En álgebra lineal, dos matrices se consideran iguales cuando comparten exactamente las mismas dimensiones y todos sus elementos correspondientes son idénticos. Esta relación de igualdad es la forma más estricta de comparación entre matrices, requiriendo una coincidencia punto a punto sin margen para variaciones estructurales o numéricas menores.

La igualdad de matrices sirve como base para definir operaciones fundamentales como la suma, la resta y la multiplicación por un escalar. Comprender esta distinción es esencial para evitar confusiones comunes con otros conceptos como la equivalencia o la semejanza, que implican transformaciones más complejas.

Definición y concepto

Dos matrices son iguales únicamente cuando cumplen dos condiciones simultáneas: tener exactamente las mismas dimensiones y poseer elementos idénticos en cada posición correspondiente. No basta con que tengan la misma cantidad de elementos o incluso las mismas filas y columnas en orden; cada entrada específica debe coincidir con su contraparte. Esta definición es fundamental porque establece la base para todas las operaciones posteriores, como la suma o el producto por un escalar.

Condiciones necesarias

La primera condición es estructural. Si una matriz tiene m filas y n columnas, se dice que es de dimensión m × n. Para que otra matriz sea igual a la primera, debe tener exactamente m filas y n columnas. Si una tiene 3 filas y la otra 4, son matrices de diferente tamaño y, por lo tanto, distintas, sin importar qué números contengan. La segunda condición es elemental. Cada elemento en la posición (i, j) de la primera matriz debe ser numéricamente igual al elemento en la posición (i, j) de la segunda. Esto significa que se comparan los elementos uno a uno, en su lugar exacto.

Notación matemática

En álgebra lineal, se representa una matriz A con elementos a_ij, donde i indica la fila y j indica la columna. Si tenemos dos matrices A y B, ambas de dimensión m × n, decimos que A es igual a B si y solo si cada elemento de A coincide con el elemento correspondiente de B. Esto se escribe de la siguiente manera:

La igualdad se denota con el símbolo estándar de igualdad:

A=B

Esta igualdad implica que para todo i que vaya de 1 a m, y para todo j que vaya de 1 a n, se cumple que:

aij​=bij​

Es crucial notar que el orden importa. El elemento en la primera fila y primera columna de A debe ser igual al elemento en la primera fila y primera columna de B. Si se desplazan los elementos, aunque sean los mismos números, las matrices ya no son iguales.

Ejemplo práctico

Consideremos dos matrices de dimensión 2 × 2:

La primera matriz A tiene elementos 1, 2 en la primera fila y 3, 4 en la segunda. La segunda matriz B tiene elementos 1, 2 en la primera fila y 3, 4 en la segunda. En este caso, cada posición coincide: el 1 está en (1,1) en ambas, el 2 en (1,2), el 3 en (2,1) y el 4 en (2,2). Por lo tanto, A es igual a B.

Ahora, consideremos una tercera matriz C con elementos 1, 3 en la primera fila y 2, 4 en la segunda. Aunque contiene los mismos números que A (1, 2, 3, 4), los elementos están en posiciones diferentes. El elemento en (1,2) de A es 2, pero en C es 3. Por lo tanto, A no es igual a C. Este detalle suele confundir a los estudiantes que piensan que el conjunto de valores es suficiente.

Propiedades básicas

La igualdad de matrices cumple con tres propiedades fundamentales que facilitan el razonamiento algebraico. La primera es la propiedad reflexiva: cualquier matriz es igual a sí misma. Esto parece obvio, pero es la base para demostrar otras relaciones. La segunda es la propiedad simétrica: si A es igual a B, entonces B es igual a A. El orden de comparación no cambia el resultado. La tercera es la propiedad transitiva: si A es igual a B y B es igual a C, entonces A es igual a C. Esta propiedad es especialmente útil cuando se trabajan con múltiples matrices en una misma ecuación.

Dato curioso: La igualdad de matrices es más estricta que la igualdad de conjuntos. En un conjunto, el orden de los elementos no importa; {1, 2} es igual a {2, 1}. En una matriz, el orden es esencial. Una matriz con 1 arriba y 2 abajo es distinta a una con 2 arriba y 1 abajo.

