Definición y concepto
La diabetes mellitus tipo 1 (DM1) se define académicamente como una patología de doble naturaleza: es simultáneamente una enfermedad autoinmune y metabólica. Esta definición clínica es fundamental para comprender su fisiopatología, ya que distingue a la DM1 de otras formas de diabetes por su mecanismo causal específico. La enfermedad se caracteriza por una destrucción selectiva de las células beta del páncreas, las cuales son las principales productoras de insulina en el organismo. Este proceso destructivo conduce a una deficiencia gradual y, eventualmente, absoluta de esta hormona esencial para el metabolismo de la glucosa.
Diferenciación con la diabetes tipo 2
Es crucial diferenciar la diabetes mellitus tipo 1 de la diabetes mellitus tipo 2, ya que, aunque ambas comparten el nombre genérico de "diabetes", sus orígenes y manifestaciones clínicas presentan diferencias sustanciales. La DM1 se caracteriza por presentarse en una época temprana de la vida, generalmente antes de los 30 años de edad. Esta aparición precoz es lo que históricamente ha llevado a denominarla como "diabetes juvenil", aunque puede diagnosticarse a cualquier edad. En contraste, la diabetes tipo 2 suele tener un inicio más tardío y está fuertemente vinculada a factores de resistencia a la insulina.
Prevalencia y características demográficas
Desde una perspectiva epidemiológica, la diabetes tipo 1 representa una fracción minoritaria de los casos totales de diabetes. Solo 1 de cada 20 personas con diabetes padece la forma tipo 1. Esta condición afecta preferentemente a jóvenes y niños, lo que implica un impacto significativo en las etapas formativas y de desarrollo de los pacientes. La enfermedad se encuentra presente en todos los grupos étnicos a nivel mundial, demostrando una distribución geográfica amplia. Sin embargo, existen variaciones en la incidencia entre diferentes poblaciones. La mayor incidencia se produce entre las poblaciones del norte de Europa y, de manera destacada, en la isla de Cerdeña, lo que sugiere influencias tanto genéticas como ambientales en su prevalencia.
Mecanismo de la deficiencia de insulina
La consecuencia directa de la destrucción de las células beta pancreáticas es la necesidad obligatoria de la administración de insulina en estos pacientes. Dado que el páncreas deja de producir cantidades suficientes de insulina, o incluso deja de producirla por completo en etapas avanzadas, la suplementación exógena se convierte en una medida vital para la supervivencia y el control metabólico del paciente. Esta dependencia absoluta de la hormona externa es un sello distintivo de la diabetes tipo 1, diferenciándola de otras formas de diabetes donde la producción endógena puede persistir durante períodos prolongados o donde la resistencia a la insulina es el factor predominante.
Epidemiología y factores de riesgo
La diabetes mellitus tipo 1 afecta a una minoría significativa de la población diabética mundial. Esta enfermedad se caracteriza por su aparición en etapas tempranas de la vida, generalmente antes de los 30 años, lo que explica su denominación común de "diabetes juvenil" y su impacto preferente en niños y adolescentes. La distribución geográfica no es uniforme; si bien la condición se encuentra presente en todos los grupos étnicos, se observa una mayor incidencia en poblaciones originarias del norte de Europa y en la región de Cerdeña.
Factores genéticos y herencia
La susceptibilidad a desarrollar diabetes mellitus tipo 1 está vinculada a múltiples factores genéticos, destacando una fuerte asociación con el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA). A pesar de esta carga genética, la herencia no sigue un patrón mendeliano simple, ya que solo entre el 15% y el 20% de los pacientes presentan una historia familiar positiva de la enfermedad. Esto indica que, aunque los genes predisponen, otros factores ambientales o inmunológicos juegan un rol crucial en la expresión clínica.
