Las cuatro causas de Aristóteles constituyen un marco teórico fundamental para explicar por qué las cosas son como son y cómo llegan a existir. Este sistema filosófico, desarrollado por el pensador griego en el siglo IV a.C., propone que para entender completamente cualquier entidad —ya sea natural o artificial— es necesario identificar cuatro factores explicativos distintos: el material, la forma, la acción que la origina y el fin que persigue.

Esta teoría no solo definió la metodología científica durante más de mil años, sino que sigue siendo una herramienta analítica poderosa en campos tan diversos como la biología, la ingeniería y la sociología. Comprender estas causas permite pasar de una observación superficial a un análisis estructural profundo de la realidad.

Definición y concepto

En la filosofía de Aristóteles, el término aithios (causa) no se limita a la secuencia temporal de eventos, sino que designa la razón por la cual algo es lo que es. Esta definición abarca tanto el origen físico como la justificación lógica de la existencia de un objeto o fenómeno. Comprender esta distinción es fundamental para diferenciar el pensamiento antiguo del enfoque moderno.

Diferencia entre la visión clásica y la moderna

El concepto contemporáneo de causa está fuertemente influenciado por la ciencia nueva y la mecánica newtoniana, donde la causa se asocia casi exclusivamente con el antecedente inmediato en el tiempo. Se busca qué evento disparó otro evento. En cambio, Aristóteles amplía el horizonte para incluir la finalidad y la forma. Para él, preguntar "¿cuál es la causa?" equivale a preguntar "¿por qué existe esto?".

Dato curioso: La palabra latina causa es una traducción directa del griego aithios, pero en el proceso se perdió parte del matiz de "responsabilidad" o "razón de ser" que tenía el original.

Esta diferencia es crucial. Mientras la ciencia moderna tiende a reducir todo a la causa eficiente (el empujón inicial), la filosofía aristotélica sostiene que sin conocer la forma o el fin, el objeto sigue siendo en gran medida un misterio. No se trata solo de saber qué lo hizo, sino qué lo define.

Las cuatro causas como razones de ser

Aristóteles identifica cuatro tipos de causas que, juntas, explican completamente la realidad. No son siempre cuatro cosas distintas, sino cuatro perspectivas sobre un mismo objeto. Tomemos como ejemplo clásico una estatua de bronce:

La innovación de Aristóteles radica en integrar la finalidad en la explicación natural. Para él, una semilla se convierte en un árbol no solo por fuerzas externas, sino porque su "causa final" es alcanzar la forma madura del árbol. La causa final dirige el proceso desde el principio. Este enfoque teleológico (del griego telos, fin) implica que la naturaleza tiene una dirección inherente.

Al analizar cualquier fenómeno, aplicar estas cuatro causas permite una comprensión más rica que la mera observación de la secuencia temporal. La causa material responde al "de qué", la formal al "qué es", la eficiente al "quién lo hizo" y la final al "para qué". Juntas, forman una red explicativa completa que va más allá de la simple sucesión de eventos.

Entender estas causas no requiere aceptar que todo tenga un "diseñador" consciente, sino reconocer que la estructura interna de las cosas determina su comportamiento. La forma guía a la materia hacia su realización. Esta visión sigue siendo influyente en biología y en la filosofía de la ciencia, donde se debate hasta qué punto la finalidad sigue siendo una herramienta válida para explicar la complejidad del mundo natural.

Contexto histórico y origen del concepto

La teoría de las cuatro causas surge en el siglo IV a. C. como respuesta a la pregunta fundamental: ¿por qué existen las cosas? Aristóteles desarrolla este marco explicativo principalmente en la obra Física y lo profundiza en la Metafísica. No busca simplemente describir el movimiento, sino entender la esencia de la realidad. La consecuencia es directa: sin esta teoría, la filosofía griega habría permanecido dividida entre visiones fragmentadas.

Antes de Aristóteles, los filósofos de la naturaleza (los physiologoi) tendían a reducir la explicación del mundo a un solo principio. Tales de Mileto identificó el agua como el elemento primigenio. Heráclito apostó por el fuego y el cambio constante. Pitágoras vio en el número la estructura oculta de la realidad. Estas visiones eran poderosas, pero incompletas. Cada una capturaba una dimensión de la verdad, pero ignoraba las demás. Aristóteles observó que ninguna causa única bastaba para explicar la complejidad del cosmos.

