El existencialismo es una corriente filosófica que sitúa al individuo como el centro de la realidad, enfatizando la libertad, la elección y la responsabilidad personal frente a un mundo a menudo percibido como absurdo. A diferencia de otras escuelas que buscan una esencia universal previa, el existencialismo sostiene que el ser humano primero existe —aparece en el mundo— y luego se define a sí mismo a través de sus acciones. Esta perspectiva transforma la vida cotidiana en un proyecto continuo de autorrealización.

Esta filosofía ganó prominencia en los siglos XIX y XX, impulsada por pensadores como Søren Kierkegaard, Friedrich Nietzsche, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Su relevancia radica en su capacidad para explicar la condición humana moderna, donde las estructuras tradicionales (como la religión o la clase social) pierden fuerza, dejando al individuo solo con sus decisiones. Comprender el existencialismo ayuda a analizar cómo construimos el significado en una vida sin guion predeterminado.

Definición y concepto

El existencialismo no constituye una escuela filosófica cerrada con dogmas inmutables, sino una corriente de pensamiento que prioriza la experiencia vivida del individuo sobre los sistemas abstractos. Surge con fuerza en los siglos XIX y XX como respuesta a la sensación de desorientación del ser humano ante un universo que parece carecer de un plan preestablecido. Esta corriente se centra en preguntas fundamentales: ¿qué significa existir? ¿Somos libres? ¿Qué nos define como personas? La respuesta central es que la existencia precede a la esencia, un principio que invierte la lógica tradicional de la filosofía occidental.

La precedencia de la existencia sobre la esencia

Para entender esta afirmación, es útil comparar al ser humano con un objeto fabricado. Si un artesano crea un cuchillo, primero tiene en mente su definición o "esencia": algo para cortar, hecho de acero, con mango ergonómico. Esa esencia guía la creación y define al cuchillo antes incluso de que este aparezca en la mesa. En este caso, la esencia precede a la existencia. El existencialismo argumenta que, al menos en el ser humano, ocurre lo contrario. Nacemos, aparecemos en el mundo, y solo después, a través de nuestras elecciones, vamos construyendo quiénes somos.

Dato curioso: Aunque Jean-Paul Sartre popularizó la frase "la existencia precede a la esencia", la raíz del concepto se remonta a Søren Kierkegaard, quien describió al hombre como una "síntesis" en constante movimiento, y a Friedrich Nietzsche, quien vio en el hombre un "cuerda tendida" entre la bestia y el superhombre.

Esta inversión tiene consecuencias radicales. Si no hay una naturaleza humana fija que nos determine, entonces cada persona es el artífice de su propia definición. No nacemos con un destino escrito ni con una función predeterminada, salvo que aceptemos el libre albedrío como nuestra carga principal. La libertad, por tanto, no es solo una posibilidad, sino una condición obligatoria. El ser humano está "condenado a ser libre", según la famosa expresión de Sartre, lo que implica que debemos asumir la responsabilidad total de nuestras vidas sin poder culpar exclusivamente a la naturaleza, a Dios o a la sociedad.

La acción como definición del ser

En este marco, el ser humano no se define por lo que dice ser, sino por lo que hace. Las intenciones, las palabras y los sueños solo cobran significado cuando se traducen en acciones concretas. Una persona que se define como "valiente" pero nunca toma una decisión arriesgada, sigue siendo, existencialmente hablando, una persona en espera de definición. Es la práctica, la elección repetida y el compromiso con el mundo lo que forja la identidad. Esta visión sitúa a la acción en el centro de la filosofía, alejándose de la mera contemplación teórica.

La elección implica, necesariamente, la elección de los demás. Al elegir mi camino, afirmo que ese camino es valioso, y en cierto modo, elijo ese valor para toda la humanidad. Esto genera una carga de responsabilidad que puede resultar abrumadora. La angustia existencial no es una enfermedad psicológica, sino la conciencia lúcida de esta libertad infinita y de la falta de excusas externas. Reconocer esta angustia es el primer paso para vivir de manera auténtica, es decir, alineando nuestras acciones con nuestras elecciones conscientes, en lugar de vivir en la "mala fe", que consiste en engañarse a uno mismo creyendo que las circunstancias nos obligan a actuar de cierta manera.

Historia y contexto histórico

El existencialismo no surgió de la nada, sino como respuesta a la crisis de las certezas tradicionales. Sus raíces filosóficas se sitúan en el siglo XIX, cuando Søren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche comenzaron a cuestionar la razón absoluta y la influencia del cristianismo en la vida individual. Kierkegaard introdujo la noción de la angustia y la elección subjetiva, mientras que Nietzsche proclamó la muerte de Dios y la necesidad de crear nuevos valores. Estos pensadores sentaron las bases para entender al ser humano no como una esencia fija, sino como un proyecto en constante construcción.