El análisis de la concordancia en gemelos y la historia familiar permite cuantificar el riesgo relativo. A continuación, se presentan los datos de riesgo según el parentesco con un paciente índice:
| Parentesco con el paciente | Riesgo estimado de diabetes tipo 1 |
|---|---|
| Gemelo idéntico (monocigótico) | Máxima concordancia genética |
| Gemelo no idéntico (dicigótico) o hermano | Riesgo intermedio |
| Hijo de padre con diabetes | Riesgo familiar positivo |
| Población general (sin historia familiar) | Riesgo base (80-85% de los casos) |
Es fundamental distinguir la diabetes tipo 1 de la diabetes tipo 2, ya que los mecanismos fisiopatológicos difieren sustancialmente. Mientras que la tipo 1 implica una destrucción selectiva de las células beta del páncreas que conduce a una deficiencia absoluta de insulina, la tipo 2 se asocia frecuentemente a resistencia a la insulina y factores metabólicos diversos. La clasificación clínica también distingue entre casos autoinmunes, que constituyen la forma más común, y casos idiopáticos, donde la etiología autoinmune es menos evidente pero el resultado metabólico es similar.
¿Cuáles son las causas de la diabetes tipo 1?
La etiología de la diabetes mellitus tipo 1 (DM1) se entiende como un proceso multifactorial donde convergen la susceptibilidad genética y diversos desencadenantes ambientales. Aunque la enfermedad es predominantemente autoinmune, lo que implica que el sistema inmunitario ataca selectivamente las células beta del páncreas, no existe una única causa aislada. La interacción entre estos dos grandes grupos de factores determina el momento de la aparición de la deficiencia absoluta de insulina.
Factores genéticos y el complejo HLA
La base hereditaria de la DM1 es compleja. Existe una fuerte asociación genética con el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), que juega un papel central en la presentación de antígenos al sistema inmunitario. Sin embargo, la heredabilidad no es absoluta; solo el 15-20% de los pacientes presentan una historia familiar positiva para la enfermedad. Esto sugiere que, aunque los genes predisponen al individuo, la expresión fenotípica requiere la acción de factores externos o internos adicionales para activar la destrucción celular.
Desencadenantes ambientales
Varios factores ambientales han sido identificados como posibles gatilladores de la respuesta autoinmune en individuos genéticamente predispuestos:
- Infecciones virales: Los enterovirus son considerados uno de los candidatos más probables. Estas infecciones pueden inducir un fenómeno de "mimetismo molecular", donde las proteínas del virus se parecen a las de las células beta, confundiendo al sistema inmunitario.
- Factores dietéticos: Algunos estudios sugieren una relación con la introducción temprana de la leche de vaca y el gluten en la dieta infantil, aunque estos factores actúan más como moduladores que como causas únicas.
- Productos químicos: Ciertos compuestos, como la estreptozocina y el pirinurón, han demostrado capacidad para dañar las células beta pancreáticas, tanto en modelos animales como en observaciones clínicas, actuando como tóxicos selectivos para estas células.
La combinación de estos elementos explica por qué la DM1 afecta preferentemente a jóvenes y niños, pero puede manifestarse antes de los 30 años, y por qué su incidencia varía geográficamente, siendo mayor en poblaciones del norte de Europa y en Cerdeña.
Fisiopatología y mecanismos inmunológicos
La fisiopatología de la diabetes mellitus tipo 1 se fundamenta en un proceso de destrucción selectiva de las células beta del páncreas, lo que conduce a una deficiencia gradual y, finalmente, absoluta de insulina. Este mecanismo es principalmente de naturaleza autoinmune, representando la forma más común de clasificación de esta condición metabólica. El sistema inmunitario del paciente identifica erróneamente componentes de las células beta como antígenos extraños, desencadenando una cascada inflamatoria que resulta en la apoptosis o muerte celular progresiva.
Base genética y rol del complejo HLA
La susceptibilidad a desarrollar esta enfermedad está fuertemente asociada a factores genéticos, destacando el papel del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA). Las variaciones en los genes del HLA influyen en la presentación de antígenos a las células T, determinando en gran medida la respuesta inmunitaria hacia las células beta. Aunque existe esta fuerte carga genética, la historia familiar positiva solo se observa entre el 15 y el 20% de los pacientes, lo que sugiere que la interacción entre múltiples genes y factores ambientales es crucial para la expresión clínica de la enfermedad.
Autoinmunidad y marcadores serológicos
El ataque autoinmune implica la presencia de autoanticuerpos específicos que sirven como marcadores diagnósticos y pronósticos. Entre los más relevantes se encuentran los anticuerpos contra la descarboxilasa del ácido glutámico (GAD) y la tirosina fosfatasa de las islas (IA2). Estos anticuerpos aparecen a menudo antes del inicio clínico de la hiperglucemia, indicando un estado de pre-clinicidad donde la masa de células beta comienza a disminuir pero aún mantiene una producción parcial de insulina.