Debate actual: Muchos historiadores de la ciencia argumentan que la fuerza de Aristóteles no fue inventar nuevas causas, sino organizar las intuiciones previas en un sistema coherente. Sintetizó lo mejor de sus predecesores en lugar de refutarlos por completo.

Aristóteles integró estas perspectivas anteriores en su modelo de cuatro causas. La causa material recoge la intuición de Tales (la materia prima). La causa formal responde a la visión pitagórica (la estructura o forma). La causa eficiente explica el origen del movimiento. La causa final aporta el propósito, un concepto que los primeros filósofos naturales a menudo descuidaban. Esta síntesis permitió explicar tanto objetos naturales como artefactos humanos con el mismo lenguaje conceptual.

Es crucial entender que para Aristóteles, ninguna de estas causas era opcional. Para comprender completamente una estatua, por ejemplo, no basta con saber que está hecha de mármol (causa material). Hay que conocer el diseño del escultor (causa formal), la acción de tallar (causa eficiente) y el propósito de la obra, como honrar a un dios (causa final). Faltar una de ellas dejaba la explicación inconclusa. Este enfoque holístico dominó el pensamiento occidental durante más de mil años.

La ruptura con esta visión llegó mucho después, con la revolución científica de los siglos XVI y XVII. Pensadores como Galileo y Newton comenzaron a priorizar casi exclusivamente la causa eficiente. La ciencia moderna buscaba explicar el mundo mediante fuerzas, movimientos y leyes matemáticas, dejando de lado la causa final como algo subjetivo o teológico. Esta simplificación permitió avances tecnológicos enormes, pero también generó una pérdida de perspectiva sobre el propósito y la forma inherente a los seres vivos. La visión aristotélica recordaba que la realidad es más que un mecanismo; es una estructura con un fin. Pero el enfoque moderno demostró su eficacia práctica en la predicción de fenómenos físicos. Ambas aproximaciones siguen siendo relevantes, aunque en dominios diferentes.

¿Cuáles son las cuatro causas de Aristóteles?

Aristóteles propuso un sistema de explicación cuádruple para entender por qué las cosas son como son. En su obra Física, argumentó que conocer una cosa no implica solo saber de qué está hecha, sino comprender su origen, su forma y su propósito. Este marco filosófico sigue siendo fundamental en la metafísica y la ciencia natural. No se trata de una simple lista, sino de una estructura lógica interconectada.

Las cuatro causas explicadas

La causa material responde a la pregunta "¿de qué está hecho?". Es la sustancia prima que subyace al cambio. En una estatua de bronce, el bronce es la causa material. Sin él, la estatua sería solo una idea flotante. Sin embargo, el material por sí solo no explica por qué el bronce tiene esa forma específica y no otra. La materia es el sustrato, pero no el motor completo de la explicación.

La causa formal define la esencia o el modelo. Responde a "¿qué es?". En el caso de la estatua, es la forma de "Hércules" o la proporción geométrica que la define. Para un árbol, la causa formal es su estructura biológica distintiva: hojas, tronco, raíces. Sin la forma, la materia sería una masa indiferenciada. La forma da identidad al objeto.

La causa eficiente es el agente o el proceso que inicia el cambio. Responde a "¿quién o qué lo hizo?". En la estatua, es el escultor que golpea el martillo. En un reloj, es el relojero que ensambla las piezas. En un árbol, podría considerarse al padre biológico o al proceso de germinación. Esta causa es la fuente del movimiento o del reposo. Es la acción concreta que transforma la materia según la forma.

La causa final es el propósito o el fin. Responde a "¿para qué sirve?". Aristóteles la consideraba la más importante. La estatua existe para ser admirada o para honrar a un dios. El reloj existe para medir el tiempo. El árbol existe para reproducirse y alcanzar su madurez biológica. El fin dirige todo el proceso de creación. Sin propósito, las demás causas carecen de dirección clara.

Dato curioso: Aristóteles consideraba que la causa final era la más importante porque "el fin es el principio". Entender el propósito de algo ayuda a comprender por qué tiene esa forma y ese material específico.

