síntomas. Esta herramienta evalúa tendencias como el deseo de adelgazar, la preocupación por la comida y el control sobre la ingesta. Las puntuaciones altas en la EAT-26 correlacionan con una mayor rigidez cognitiva y una mayor resistencia al cambio, lo que influye en la elección entre terapia ambulatoria o internación. La evaluación de riesgo vital distingue entre un paciente estable, que puede tratar en casa, y uno inestable, que requiere supervisión médica constante para evitar complicaciones como la descompensación electrolítica o la recidiva metabólica.

Estrategias de tratamiento y recuperación

La recuperación de la anorexia nerviosa rara vez sigue una línea recta y requiere una intervención estructurada que aborde tanto la fisiología del cuerpo como la arquitectura de la mente. No existe una única píldora mágica; el éxito depende de la sincronización entre la restauración del peso corporal y la modificación de los patrones cognitivos distorsionados. El equipo de tratamiento debe actuar de forma coordinada para evitar que el paciente se sienta abrumado por opiniones contradictorias.

Restauración nutricional como base biológica

Antes de que cualquier terapia psicológica sea plenamente efectiva, el cerebro necesita combustible. La desnutrición severa provoca cambios estructurales y funcionales en el encéfalo, lo que genera ansiedad, rigidez mental y dificultad para procesar las emociones. Sin una ingesta calórica adecuada, el paciente puede tener la mente demasiado "ruidosa" o agotada para retener los conceptos terapéuticos. Los nutricionistas trabajan para normalizar los niveles de glucosa y electrolitos, lo que a menudo reduce la intensidad de los síntomas obsesivos de forma inmediata.

Intervenciones psicológicas y familiares

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es uno de los pilares del tratamiento en adultos. Se centra en identificar y desafiar los pensamientos automáticos negativos sobre el cuerpo y la comida, así como en modificar las conductas evitativas. Sin embargo, en el caso de los adolescentes, la evidencia científica respalda fuertemente la terapia familiar. En este modelo, los padres no son solo espectadores, sino agentes activos que ayudan a regular la ingesta y el peso del hijo, aliviando temporalmente la carga de decisión que recae sobre el joven.

Dato curioso: La eficacia de la terapia familiar en adolescentes es tan alta que a menudo se considera el tratamiento de primera línea en guías clínicas internacionales, superando a la terapia individual en etapas tempranas.

El papel de la farmacología

Los medicamentos no curan la anorexia por sí solos, pero son herramientas valiosas para gestionar los síntomas coexistentes. Los antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), pueden ayudar a controlar la ansiedad y la depresión, facilitando la participación en la psicoterapia. En algunos casos, los antipsicóticos atípicos se utilizan a corto plazo para reducir la obsesión por la comida y el peso, permitiendo una mayor flexibilidad mental. La decisión de medicar siempre debe ser tomada por un psiquiatra, considerando los efectos secundarios y el estado nutricional del paciente.

La necesidad de un enfoque multidisciplinario

La complejidad de la anorexia exige que varios especialistas trabajen en sintonía. Un psiquiatra gestiona la química cerebral, un nutricionista supervisa la ingesta, un terapeuta aborda las creencias profundas y un médico general vigila los signos vitales. Esta red de apoyo permite abordar la enfermedad desde múltiples frentes simultáneamente. La comunicación constante entre estos profesionales es crucial para ajustar el plan de tratamiento según la evolución del paciente. La recuperación es un proceso largo que requiere paciencia, pero con el equipo adecuado, las posibilidades de mejora son significativas.

Impacto psicosocial y pronóstico

Consecuencias en el entorno y la calidad de vida

La anorexia nerviosa no actúa únicamente sobre el cuerpo; altera profundamente la dinámica social del paciente. El aislamiento se convierte en una estrategia de supervivencia para controlar la ingesta calórica y gestionar la ansiedad asociada a la comida. Las relaciones con la familia y los amigos suelen tensarse debido a la rigidez de las rutinas alimentarias y la irritabilidad derivada de la desnutrición crónica. La consecuencia es directa: la red de apoyo se debilita justo cuando más se necesita.

En el ámbito académico o laboral, el rendimiento disminuye significativamente. La fatiga física y la dificultad para concentrarse, conocidas como niebla mental, afectan la capacidad de retener información y tomar decisiones. Muchos estudiantes y trabajadores experimentan una caída en sus notas o productividad, lo que puede generar una sensación de fracaso adicional que alimenta el ciclo de la enfermedad. La calidad de vida global se resiente, reduciendo la participación en actividades que antes aportaban placer o sentido de pertenencia.