Consecuencias metabólicas y cetoacidosis
Cuando la destrucción de las células beta alcanza un umbral crítico, la producción endógena de insulina se vuelve insuficiente para mantener la homeostasis glucémica. La deficiencia absoluta de insulina obliga a la administración exógena de esta hormona para prevenir el descontrol metabólico. Sin la acción reguladora de la insulina, el cuerpo recurre a la lipólisis para obtener energía, liberando ácidos grasos libres que se convierten en cuerpos cetónicos en el hígado. La acumulación excesiva de estos cuerpos cetónicos puede llevar a la cetoacidosis diabética, una complicación aguda caracterizada por la acidificación de la sangre, resultante de la combinación de hiperglucemia persistente y la deficiencia de la hormona principal producida por el páncreas.
Síntomas y diagnóstico clínico
La diabetes mellitus tipo 1 se manifiesta clínicamente a través de una triada sintomática clásica resultante de la deficiencia absoluta de insulina y la consiguiente hiperglucemia. Los pacientes presentan polidipsia (sed excesiva), poliuria (frecuencia urinaria aumentada) y polifagia (hambre aumentada). Estos síntomas surgen debido a la eliminación de glucosa en la orina (glucosuria), que genera un efecto osmótico que arrastra agua, provocando deshidratación y sed. La pérdida de peso involuntaria es otro signo distintivo, especialmente en niños, ya que el cuerpo comienza a utilizar grasas y proteínas como fuente de energía al no poder utilizar la glucosa eficientemente. Otros síntomas incluyen fatiga, visión borrosa y, en casos no tratados, la aparición de cetoacidosis diabética, caracterizada por náuseas, vómitos y respiración con olor a fruta.
Criterios diagnósticos
El diagnóstico de la diabetes tipo 1 se establece mediante la evaluación de los niveles de glucosa en sangre y la presencia de marcadores autoinmunes. No existe un único criterio exclusivo para la diabetes tipo 1, pero los valores umbral coinciden con los de la diabetes mellitus en general. El diagnóstico se confirma cuando se cumple al menos uno de los siguientes criterios en dos oportunidades separadas, o en una sola oportunidad si hay síntomas clásicos.
| Prueba diagnóstica | Valor umbral | Observaciones |
|---|---|---|
| Glucosa en ayunas | ≥ 126 mg/dL (7.0 mmol/L) | Después de al menos 8 horas sin ingesta calórica |
| Glucosa aleatoria | ≥ 200 mg/dL (11.1 mmol/L) | En cualquier momento del día, con síntomas clásicos |
| Hemoglobina glicada (HbA1c) | ≥ 6.5% (48 mmol/mol) | Refleja la glucemia media de los últimos 2-3 meses |
| Prueba de tolerancia oral a la glucosa | ≥ 200 mg/dL (11.1 mmol/L) | A las 2 horas de administrar 75 g de glucosa |
Además de los valores glucémicos, la confirmación del subtipo autoinmune se realiza mediante la detección de anticuerpos específicos en sangre. Los marcadores más comunes incluyen los anticuerpos contra la descarboxilasa del ácido glutámico (GAD), los anticuerpos contra la insulina (IAA) y los anticuerpos contra la fosfatasa tirosina de las isletas (IA-2). La presencia de estos anticuerpos ayuda a diferenciar la diabetes tipo 1 de la diabetes tipo 2, especialmente en pacientes jóvenes donde el cuadro clínico puede ser superpuesto. La detección temprana es crucial para iniciar la administración de insulina y prevenir complicaciones agudas como la cetoacidosis diabética.
Tratamiento y manejo de la enfermedad
Administración de insulina
La piedra angular del tratamiento de la diabetes mellitus tipo 1 es la administración exógena de insulina. Dado que la enfermedad se caracteriza por una destrucción selectiva de las células beta pancreáticas, se produce una deficiencia absoluta de esta hormona. Por consiguiente, la administración de insulina es obligatoria para estos pacientes, ya que el páncreas deja de producirla en cantidades suficientes para mantener la homeostasis glucémica. Este requisito terapéutico es constante a lo largo de la vida del paciente, diferenciándose de otras formas de diabetes donde la producción endógena puede persistir durante fases iniciales.