Comparativa de las cuatro causas

Nombre Pregunta clave Ejemplo simple (Estatua)
Causa Material ¿De qué está hecho? El bronce
Causa Formal ¿Qué es? La forma de "Hércules"
Causa Eficiente ¿Quién lo hizo? El escultor
Causa Final ¿Para qué es? Ser admirada

Estas cuatro causas no siempre son distintas. En algunos casos, se superponen. En un árbol, la causa formal (su esencia) y la causa final (su madurez) están muy ligadas. La forma del árbol determina su propósito biológico. Aristóteles usó esta distinción para superar las explicaciones anteriores, como la de los elementos de Tales de Mileto o los átomos de Demócrito. Su enfoque integraba lo estático y lo dinámico.

Este sistema influyó profundamente en la ciencia medieval y moderna. Aunque la ciencia moderna ha dejado a un lado la causa final en muchas explicaciones físicas, sigue siendo crucial en biología y filosofía. Comprender estas causas permite analizar cualquier objeto o fenómeno con mayor profundidad. No basta con ver la superficie; hay que preguntar por el origen, la forma y el propósito. La consecuencia es directa: una explicación completa requiere las cuatro dimensiones.

Ejemplos prácticos y análisis detallado

El valor del modelo aristotélico radica en su capacidad para desglosar la complejidad de los objetos en cuatro dimensiones explicativas distintas. Analizar una entidad solo a través de su materialidad o de su forma resulta insuficiente para comprender su totalidad. A continuación, se aplican las cuatro causas a tres ejemplos fundamentales: arquitectura, biología y arte. Este enfoque demuestra cómo cada causa aporta un tipo de conocimiento específico.

La construcción de una casa

En la arquitectura, la distinción entre las causas ayuda a entender por qué un edificio es lo que es. La causa material es el conjunto de ladrillos, madera, hormigón y vidrio. Sin estos elementos, la casa sería una abstracción. La causa formal es el plano arquitectónico o la estructura que organiza esos materiales. Es la razón por la que los ladrillos no forman un montón aleatorio, sino habitaciones con puertas y ventanas.

La causa eficiente corresponde al arquitecto y a los obreros que ejecutan la obra. Son los agentes que transforman la materia según el diseño. Finalmente, la causa final es el propósito de la casa: ofrecer refugio, comodidad o estatus social. Sin este fin, la elección de materiales y el diseño perderían su criterio de selección. La funcionalidad dirige a las demás causas.

El crecimiento de un ser vivo

En biología, las causas se entrelazan de manera dinámica. Consideremos el desarrollo de un árbol. La causa material incluye el suelo, el agua, la luz solar y los nutrientes absorbidos por las raíces. La causa formal es el código genético (ADN) que determina si la semilla se convierte en un roble o en un pino. Esta forma guía el crecimiento hacia una estructura específica.

La causa eficiente no es un único agente externo, sino el proceso metabólico interno y las condiciones ambientales que activan el crecimiento. La causa final, o teleología, es la reproducción y la supervivencia de la especie. El árbol crece hojas para realizar la fotosíntesis y producir frutos para dispersar sus semillas. La biología moderna a veces critica esta visión teleológica, pero el modelo sigue siendo útil para explicar la adaptación.

Sabías que: Aristóteles utilizaba frecuentemente la observación de la naturaleza para fundamentar sus teorías lógicas. Para él, observar cómo un gusano se convierte en mariposa era tan importante como analizar un silogismo.

Una obra de arte

El análisis de una pintura revela cómo el significado surge de la interacción de las cuatro causas. En "La Mona Lisa" de Leonardo da Vinci, la causa material es el lienzo de lino y las capas de pintura al óleo. La causa formal es la composición visual, el uso del sfumato y la proporción áurea que organizan los colores. Estas elecciones formales crean la imagen reconocible.

La causa eficiente es Leonardo da Vinci, cuyo pincel y decisiones creativas materializaron la visión. Su técnica específica influyó directamente en el resultado final. La causa final es el propósito artístico: capturar el enigma humano, demostrar maestría técnica o embellecer el espacio. Entender la intención del artista cambia la percepción de la obra. No se trata solo de pigmentos sobre tela, sino de un mensaje comunicado.

Estos ejemplos muestran que ninguna causa es suficiente por sí sola. Saber de qué está hecho un objeto (material) no explica por qué tiene esa forma (formal). Conocer al creador (eficiente) no revela el propósito (final). La verdadera comprensión surge al integrar las cuatro perspectivas. Este método sigue siendo una herramienta poderosa en la educación y la investigación interdisciplinaria.