Comprender esta definición precisa evita errores comunes en cálculos más complejos. Muchos problemas de álgebra lineal se reducen a igualar matrices y resolver sistemas de ecuaciones para encontrar valores desconocidos. Si la definición de igualdad es vaga, todo el sistema de soluciones puede desmoronarse. La precisión en cada posición es lo que da rigor a la materia.

¿Qué diferencia matrices iguales de matrices equivalentes o semejantes?

Confundir matrices iguales con matrices equivalentes o semejantes es uno de los errores más comunes en álgebra lineal. La igualdad es una relación estricta: cada entrada debe coincidir exactamente. Las otras dos relaciones son más "flexibles", ya que dependen de cómo se organizan los datos o cómo se proyecta una transformación. Entender estas diferencias es fundamental para resolver sistemas de ecuaciones y analizar espacios vectoriales.

Matrices equivalentes: misma información, distinta ordenación

Dos matrices son equivalentes si una puede transformarse en la otra mediante operaciones elementales de fila y columna. Esto significa que comparten el mismo rango, es decir, el mismo número de filas o columnas linealmente independientes. No necesitan tener las mismas dimensiones exactas en todos los casos, pero sí el mismo rango. Por ejemplo, una matriz de 3×4 puede ser equivalente a otra de 3×4 si sus filas principales contienen la misma información esencial.

La equivalencia se usa mucho en la resolución de sistemas de ecuaciones lineales. Al reducir una matriz aumentada a su forma escalonada reducida, obtenemos una matriz equivalente que revela las soluciones del sistema. La estructura cambia, pero la información subyacente sobre las variables se mantiene.

Matrices semejantes: misma transformación, distintos sistemas de coordenadas

Las matrices semejantes representan la misma transformación lineal pero expresada en bases diferentes. Si A y B son matrices cuadradas de tamaño n×n, son semejantes si existe una matriz invertible P tal que:

B=P−1AP

Esta relación implica que A y B comparten propiedades fundamentales como el determinante, la traza y los valores propios. Sin embargo, sus entradas individuales pueden ser muy distintas. Es como ver el mismo objeto desde dos ángulos diferentes: la esencia del objeto no cambia, pero su apariencia visual sí.

La semejanza es crucial en el estudio de operadores lineales. Por ejemplo, al diagonalizar una matriz, buscamos una matriz semejante que sea diagonal, lo que simplifica enormemente los cálculos de potencias de la matriz.

Comparación de características

Característica Matrices Iguales Matrices Equivalentes Matrices Semejantes
Definición Mismas dimensiones y mismas entradas en cada posición Mismo rango; una se obtiene de la otra por operaciones elementales Misma transformación lineal en distintas bases
Dimensiones Igualdad exacta (m×n) Pueden variar, pero mismo rango Mismas dimensiones cuadradas (n×n)
Propiedades compartidas Todas (determinante, traza, rango, valores propios) Rango Determinante, traza, valores propios, polinomio característico
Relación matemática Aij​=Bij​ para todo i,j B=Ek​…E1​AC1​…Cm​ (productos de matrices elementales) B=P−1AP
Aplicación típica Comparación directa de datos Resolución de sistemas lineales, clasificación de matrices Diagonalización, estudio de operadores lineales
Dato curioso: Dos matrices pueden ser equivalentes y semejantes al mismo tiempo, pero no necesariamente iguales. Por ejemplo, una matriz diagonal y su versión permutada son semejantes (misma información, distinta base) y equivalentes (mismo rango), pero sus entradas no coinciden en cada posición.

La distinción entre estas relaciones es sutil pero poderosa. La igualdad es estática y rígida. La equivalencia es dinámica y depende de la manipulación de filas y columnas. La semejanza es estructural y refleja la naturaleza de la transformación subyacente. Comprender estas diferencias permite elegir la herramienta adecuada para cada problema matemático.

Propiedades de la igualdad de matrices

La igualdad de matrices no es solo una comparación visual de números, sino una relación matemática formal que satisface tres propiedades fundamentales: reflexiva, simétrica y transitiva. Estas características permiten tratar la igualdad de matrices con la misma lógica rigurosa que se aplica a los números reales o los vectores.

La propiedad reflexiva establece que cualquier matriz es igual a sí misma. Esto parece obvio, pero es la base para definir la relación. Si tenemos una matriz A, entonces A = A. Esto significa que cada elemento aij es idéntico a su contraparte en la misma posición.