El siglo XX fue el escenario principal del desarrollo del movimiento. La Primera Guerra Mundial y, posteriormente, la Segunda Guerra Mundial, sacudieron los cimientos de la sociedad europea. La guerra reveló la fragilidad de la razón humana y la influencia del contexto histórico en la libertad individual. En este contexto, filósofos como Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Simone de Beauvoir dieron forma al pensamiento existencialista. Heidegger analizó la condición humana desde la perspectiva del "estar-en-el-mundo", mientras que Sartre enfatizó la libertad radical y la responsabilidad del individuo. Camus, por su parte, exploró la idea de lo absurdo como resultado del encuentro entre la búsqueda humana de sentido y el silencio del universo. De Beauvoir aportó una perspectiva crucial al aplicar el existencialismo a la condición femenina, destacando cómo la libertad está marcada por las estructuras sociales.

La posguerra trajo consigo una búsqueda intensa de sentido. Las personas se preguntaban cómo vivir con autenticidad en un mundo que parecía haber perdido sus referentes tradicionales. El existencialismo ofreció una respuesta: la libertad no es un regalo, sino una carga que el individuo debe asumir. Esta idea resonó profundamente en la literatura, el cine y la política de la época, influyendo en movimientos como el existencialismo francés y el teatro del absurdo.

Autor Obra Clave Año
Søren Kierkegaard El concepto de la angustia 1844
Friedrich Nietzsche Así habló Zaratustra 1883-1885
Martin Heidegger Ser y tiempo 1927
Jean-Paul Sartre El existencialismo es un humanismo 1946
Albert Camus El mito de Sísifo 1942
Simone de Beauvoir El segundo sexo 1949
Dato curioso: El término "existencialismo" fue popularizado por Jean-Paul Sartre, aunque él mismo reconocía que muchos de los autores clave, como Kierkegaard y Nietzsche, no se consideraban estrictamente existencialistas en su época.

El existencialismo sigue siendo relevante hoy en día, ofreciendo una lente para entender la condición humana en un mundo en constante cambio. Su énfasis en la libertad, la responsabilidad y la búsqueda de sentido resuena en diversas disciplinas, desde la psicología hasta la literatura contemporánea. El movimiento nos recuerda que, aunque el contexto histórico influye en nuestra vida, la capacidad de elegir y crear significado sigue siendo nuestra mayor herramienta.

¿Qué diferencia al existencialismo de otras corrientes filosóficas?

El existencialismo no surgió de la nada, sino como una reacción directa contra la búsqueda de sistemas cerrados que caracterizó a gran parte de la filosofía anterior. Mientras que corrientes como el racionalismo o el empirismo buscaban una verdad objetiva y universal, válida para todos los sujetos en cualquier momento, el existencialismo desplaza el centro de gravedad hacia la experiencia concreta del individuo. Esta no es una mera cuestión de preferencia estética, sino de método: si la realidad fundamental es la vida vivida, los sistemas abstractos corren el riesgo de olvidar al sujeto que piensa.

La crisis de la objetividad frente al racionalismo y el empirismo

El racionalismo, con figuras como Descartes, priorizaba la razón como fuente principal de conocimiento, buscando fundamentos indudables mediante la deducción lógica. El empirismo, por su parte, confiaba en la experiencia sensorial para construir el saber. Ambas corrientes compartían la ilusión de que la realidad podía ser capturada completamente por conceptos universales, dejando al sujeto como un observador casi transparente. El existencialismo rompe esta transparencia. Para pensadores como Søren Kierkegaard o Jean-Paul Sartre, el sujeto no es un punto fijo en el espacio-tiempo, sino una tensión constante entre lo posible y lo actual. La razón es una herramienta, pero no abarca la totalidad de la condición humana, que incluye la angustia, la libertad y la finitud.

Dato curioso: Kierkegaard describió la ironía como el infinito absoluto de la libertad subjetiva, usando esta herramienta para mostrar cómo el individuo puede mantenerse en tensión con la realidad objetiva sin ser absorbido por ella.

Esta crítica implica que la verdad no es solo lo que se puede demostrar lógicamente o medir empíricamente, sino lo que se vive con intensidad. La objetividad científica es valiosa, pero insuficiente para responder a preguntas como "¿cómo debo vivir?" o "¿qué significa mi muerte?". El existencialismo recupera la dimensión ética y existencial que los sistemas anteriores tendían a relegar a un segundo plano.