¿Cómo se relacionan las causas entre sí?

Las cuatro causas aristotélicas rara vez aparecen aisladas en la realidad. Aunque para fines analíticos podemos separar la materia de la forma, en los objetos complejos estas categorías se entrelazan. La comprensión profunda de la física y la metafísica de Aristóteles exige ver cómo interactúan estos principios explicativos, en lugar de tratarlos como compartimentos estancos. Esta interdependencia es fundamental para entender por qué un objeto es lo que es y no otra cosa.

La unidad de forma y fin en los seres vivos

En el ámbito de la biología y los organismos vivos, la distinción entre causa formal (la estructura o esencia) y causa final (el propósito o función) se vuelve difusa, llegando a ser casi idénticas. Para Aristóteles, la forma de un ser vivo está determinada por su fin. No se entiende el ojo sin entender su función de ver; la estructura anatómica (forma) existe para cumplir esa función (fin).

Dato curioso: Esta visión teleológica (orientada al fin) dominó el pensamiento científico durante siglos. No fue hasta la revolución científica moderna, con figuras como Newton, que el propósito final comenzó a ser desplazado por la causa eficiente en las explicaciones físicas predominantes.

Por ejemplo, la estructura del ala de un pájaro (causa formal) está diseñada para el vuelo (causa final). No son dos cosas separadas impuestas desde fuera, sino dos aspectos de la misma realidad biológica. La forma es el fin realizado. Esta identidad explica por qué los seres vivos parecen tener una coherencia interna que los objetos inorgánicos a veces carecen.

La causa eficiente como agente de la forma

La causa eficiente, o el agente que pone en movimiento el cambio, a menudo actúa imponiendo la forma a la materia. El artesano (eficiente) tiene la idea del producto (formal) en su mente y la graba en la materia prima. En este proceso, la eficiencia no es un golpe aleatorio, sino una fuerza dirigida hacia la forma. El alfarero no solo mueve el barro; impone la "vasija" sobre el "barro" mediante su acción.

Esto significa que la causa eficiente es el puente dinámico que conecta la materia potencial con la forma actual. Sin la acción del agente, la forma permanecería como una posibilidad no realizada. La eficiencia es el motor que actualiza la forma en la materia.

Acto y potencia: el marco unificador

Para entender cómo todas estas causas trabajan juntas, Aristóteles introduce los conceptos de acto y potencia. La materia prima es pura potencia: puede convertirse en muchas cosas. La forma es el acto: lo que hace que la materia sea algo específico. La causa eficiente es el proceso de pasar de la potencia al acto. La causa final es el acto completo hacia el cual tiende todo el proceso.

Este marco unifica la explicación. No hay cuatro fuerzas tirando en direcciones opuestas, sino un solo proceso de actualización visto desde cuatro ángulos distintos. La materia es lo que es capaz de ser; la forma es lo que es; la eficiencia es lo que lo hace ser; y el fin es por qué es así. Esta síntesis evita la fragmentación excesiva de la realidad.

Comprender esta interrelación es clave para aplicar el pensamiento aristotélico más allá de la filosofía pura. Permite analizar sistemas complejos, desde organismos biológicos hasta estructuras sociales, reconociendo que su estructura, función, origen y propósito están intrínsecamente vinculados. La separación es una herramienta analítica, no una realidad ontológica absoluta.

Ejercicios resueltos

Ejercicio 1: Análisis de un libro impreso

Identifica las cuatro causas de un libro de texto escolar. Este ejercicio es fundamental porque aplica la teoría a un objeto cotidiano, facilitando la comprensión de conceptos abstractos.

Solución:

Dato curioso: Aristóteles usaba ejemplos cotidianos como este para demostrar que la filosofía no vivía en las nubes, sino en la experiencia sensible. La consecuencia es directa: entender el "para qué" cambia la percepción del objeto.

Ejercicio 2: La mesa de madera

Determina las causas de una mesa de roble tallada a mano. Este caso introduce la distinción entre la materia prima y la forma dada por el artesano.

Solución:

La precisión en la causa formal es crucial. Una misma madera puede ser mesa o silla según la forma impuesta. Pero hay un matiz: la causa eficiente no es solo el hombre, sino también el proceso de secado de la madera.