La propiedad simétrica indica que el orden de los términos no altera la verdad de la igualdad. Si decimos que la matriz A es igual a la matriz B, entonces automáticamente la matriz B es igual a la matriz A. Esta propiedad es crucial cuando se intercambian lados en ecuaciones matriciales.

Finalmente, la propiedad transitiva conecta tres matrices. Si A = B y B = C, entonces necesariamente A = C. Esta regla es fundamental para demostraraciones largas donde se sustituye una matriz por otra intermedia para simplificar el problema.

Consistencia en las operaciones

Lo que hace verdaderamente útil a la igualdad de matrices es su comportamiento ante las operaciones básicas. La igualdad es "consistente", lo que significa que si dos matrices son iguales, seguirán siendo iguales después de aplicarles la misma operación. Esto se conoce como la propiedad sustitutiva.

En la suma de matrices, si A = B y C = D, entonces la suma A + C será igual a B + D. Esto permite sumar matrices enteras sin necesidad de verificar cada elemento individualmente después de la operación, siempre que se haya confirmado la igualdad inicial.

Dato curioso: Esta propiedad es la razón por la que podemos resolver sistemas de ecuaciones lineales usando matrices. Al sumar una fila a otra, estamos aplicando la propiedad sustitutiva de la suma para mantener la igualdad del sistema completo.

El producto por un escalar funciona de manera similar. Si multiplicamos una matriz A por un número real k, y sabemos que A = B, entonces kA = kB. Cada elemento de la matriz resultante mantiene la igualdad porque se ha multiplicado por el mismo valor.

Estas propiedades son esenciales para el álgebra lineal. Sin ellas, cada operación con matrices requeriría una verificación elemento por elemento, haciendo los cálculos mucho más lentos y propensos a errores. La consistencia de la igualdad permite trabajar con las matrices como entidades completas.

¿Cómo se verifica la igualdad de matrices en la práctica?

La verificación de la igualdad de dos matrices no es un proceso abstracto, sino un algoritmo mecánico que se aplica en álgebra lineal, programación y análisis de datos. No basta con que dos matrices tengan el mismo número total de elementos; su estructura interna debe coincidir exactamente. Si fallas en un solo paso, la igualdad se rompe.

El procedimiento riguroso consta de dos fases secuenciales. El orden importa porque comparar elementos antes de verificar las dimensiones puede llevar a errores de índice o a comparaciones "ciegas".

Paso 1: Verificación de dimensiones (Orden)

Dos matrices, digamos A y B, solo pueden ser iguales si tienen el mismo orden. El orden se define por el par (m,n), donde m es el número de filas y n es el número de columnas. Esto se expresa matemáticamente como:

Si A=B, entonces dim(A)=dim(B)

Si A es una matriz de 2×3 (dos filas, tres columnas) y B es de 3×2, son diferentes por definición, incluso si contienen los mismos números. Este primer filtro es rápido y elimina la mayoría de los casos de desigualdad sin necesidad de mirar los valores individuales.

Paso 2: Comparación elemento a elemento

Una vez confirmada la igualdad de dimensiones, se procede a la comparación posicional. Cada elemento de la matriz A, denotado como aij​ (donde i es la fila y j es la columna), debe ser idéntico al elemento en la misma posición en la matriz B, denotado como bij​.

La condición formal es:

aij​=bij​para todo 1≤i≤m y 1≤j≤n

Esto significa que no basta con que los conjuntos de valores sean los mismos; su ubicación es crítica. Si a12​=5 pero b12​=5.0001 (en análisis numérico) o simplemente 4, la igualdad falla. No hay lugar para la aproximación en la definición estricta de igualdad, aunque en aplicaciones computacionales se usa a menudo un "umbral de error" o epsilon.

Ejemplo numérico aplicado

Consideremos dos matrices A y B de orden 2×2:

A=(10​amp;4amp;−2​),B=(10​amp;4amp;−2​)

Primero, verificamos las dimensiones: ambas tienen 2 filas y 2 columnas. Pasamos a los elementos:

Como todos los pares coinciden, A=B. Ahora, introduzcamos una variación sutil. Sea C una matriz donde solo cambiamos el signo del último elemento:

C=(10​amp;4amp;2​)

Aunque A y C comparten tres de los cuatro elementos y las mismas dimensiones, A=C porque a22​=c22​. Un solo desajuste basta para romper la igualdad.