La herencia crítica de la fenomenología

La relación con la fenomenología es más compleja. El existencialismo debe mucho a Edmund Husserl, quien propuso volver a las "cosas mismas", es decir, a la experiencia tal como se presenta a la conciencia, antes de las interpretaciones teóricas. Sin embargo, mientras que Husserl buscaba una ciencia estricta de la conciencia, los existencialistas como Martin Heidegger o Maurice Merleau-Ponty introdujeron la corporalidad, la historia y la situación concreta como elementos irreductibles. La conciencia no flota en el vacío; está encarnada y lanzada al mundo.

Heidegger, en su obra principal, mostró que el ser humano (Dasein) no es un sujeto que observa un objeto, sino que está siempre "en el mundo", comprometido con él. Esta idea desmonta la dicotomía sujeto-objeto que había dominado la filosofía desde Descartes. La subjetividad existencialista no es un monólogo interior aislado, sino una relación dinámica con un entorno que nos precede y nos define parcialmente. La libertad, por tanto, no es absoluta, sino situacional: elegimos desde donde estamos, con las herramientas y limitaciones que nos ofrece nuestro contexto histórico y social.

En resumen, el existencialismo se distingue por su insistencia en que la existencia precede a la esencia. No nacemos con una definición fija; nos construimos a través de nuestras elecciones y acciones. Esta perspectiva desafía la comodidad de los sistemas filosóficos que prometen respuestas definitivas, obligando al individuo a asumir la responsabilidad de su propia vida. La consecuencia es directa: la filosofía deja de ser solo un ejercicio intelectual para convertirse en un modo de vivir.

Conceptos clave del existencialismo

El existencialismo no es un sistema rígido de dogmas, sino un conjunto de ideas que giran en torno a la condición humana. Para entenderlo, hay que analizar cómo estos filósofos describieron la experiencia de estar vivo. No se trata solo de pensar, sino de vivir con conciencia de las propias elecciones.

Libertad y responsabilidad

La libertad es el motor central del pensamiento existencialista. No es simplemente la capacidad de elegir entre dos opciones, sino la necesidad ineludible de elegir. Incluso el acto de no elegir es una elección. Esta libertad conlleva una responsabilidad abrumadora: somos los únicos autores de nuestras vidas.

Debate actual: ¿Somos completamente libres si nuestra biología o entorno social nos condicionan? Los existencialistas clásicos argumentan que, aunque los hechos nos limitan, siempre nos queda la libertad de interpretar esos hechos y actuar en consecuencia.

La angustia existencial

La angustia (o ansiedad) surge directamente de la libertad. No es miedo a un objeto específico, sino la sensación de vértigo ante la posibilidad de todo. Cuando nos damos cuenta de que nada nos obliga a actuar, sentimos el peso de esa libertad. Es la conciencia de que estamos "condenados a ser libres", como dijo Jean-Paul Sartre.

El absurdo de la vida

El concepto de absurdo, popularizado por Albert Camus, nace del choque entre la búsqueda humana de significado y el silencio indiferente del universo. No hay un guion preescrito. El mundo no nos debe una explicación. Aceptar esta falta de sentido inherente es el primer paso para vivir plenamente, sin esperar una recompensa futura o una verdad absoluta.

Autenticidad frente a la facticidad

Para ser auténticos, debemos reconocer dos aspectos de nuestra existencia: la facticidad y el proyecto. La facticidad son los hechos dados que no podemos cambiar fácilmente: nuestro cuerpo, nuestro pasado, nuestro lugar de nacimiento. El proyecto es cómo interpretamos esos hechos y hacia dónde nos dirigimos. Ser auténtico significa integrar ambos: aceptar los hechos sin dejarse definir exclusivamente por ellos.

La mala fe ocurre cuando nos engañamos para evitar la responsabilidad. Decir "tuve que hacerlo" como si fuéramos títeres del destino es negar nuestra libertad. La consecuencia es directa: negar la libertad es negar la humanidad misma.

¿Cómo se aplica el existencialismo en la vida cotidiana?

Toma de decisiones y la carga de la libertad

El existencialismo transforma la toma de decisiones al desplazar el foco de las reglas externas hacia la elección individual. En la práctica, esto significa que ninguna decisión es completamente "libre de consecuencias" ni totalmente determinada por el entorno. La libertad no es una garantía de felicidad, sino una fuente de responsabilidad ineludible. Cuando una persona elige su carrera, su pareja o su estilo de vida, no sigue simplemente un guion social; asume la autoría de su trayectoria. Esta perspectiva elimina la excusa de la fatalidad. Si el resultado es desfavorable, el sujeto debe asumir que fue su elección, no solo el destino. La consecuencia es directa: la libertad implica un peso constante sobre los hombros del individuo.