Planificación nutricional y actividad física
El manejo integral de la enfermedad requiere una planificación cuidadosa de las comidas. La ingesta de carbohidratos debe ser monitoreada y equilibrada con la dosis de insulina administrada, ya que esta es la macronutrientes que más directamente afecta los niveles de glucosa en sangre. La regularidad en los horarios de alimentación ayuda a prevenir tanto la hiperglucemia como la hipoglucemia. La actividad física juega un papel complementario esencial. El ejercicio aumenta la sensibilidad a la insulina, permitiendo que el cuerpo utilice la glucosa de manera más eficiente. Sin embargo, los pacientes deben vigilar sus niveles antes, durante y después del esfuerzo físico para ajustar las dosis de insulina o la ingesta de carbohidratos según sea necesario.
Autocontrol de la glucemia
El autocontrol de la glucemia es fundamental para evaluar la eficacia del tratamiento. Los pacientes deben medir regularmente sus niveles de glucosa en sangre, lo que permite ajustar las dosis de insulina y la dieta. Este monitoreo continuo ayuda a identificar patrones glucémicos y a detectar desviaciones tempranas. La tecnología moderna, como los monitores continuos de glucosa, facilita este proceso, proporcionando datos en tiempo real que permiten una toma de decisiones más precisa. El objetivo es mantener los niveles de glucosa dentro de un rango objetivo para minimizar las complicaciones agudas y crónicas.
Cuidado de los pies
El cuidado de los pies es un aspecto crítico del manejo de la diabetes tipo 1, especialmente debido al riesgo de neuropatía diabética y problemas de circulación. Los pacientes deben inspeccionar sus pies diariamente en busca de heridas, callosidades, ampollas o cambios en el color de la piel. El uso de calzado adecuado y la hidratación de la piel ayudan a prevenir lesiones. Cualquier anomalía detectada debe ser evaluada por un profesional de la salud para evitar infecciones que puedan progresar rápidamente. La educación del paciente sobre la higiene y el cuidado de los pies es esencial para prevenir complicaciones graves, como úlceras y, en casos extremos, la necesidad de amputación.
Complicaciones y pronóstico
La diabetes mellitus tipo 1 conlleva un espectro de complicaciones clínicas que pueden clasificarse en agudas y crónicas, dependiendo de la duración y la severidad de la hiperglucemia. Estas complicaciones afectan múltiples sistemas orgánicos y representan un desafío significativo para el manejo clínico a largo plazo.
Complicaciones agudas
Entre las manifestaciones agudas más frecuentes se encuentran la hipoglucemia y la cetoacidosis diabética. La hipoglucemia ocurre cuando los niveles de glucosa en sangre descienden por debajo de los umbrales fisiológicos, a menudo como resultado de la administración de insulina, la ingesta calórica o el ejercicio físico. Por otro lado, la cetoacidosis diabética es una complicación metabólica grave caracterizada por la acumulación de cuerpos cetónicos en la sangre, lo que lleva a la acidosis. Esta condición requiere una intervención médica rápida para corregir el equilibrio ácido-base y los niveles de glucosa.
Complicaciones crónicas
Con el paso del tiempo, la exposición sostenida a niveles elevados de glucosa puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios, dando lugar a complicaciones crónicas. La neuropatía diabética afecta los nervios periféricos, causando síntomas como hormigueo, dolor y debilidad, principalmente en las extremidades. La retinopatía diabética implica daños en los vasos sanguíneos de la retina, lo que puede conducir a la visión borrosa e incluso a la ceguera si no se trata adecuadamente. La nefropatía diabética afecta los riñones, comprometiendo su capacidad para filtrar los desechos de la sangre, lo que puede progresar hacia la enfermedad renal crónica.
Pronóstico y control
El pronóstico de los pacientes con diabetes mellitus tipo 1 ha mejorado significativamente con el control estricto de la glucosa en sangre. La administración regular de insulina, junto con un seguimiento médico continuo y modificaciones en el estilo de vida, permite reducir la incidencia y la progresión de las complicaciones crónicas. Aunque la enfermedad requiere un manejo de por vida, muchos pacientes logran una calidad de vida satisfactoria y una esperanza de vida cercana a la de la población general.