Dato curioso: En programación, al comparar matrices de números en coma flotante (como en Python con NumPy o en C++), la igualdad estricta (==) a veces falla debido a errores de redondeo. Por ejemplo, 0.1+0.2 puede no ser exactamente igual a 0.3 en memoria. Por eso, en la práctica computacional avanzada, se usa una función de comparación que acepta una pequeña tolerancia, algo que el álgebra clásica no requiere.

La consecuencia es directa: la igualdad de matrices es una relación de identidad estricta. Requiere precisión total en la forma (dimensiones) y en el contenido (valores posicionales). Dominar esta verificación es el primer paso para entender operaciones más complejas como la suma, el producto escalar o la transposición, donde la alineación de los elementos es fundamental para que el resultado tenga sentido matemático.

Contexto histórico

La noción de igualdad entre matrices no surgió de la noche a la mañana. Fue el resultado de una lenta evolución conceptual que transformó a la matriz de una simple colección de coeficientes en un objeto algebraico autónomo. En los inicios del álgebra lineal, los arreglos numéricos servían principalmente como herramientas auxiliares para resolver sistemas de ecuaciones. La igualdad se entendía de forma casi intuitiva: dos conjuntos de números eran iguales si ocupaban las mismas posiciones y tenían los mismos valores.

De los determinantes a las matrices

Antes de que las matrices tuvieran vida propia, existían los determinantes. En 1812, Pierre-Simon Laplace introdujo el término "determinante", aunque la estructura tabular ya era conocida por matemáticos japoneses y chinos siglos antes. Sin embargo, fue Augustin-Louis Cauchy quien, en 1815, sentó las bases rigurosas al demostrar propiedades fundamentales de los determinantes. Cauchy trató a las matrices como tablas de coeficientes A=(aij​), pero su enfoque seguía atado al cálculo del determinante resultante. La igualdad de dos matrices, para Cauchy, era una consecuencia directa de la igualdad de sus elementos correspondientes, pero aún no se había definido como una operación algebraica independiente.

Dato curioso: La palabra "matriz" proviene del latín matrix, que significa "vientre" o "fuente". Fue elegida para sugerir que la matriz es la fuente de la cual nace el determinante.

La contribución de James Joseph Sylvester

El salto cualitativo llegó en 1850, cuando James Joseph Sylvester acuñó el término "matriz". Antes de él, se hablaba de "sistema de cantidades" o "tabla de números". Sylvester definió una matriz como un "rectángulo ordenado de símbolos", liberándola de su dependencia exclusiva del determinante. Esta definición permitió tratar a las matrices como entidades independientes. Para Sylvester, dos matrices eran iguales si tenían las mismas dimensiones y los mismos elementos en las mismas posiciones. Esta aparente simplicidad oculta una profunda implicación: la igualdad se convirtió en la base para definir otras operaciones, como la suma y el producto.

Sylvester entendió que la igualdad de matrices era una relación de equivalencia. Esto significaba que si A=B y B=C, entonces A=C. Esta propiedad, hoy en día casi obvia, fue crucial para construir el álgebra matricial. Sin una definición clara de igualdad, las operaciones posteriores carecerían de consistencia lógica.

Evolución de la notación

La notación también evolucionó para reflejar mejor el concepto de igualdad. Inicialmente, los elementos se denotaban con subíndoces dobles, como aij​. Con el tiempo, se adoptó la notación de corchetes o paréntesis para delimitar la matriz completa. La igualdad se representaba con el signo igual estándar, pero con la condición implícita de que las dimensiones coincidieran. Por ejemplo, dos matrices A y B de m×n son iguales si y solo si aij​=bij​ para todo i y j.

Esta formalización permitió a matemáticos posteriores, como Arthur Cayley, desarrollar el álgebra matricial moderna. Cayley introdujo la multiplicación de matrices y demostró que el producto de matrices no era conmutativo, una propiedad que depende directamente de la definición de igualdad. La igualdad de matrices es, por tanto, el cimiento sobre el cual se construyó todo el edificio del álgebra lineal. Sin ella, conceptos como el rango, la traza o el determinante carecerían de significado preciso.

Aplicaciones en álgebra lineal y más allá

Resolución de sistemas de ecuaciones

La igualdad de matrices es el mecanismo fundamental para simplificar sistemas lineales. Cuando dos matrices son iguales, cada par de elementos en la misma posición debe coincidir. Esta propiedad permite descomponer una ecuación matricial compleja en múltiples ecuaciones escalares más sencillas.