Ejercicio 3: El río como sistema natural

Analiza las causas de un río fluvial. Este ejercicio es más complejo porque aplica la teoría a un fenómeno natural, no a un artefacto humano.

Solución:

Este ejemplo muestra que la causa final en la naturaleza no siempre implica una "intención" consciente, sino una tendencia inherente. La gravedad actúa como agente eficiente constante. Entender estas causas permite predecir cambios en el cauce. La teoría aristotélica sigue siendo útil para estructurar el pensamiento analítico en ciencias naturales.

Críticas y legado en la ciencia moderna

La ciencia moderna no descartó las cuatro causas de Aristóteles de un solo golpe, sino que las fue filtrando según su utilidad predictiva. Desde el siglo XVII, la revolución científica priorizó dos de ellas: la causa eficiente (el "golpe" inicial) y la causa material (la sustancia base). Esta selección no fue arbitraria, sino una necesidad práctica para cuantificar el movimiento y la materia.

El auge del mecanicismo y la caída de la teleología

René Descartes y, posteriormente, Isaac Newton impulsaron una visión del universo como una gran máquina. En este modelo, explicar el mundo significaba describir cómo las partes se movían y chocaban, sin necesidad de preguntar "para qué" lo hacían. La causa final, o teleología, fue considerada por muchos científicos de la época como un residuo filosófico que frenaba el progreso matemático.

Debate actual: La eliminación de la causa final no significó que el universo dejara de tener "propósito", sino que el propósito se trasladó del objeto al observador. La pregunta cambió de "¿para qué cae la manzana?" a "¿qué fuerza actúa sobre la manzana?".

Esta visión mecanicista fue extremadamente exitosa en física clásica. Las leyes de Newton permitían predecir trayectorias con una precisión asombrosa utilizando solo la masa, la fuerza y la aceleración. La fórmula fundamental de la dinámica newtoniana ilustra esta dependencia de la causa eficiente:

F=m⋅a

En esta ecuación, F representa la fuerza (causa eficiente), m la masa (causa material) y a la aceleración (resultado). No hay rastro de la forma ideal ni del fin último del movimiento. La consecuencia es directa: la física se volvió predictiva, pero también, en opinión de algunos críticos, desprovista de significado intrínseco.

El retorno de la teleología en la biología evolutiva

Aunque la física clásica relegó la causa final, esta no desapareció por completo. En la biología, la pregunta "para qué" sigue siendo fundamental, aunque su interpretación ha cambiado. La selección natural, propuesta por Charles Darwin, ofrece una explicación eficiente para lo que parece ser un fin último.

Cuando decimos que "el ojo sirve para ver", estamos usando un lenguaje teleológico. Sin embargo, la biología evolutiva explica esto a través de la causa eficiente: los individuos con ojos más agiles supervivieron y se reprodujeron más que los demás. La "finalidad" es, en este caso, un resultado estadístico de millones de años de filtrado ambiental, no un plan preconcebido. Pero hay un matiz importante: esta visión no elimina la utilidad, sino que la deriva del proceso.

Relevancia en la física contemporánea

En la física del siglo XX y XXI, la causa final ha encontrado un resurgimiento sutil en el principio de acción mínima. Este principio establece que las partículas siguen la trayectoria que minimiza una cantidad llamada "acción". Aunque se parece a una decisión consciente ("elegir" el camino más corto), es una descripción matemática poderosa que unifica la mecánica clásica y la cuántica.

Este enfoque sugiere que, en cierto nivel abstracto, el universo parece "apuntar" hacia un estado óptimo. Sin embargo, esto sigue siendo una herramienta matemática más que una afirmación filosófica sobre el propósito cósmico. La ciencia moderna ha aprendido a usar la teleología con cautela: como una metáfora útil en biología y una herramienta matemática en física, pero rara vez como una explicación causal primaria. La distinción entre mecanismo y propósito sigue siendo uno de los debates más ricos de la filosofía de la ciencia actual.

¿Qué diferencia a Aristóteles de otros filósofos en la causalidad?

La propuesta de Aristóteles representa un giro radical respecto a sus predecesores al situar la explicación de la realidad dentro de las cosas mismas, y no en un plano trascendente. Esta distinción es fundamental para comprender por qué su sistema de las cuatro causas sigue siendo relevante en la filosofía natural y la metafísica.