Asociación con enfermedad celíaca
La diabetes tipo 1 presenta una relación clínica significativa con la enfermedad celíaca, constituyendo una de las comorbilidades autoinmunes más frecuentes en estos pacientes. Ambas patologías comparten una base genética sustancial y mecanismos inmunológicos superpuestos, lo que justifica el cribado sistemático en la práctica endocrinológica. La presencia simultánea de ambas enfermedades influye directamente en el pronóstico clínico, afectando la absorción nutricional y el control glucémico.
Base genética compartida
La susceptibilidad a desarrollar diabetes tipo 1 está fuertemente asociada a factores genéticos, particularmente al complejo mayor de histocompatibilidad (HLA). Esta misma región genética juega un papel determinante en la enfermedad celíaca, explicando la sobreposición epidemiológica entre ambas condiciones. Aunque solo el 15-20% de los pacientes con diabetes tipo 1 presentan una historia familiar positiva, la carga genética compartida sugiere que la predisposición hereditaria actúa como un denominador común para la activación de la respuesta autoinmune en diferentes órganos diana.
Mecanismos inmunológicos y diagnóstico
La naturaleza autoinmune de la diabetes tipo 1 implica la destrucción selectiva de las células beta del páncreas, un proceso mediado por la activación de linfocitos T y anticuerpos específicos. En la enfermedad celíaca, el mecanismo inmunológico se activa ante la presencia de gluten, provocando una inflamación crónica del intestino delgado. La coexistencia de estos procesos autoinmunes refleja una falla en la tolerancia inmunológica sistémica. Dado que la diabetes tipo 1 afecta preferentemente a jóvenes y niños, y la enfermedad celíaca también se manifiesta frecuentemente en etapas tempranas de la vida, el diagnóstico diferencial puede volverse complejo cuando los síntomas digestivos son sutiles o asintomáticos.
Impacto en el pronóstico clínico
La identificación de la enfermedad celíaca en pacientes con diabetes tipo 1 es crucial para optimizar el pronóstico. La deficiencia absoluta de insulina requiere una administración obligatoria y precisa, la cual puede verse comprometida si la absorción intestinal está alterada por la inflamación celíaca no diagnosticada. Una mala absorción de nutrientes puede llevar a un control glucémico inestable, aumentando la variabilidad de la glucosa en sangre y dificultando la gestión de la enfermedad metabólica. Además, la carga de morbilidad doble puede afectar el crecimiento y desarrollo en los niños, así como la calidad de vida en los adultos jóvenes. La detección temprana permite implementar intervenciones dietéticas específicas que mejoran la respuesta clínica global.
Ejercicios resueltos
Caso 1: Evaluación de riesgo genético en población general
Un paciente de 25 años acude a consulta tras ser diagnosticado con diabetes mellitus tipo 1. Su historia familiar es negativa, siendo el primer caso en su linaje directo. El paciente pregunta cuál es la probabilidad de que su hijo desarrolle la enfermedad, considerando únicamente los datos de prevalencia familiar generales.
Según los datos verificados, la susceptibilidad a la diabetes mellitus tipo 1 está asociada a múltiples factores genéticos, pero solo el 15-20% de los pacientes tienen una historia familiar positiva. Esto implica que la mayoría de los casos son esporádicos en términos de historia familiar inmediata conocida. No se debe confundir la incidencia general con el riesgo hereditario específico sin datos de HLA detallados.
El cálculo del riesgo basal para un hijo de un padre con DM1, en ausencia de otros factores específicos mencionados en la base de datos, se basa en la proporción de casos con historia familiar. Si asumimos un rango de riesgo hereditario estándar derivado de la literatura que correlaciona con la estadística del 15-20% de historia familiar positiva, el riesgo para la descendencia suele estimarse en un rango bajo-medio. Sin embargo, basándonos estrictamente en la verdad-base proporcionada:
La proporción de pacientes con historia familiar positiva es del 15% al 20%. Esto significa que en el 80% al 85% de los casos, la historia familiar es negativa o poco significativa en la primera generación. Por lo tanto, para este paciente con historia familiar negativa, el riesgo para su descendencia no puede ser calculado con precisión sin análisis del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), pero el dato clave es que la mayoría de los casos (más del 80%) no presentan una historia familiar positiva evidente.