Considere un sistema de dos ecuaciones con dos incógnitas. Al expresarlo en forma matricial, la relación se reduce a una igualdad directa entre la matriz de coeficientes multiplicada por el vector de incógnitas y el vector de resultados. La condición de igualdad obliga a que el primer elemento de la izquierda sea idéntico al primero de la derecha, y lo mismo para el segundo. Este proceso transforma el álgebra matricial en aritmética básica.

Dato curioso: Este método es la base de la eliminación de Gauss, donde se manipulan filas enteras hasta que la matriz de coeficientes se vuelve diagonal, haciendo que la igualdad de elementos sea trivial de resolver.

La eficiencia aumenta exponencialmente cuando el número de variables crece. Sin la notación matricial, resolver un sistema de 100 ecuaciones requeriría escribir 100 líneas de texto. Con matrices, se trabaja con bloques compactos donde la igualdad define la solución completa.

Transformaciones lineales

En el estudio de las transformaciones lineales, la igualdad de matrices determina si dos operaciones geométricas producen el mismo efecto. Una transformación lineal mapea un vector de entrada a un vector de salida mediante multiplicación por una matriz. Si dos matrices distintas generan el mismo vector de salida para cualquier vector de entrada, se dice que representan la misma transformación.

Esto es crucial para identificar transformaciones idénticas en diferentes sistemas de coordenadas. Por ejemplo, una rotación de 90 grados en el plano puede representarse con diferentes números si se cambia el origen de las coordenadas, pero la relación de igualdad entre la matriz transformada y la original mantiene la coherencia geométrica. La estructura interna de la matriz define el tipo de deformación: escalado, rotación o proyección.

La consecuencia es directa: si dos matrices son iguales, las figuras geométricas transformadas por ellas ocuparán exactamente la misma posición y tendrán la misma forma en el espacio destino. Esta propiedad permite a los ingenieros predecir el comportamiento de estructuras bajo fuerzas sin recalcular todo desde cero.

Gráficos por computadora

Los motores de renderizado dependen de la igualdad de matrices para actualizar la posición de los objetos en tiempo real. Cada objeto en una escena 3D tiene una matriz de transformación que define su ubicación, rotación y tamaño. Cuando un objeto se mueve, el motor calcula una nueva matriz y la compara con la anterior.

Si la nueva matriz es igual a la anterior, el motor puede optimizar el proceso ignorando ciertos cálculos de iluminación o profundidad. Esta verificación de igualdad ahorra ciclos de procesamiento en la unidad central de procesamiento (CPU) o la unidad de procesamiento gráfico (GPU). En videojuegos y simulaciones, donde se requieren 60 actualizaciones por segundo, cada milisegundo cuenta.

Los desarrolladores utilizan esta propiedad para sincronizar cámaras y objetos. Por ejemplo, cuando una cámara sigue a un personaje, la matriz de la cámara se ajusta para que sea igual a la matriz del personaje más un desplazamiento fijo. Esta igualdad constante mantiene la perspectiva correcta sin necesidad de recalcular la posición absoluta de cada píxel en la pantalla. La precisión en estas igualdades evita el temblor visual conocido como "jitter" en la imagen final.

Ejercicios resueltos

La teoría de las matrices cobra sentido práctico al aplicar la definición de igualdad. Dos matrices son iguales si, y solo si, tienen la misma dimensión y todos sus elementos correspondientes coinciden exactamente. A continuación, se presentan tres ejercicios que ilustran este concepto desde lo básico hasta una demostración de propiedad.

Verificación de igualdad en matrices 2x2

Considérense las siguientes matrices:

A=(1−2​amp;3amp;0​),B=(1−2​amp;3amp;0​)

Para determinar si A es igual a B, se comparan los elementos posición por posición. El elemento en la primera fila y primera columna es 1 en ambas.

Como todas las posiciones coinciden y ambas tienen dimensión 2x2, se concluye que A = B. La verificación es directa. No hay trampa en este caso, pero es fundamental revisar cada entrada individualmente.