El giro desde las Ideas platónicas

Platón ubicaba la causa formal en el mundo de las Ideas, separado de la materia sensible. Para él, la forma perfecta existía fuera del objeto concreto. Aristóteles criticó esta visión por considerar que dejaba sin explicar cómo la forma se une a la materia. Su innovación fue el hilemorfismo, que integra forma y materia en una sola sustancia. La forma no es externa, sino el principio organizador interno del objeto.

Dato curioso: Aristóteles llamó a Platón su maestro, pero su crítica a las Ideas es tan aguda que dijo que Platón "separó" la forma de la materia, creando un problema de conexión que él mismo intentó resolver con el concepto de sustancia.

Esta integración significa que para entender una estatua, no basta con mirar la Idea de "estatua" en el cielo, sino analizar cómo el mármol (materia) adquiere la figura (forma) a través del tallado. La consecuencia es directa: la explicación científica debe basarse en la observación empírica, no solo en la deducción lógica pura.

Contraste con el determinismo y el azar

Los estoicos y los epicúreos ofrecieron explicaciones muy diferentes sobre el movimiento y el cambio. Los estoicos enfatizaban el logos cósmico y el destino, viendo la causa eficiente como una fuerza divina que empuja todo hacia un orden preestablecido. Por su parte, los epicúreos introdujeron el "desvíe" del átomo (clinamen) para explicar el libre albedrío frente al determinismo mecánico.

Aristóteles se distinguió al priorizar la causa final, o telos. Para él, los seres naturales se mueven no solo por un empuje externo o por el azar, sino por una tendencia intrínseca hacia su propio fin. Un semilla no crece solo porque el sol la calienta (causa eficiente), sino porque tiende a convertirse en árbol (causa final). Este enfoque teleológico otorga a la naturaleza una dirección interna que el mecanicismo posterior a menudo descuidó.

La importancia del fin en Aristóteles no implica necesariamente un diseño inteligente externo, sino una organización interna que busca la actualización de su potencial. Esta visión permite explicar la complejidad biológica sin recurrir exclusivamente a fuerzas ciegas o a ideas separadas. La integración de forma, materia y fin ofrece una herramienta analítica más rica que las explicaciones puramente mecánicas o trascendentes de sus contemporáneos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la causa material?

Es la sustancia o materia prima de la que está hecho un objeto. Por ejemplo, la madera es la causa material de una mesa.

¿En qué consiste la causa formal?

Se refiere a la estructura, el diseño o la esencia que da identidad al objeto. Es lo que hace que la madera sea una "mesa" y no una "silla".

¿Qué significa la causa eficiente?

Es la fuerza o el agente que pone en movimiento el proceso de creación. En el caso de la mesa, sería el carpintero y sus herramientas.

¿Qué es la causa final?

Es el propósito o el objetivo por el cual existe el objeto. La causa final de la mesa es servir de soporte para colocar objetos o comer.

¿Por qué es importante esta teoría hoy en día?

Ofrece un método estructurado para el análisis de problemas. Al descomponer un fenómeno en estos cuatro ejes, se evitan explicaciones lineales y simplistas.

¿Aristóteles creía que las causas eran siempre distintas?

No necesariamente. En algunos casos, especialmente en la naturaleza, varias causas pueden coincidir. Por ejemplo, en un ser humano, la forma (el alma) y el fin (la vida plena) pueden considerarse estrechamente vinculadas.

Resumen

El análisis aristotélico de la causalidad descompone la realidad en cuatro dimensiones explicativas: material, formal, eficiente y final. Este enfoque permite una comprensión integral de los objetos y fenómenos, yendo más allá de la simple secuencia temporal de eventos.

Aunque la ciencia moderna ha priorizado la causa eficiente (el mecanismo), el resto de las causas siguen siendo relevantes para entender el diseño, la función y la composición de los sistemas complejos. Dominar este concepto mejora la capacidad de análisis crítico y la precisión en la descripción de la realidad.

Véase también

Referencias

  1. «4 causas de aristóteles ejemplos» en Wikipedia en español
  2. Aristotle's Four Causes - Stanford Encyclopedia of Philosophy
  3. Aristotle's Philosophy of Nature - Internet Encyclopedia of Philosophy
  4. Aristotle's Metaphysics - Oxford Classical Dictionary
  5. Las cuatro causas en Aristóteles - Dialnet