Pronóstico y recuperación

El pronóstico de la anorexia nerviosa es complejo y varía según la duración de los síntomas y la edad de inicio. Aunque se trata de uno de los trastornos psiquiátricos con mayor tasa de mortalidad, la recuperación es posible y frecuente, especialmente cuando la intervención es temprana. Los estudios indican que aproximadamente la mitad de los pacientes logran una recuperación completa, mientras que otro porcentaje alcanza una mejora significativa, aunque puedan presentar síntomas residuales. Una minoría enfrenta un curso crónico con fluctuaciones en el peso y la funcionalidad.

Las recaídas son comunes y forman parte del proceso de sanación para muchos pacientes. Factores como el estrés vital, la transición a la vida adulta o la presión social pueden desencadenar un retorno de los síntomas. El tratamiento efectivo requiere un enfoque multidisciplinario que combine la restauración nutricional con psicoterapia y, en algunos casos, farmacoterapia. La continuidad del seguimiento es crucial para consolidar los avances y prevenir retrocesos.

El peso del estigma social

El estigma asociado a la anorexia dificulta la búsqueda de ayuda profesional. La percepción errónea de que se trata de una elección estética o de un capricho juvenil minimiza la gravedad biológica y psicológica del trastorno. Esta visión simplista genera culpa en el paciente y desconfianza hacia el entorno, retrasando el diagnóstico y el inicio del tratamiento. Romper con estos prejuicios es esencial para mejorar los resultados clínicos.

Debate actual: La comunidad científica discute si el enfoque actual en el peso corporal como indicador principal de recuperación es suficiente. Algunos expertos argumentan que se debe dar más peso a la salud mental y la funcionalidad social, ya que un peso normal no garantiza la ausencia de síntomas psicológicos subyacentes.

La recuperación no es lineal ni uniforme. Requiere paciencia, recursos adecuados y un entorno que comprenda la complejidad de la enfermedad. La educación pública y la desmitificación de los trastornos alimentarios son herramientas poderosas para reducir el aislamiento y mejorar el pronóstico a largo plazo.

Preguntas frecuentes

¿Es la anorexia solo un problema de mujeres?

No. Aunque históricamente se ha asociado más con el género femenino (aproximadamente 3 de cada 4 casos), los hombres representan alrededor del 25% de los diagnosticados. En ellos, la anorexia puede manifestarse con un enfoque mayor en la masa muscular y la definición física, no solo en el peso total.

¿Puede la anorexia causar la muerte?

Sí. Es uno de los trastornos mentales con mayor tasa de mortalidad. Las causas más comunes son la desnutrición extrema que lleva al fallo multiorgánico, las arritmias cardíacas por desequilibrios electrolíticos y el suicidio.

¿Existe una cura definitiva para la anorexia?

La recuperación es posible, pero a menudo se describe como un proceso continuo más que una "cura" lineal. Muchos pacientes alcanzan una remisión completa, aunque algunos pueden experimentar recaídas a lo largo de la vida. La detección temprana mejora significativamente el pronóstico.

¿Qué diferencia hay entre anorexia y bulimia?

En la anorexia nerviosa, el peso corporal suele estar significativamente bajo para la edad, el sexo y la historia de salud del individuo. En la bulimia nerviosa, el peso puede ser normal o incluso elevado, y el ciclo principal implica episodios de sobrealimentación seguidos de conductas de compensación (como el vómito o el ejercicio excesivo).

¿Puede un adolescente superar la anorexia sin tratamiento profesional?

Aunque es posible, es poco común y arriesgado. Sin intervención, la anorexia tiende a volverse crónica y más resistente al tratamiento. La combinación de terapia psicológica y seguimiento médico es el estándar de oro para asegurar una recuperación sostenida.

Resumen

La anorexia nerviosa es un trastorno complejo con raíces biológicas, psicológicas y sociales. Su diagnóstico se basa en criterios clínicos específicos que incluyen la restricción calórica, el miedo a ganar peso y la distorsión de la imagen corporal. El tratamiento eficaz requiere un enfoque multidisciplinario que aborde tanto la restauración nutricional como los factores subyacentes, como la ansiedad y la perfección.

El pronóstico mejora significativamente con la intervención temprana. La recuperación no solo implica alcanzar un peso saludable, sino también reconstruir la relación con la comida y con uno mismo. La comprensión social y el apoyo familiar son componentes esenciales en el camino hacia la salud mental y física del paciente.

Véase también

Referencias

  1. «La anorexia» en Wikipedia en español
  2. Anorexia Nervosa - National Institute of Mental Health (NIMH)
  3. Trastornos de la alimentación - Organización Mundial de la Salud (OMS)
  4. Anorexia Nervosa - Mayo Clinic
  5. Anorexia nervosa - The Lancet Psychiatry