Resolución de incógnitas en matrices 3x3

En problemas más complejos, la igualdad sirve para encontrar valores desconocidos. Supongamos que:

C=​x14​amp;2amp;yamp;6​amp;5amp;3amp;z​​,D=​714​amp;2amp;9amp;6​amp;5amp;3amp;1​​

Si se sabe que C = D, entonces cada elemento de C debe ser igual al elemento correspondiente de D. Se establecen las siguientes ecuaciones:

Los demás elementos ya coinciden (2=2, 5=5, 1=1, etc.). Por lo tanto, los valores que satisfacen la igualdad son x = 7, y = 9 y z = 1. Este método es sistemático: igualar las entradas correspondientes y resolver la ecuación resultante.

Demostración de la propiedad transitiva

La igualdad de matrices cumple la propiedad transitiva: si A = B y B = C, entonces A = C. Se demuestra con ejemplos concretos.

A=(26​amp;4amp;8​),B=(26​amp;4amp;8​),C=(26​amp;4amp;8​)

Primero, verificamos que A = B. Todos los elementos coinciden: 2=2, 4=4, 6=6, 8=8. Luego, verificamos que B = C. Nuevamente, todos los elementos coinciden: 2=2, 4=4, 6=6, 8=8.

Por la propiedad transitiva, A debe ser igual a C. Al comparar A y C directamente, vemos que efectivamente todos sus elementos correspondientes son idénticos. La propiedad se cumple.

Dato curioso: La propiedad transitiva de la igualdad de matrices es análoga a la de los números reales. Si tienes tres cajas con exactamente los mismos libros en el mismo orden, y la primera es igual a la segunda, y la segunda es igual a la tercera, entonces la primera es igual a la tercera. La lógica es intuitiva, pero en álgebra lineal, esta propiedad es fundamental para demostrar teoremas más complejos.

Estos ejercicios muestran cómo la definición simple de igualdad se aplica en diferentes contextos. Desde la verificación básica hasta la resolución de sistemas de ecuaciones implícitas, el principio es siempre el mismo: comparar elemento a elemento. La precisión en esta comparación es clave para evitar errores en cálculos posteriores.

Preguntas frecuentes

¿Pueden ser iguales dos matrices con diferentes dimensiones?

No. Para que dos matrices sean iguales, deben tener el mismo número de filas y columnas. Si una matriz es de 2x3 y la otra de 2x2, aunque los números coincidan, no son iguales.

¿Es lo mismo que matrices equivalentes?

No. Dos matrices son equivalentes si una puede transformarse en la otra mediante operaciones elementales por filas o columnas. La igualdad requiere que los elementos sean idénticos en la misma posición, sin necesidad de transformación.

¿El orden de los elementos importa en la igualdad de matrices?

Sí, el orden es crucial. El elemento en la fila 1, columna 1 de la primera matriz debe ser idéntico al elemento en la fila 1, columna 1 de la segunda matriz, y así sucesivamente para todas las posiciones.

¿Pueden ser iguales dos matrices con diferentes tipos de elementos?

Sí, siempre que los elementos correspondientes sean numéricamente iguales. Por ejemplo, una matriz con enteros y otra con decimales pueden ser iguales si los valores coinciden (por ejemplo, 5 y 5.0).

¿Cómo se denota la igualdad de matrices?

Se utiliza el signo igual estándar (=). Si A y B son dos matrices, se escribe A = B para indicar que son iguales.

¿La igualdad de matrices es una relación de equivalencia?

Sí. La igualdad de matrices cumple con las propiedades de reflexividad, simetría y transitividad, lo que la convierte en una relación de equivalencia.

Resumen

La igualdad de matrices es una relación estricta que requiere que dos matrices tengan las mismas dimensiones y elementos idénticos en cada posición correspondiente. Este concepto es fundamental en álgebra lineal para definir operaciones básicas y distinguir entre diferentes tipos de relaciones matriciales.

Comprender la diferencia entre igualdad, equivalencia y semejanza de matrices es esencial para avanzar en el estudio del álgebra lineal y sus aplicaciones en diversas disciplinas científicas y técnicas.

Véase también

Referencias

  1. «matrices iguales» en Wikipedia en español
  2. Equal Matrices - Wolfram MathWorld
  3. Matrix Equality - Encyclopedia of Mathematics
  4. Linear Algebra and Its Applications - Gilbert Strang (MIT OpenCourseWare)
  5. Introduction to Linear Algebra - Khan Academy