Caso 2: Clasificación clínica y necesidad de insulina
Un niño de 10 años presenta poliquiria, polidipsia y pérdida de peso. Los análisis muestran una deficiencia absoluta de insulina. Los padres preguntan si puede tratarse solo con dieta o si es necesario el uso de insulina, y si podría ser diabetes tipo 2 por su edad.
El diagnóstico se basa en la definición de diabetes mellitus tipo 1 como enfermedad autoinmune y metabólica con destrucción selectiva de las células beta. La verdad-base establece que la administración de insulina en estos pacientes es obligatoria, ya que el páncreas no produce insulina. A diferencia de la diabetes tipo 2, la DM1 se caracteriza por una deficiencia absoluta.
La clasificación de la diabetes tipo 1 incluye casos autoinmunes (forma más común) e idiopáticos. Dado que el paciente es un niño (época temprana de la vida, generalmente antes de los 30 años) y presenta deficiencia absoluta, se clasifica como DM1. La intervención obligatoria es la administración de insulina. No se puede gestionar solo con dieta debido a la naturaleza absoluta de la deficiencia.
Caso 3: Epidemiología y factores de riesgo geográficos
Un investigador compara la incidencia de diabetes tipo 1 en dos poblaciones: una del norte de Europa y otra de Cerdeña, frente a otras regiones del mundo. Necesita determinar dónde se concentra mayor riesgo según los datos disponibles.
La diabetes tipo 1 se encuentra entre todos los grupos étnicos. Sin embargo, la verdad-base indica que su mayor incidencia se produce entre poblaciones del norte de Europa y en Cerdeña. Esto sugiere una fuerte asociación geográfica y posiblemente genética (relacionada con el complejo HLA) en estas regiones específicas.
Si bien solo 1 de cada 20 personas con diabetes tiene diabetes tipo 1, la distribución no es uniforme. Al analizar el riesgo poblacional, las regiones del norte de Europa y Cerdeña presentan las tasas más altas de incidencia. Esto es relevante para el cribado genético y la planificación sanitaria en esas áreas específicas, aunque la enfermedad afecta a jóvenes y niños en todas las regiones.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre diabetes juvenil y diabetes tipo 2?
La diabetes juvenil (tipo 1) es principalmente autoinmune y requiere insulina exógena, mientras que la diabetes tipo 2 está asociada a la resistencia a la insulina y factores metabólicos, aunque puede requerir insulina en etapas avanzadas.
¿Cuáles son los síntomas iniciales de la diabetes tipo 1?
Los síntomas comunes incluyen polidipsia (sed excesiva), poliuria (frecuencia urinaria), polifagia (hambre aumentada), pérdida de peso inexplicable y fatiga persistente.
¿Se puede prevenir la diabetes juvenil?
Aunque existen factores genéticos y ambientales, la prevención definitiva sigue siendo un área de investigación activa; sin embargo, el diagnóstico temprano y el manejo adecuado pueden reducir significativamente las complicaciones.
¿Qué papel juega la enfermedad celíaca en los pacientes con diabetes tipo 1?
Existe una asociación frecuente entre ambas condiciones debido a factores inmunológicos compartidos, por lo que se recomienda realizar pruebas de detección de la enfermedad celíaca en pacientes con diabetes tipo 1.
Resumen
La diabetes juvenil, o diabetes mellitus tipo 1, es una enfermedad autoinmune que afecta la producción de insulina en el páncreas. Su manejo requiere un enfoque integral que incluye monitoreo glucémico, administración de insulina y educación del paciente para prevenir complicaciones agudas y crónicas.
La comprensión de los factores de riesgo, la fisiopatología y las asociaciones con otras condiciones, como la enfermedad celíaca, es esencial para mejorar la calidad de vida de los pacientes y optimizar los resultados clínicos.
Véase también
- Células madre mesenquimatosas: propiedades, fuentes y aplicaciones clínicas
- Trastorno bipolar: diagnóstico, tipos y tratamiento
- Farmacia: ciencia, práctica y dispensación de medicamentos
- Etapas de la evolución humana: linaje, fósiles y cronología
- Neuroglia: estructura, función y clasificación en el sistema nervioso