Dato curioso: Jean-Paul Sartre ilustró esta idea con el ejemplo de un estudiante francés durante la Segunda Guerra Mundial que debía elegir entre quedarse con su madre viuda o unirse a la Resistencia. No había una regla moral absoluta que dijera cuál era la mejor opción; el estudiante tenía que crear su propia verdad al elegir.

Ética personal frente al absurdo

En un mundo que a menudo parece carecer de un orden predefinido, la ética existencialista no busca una ley universal escrita en las estrellas, sino una coherencia interna. La búsqueda de sentido no es un descubrimiento pasivo, sino un acto de construcción activa. Esto afecta la vida cotidiana al exigir que las acciones estén alineadas con los valores elegidos conscientemente. No se trata de seguir la multitud, sino de validar cada paso con la propia conciencia. Si una persona valora la autenticidad, su ética diaria implicará cuestionar las convenciones que no resuenan con su experiencia vivida. El riesgo de caer en la "mala fe" —autoengañarse para evitar la responsabilidad— es la principal amenaza ética en esta visión.

Responsabilidad individual y acción concreta

La responsabilidad en el existencialismo es radical: somos lo que hacemos. Esta afirmación puede resultar abrumadora, pero también es liberadora. Si la situación actual es el resultado de elecciones pasadas, entonces el futuro sigue estando abierto a nuevas elecciones. En la práctica, esto se traduce en una mayor atención a las pequeñas decisiones diarias. No se espera un gran evento para definir la vida; la suma de gestos cotidianos constituye la esencia de la persona. Ante la percepción de que el mundo es absurdo, la respuesta no es necesariamente la resignación, sino la creación de significado a través de la acción. La crítica a esta postura señala que puede llevar al aislamiento o a una carga psicológica excesiva, ya que minimiza las estructuras sociales que condicionan la libertad real. Sin embargo, su valor reside en devolver al individuo la agencia sobre su propia existencia.

Críticas y debates actuales

El existencialismo nunca ha gozado de una aceptación unánime. Desde sus inicios, fue tachado por algunos de ser una reacción emocional más que una estructura lógica rigurosa. Las críticas más contundentes provienen de la tradición analítica y de la fenomenología clásica, que a menudo perciben el enfoque existencialista como excesivamente centrado en la conciencia individual, en detrimento de las estructuras sociales, lingüísticas o históricas que moldean al sujeto. Este es un debate que sigue vivo en las aulas de filosofía.

El peso de la subjetividad

Una de las objeciones más frecuentes es la acusación de subjetivismo extremo. Críticos como Karl Popper argumentaron que la filosofía existencialista, al priorizar la experiencia vivida sobre la verificación empírica o la lógica formal, corre el riesgo de volverse una "verdad privada". Si todo depende de la elección del individuo, ¿cómo se establece un criterio objetivo de verdad o de justicia? Esta pregunta es central. El riesgo es que la libertad absoluta se convierta en un terreno baldío donde cualquier afirmación tiene la misma validez que su contraria, lo que puede llevar al relativismo moral.

Además, se ha señalado que el énfasis en la responsabilidad individual puede ignorar las cargas estructurales. Decir que el hombre está "condenado a ser libre" puede sonar empoderador, pero para un trabajador en la línea de montaje o para un habitante de una zona de conflicto, esa libertad puede sentirse como una carga injusta. La crítica marxista, por ejemplo, subraya que la existencia precede a la esencia, sí, pero que la existencia misma está mediada por la economía y la clase social. Ignorar esto, según sus detractores, es un lujo intelectual.

Debate actual: La tensión entre la agencia individual y las estructuras sistémicas sigue siendo uno de los ejes centrales de la filosofía política contemporánea. ¿Hasta qué punto somos libres si nuestras opciones están predeterminadas por la tecnología o el mercado?

Relevancia en la psicología y la literatura

A pesar de las críticas filosóficas, el existencialismo ha demostrado una vitalidad sorprendente al cruzar fronteras disciplinarias. En psicología, la terapia existencial y la psicoterapia existencial-humanista han integrado conceptos como la angustia, el sentido de vida y la muerte como fuerzas motivadoras fundamentales. Pensadores como Viktor Frankl demostraron que la búsqueda de significado puede ser el motor principal del ser humano, incluso en condiciones extremas como las del campo de concentración de Auschwitz. Este enfoque sigue siendo relevante en la clínica moderna, donde el diagnóstico puro a veces deja sin responder la pregunta por el "para qué" de la vida del paciente.

En la literatura y las artes, la influencia es aún más visible. La narrativa contemporánea sigue explorando la alienación, la absurdidad y la construcción de la identidad, temas heredados directamente de Sartre, Camus o Kierkegaard. La figura del héroe existencial, que debe crear su propia esencia en un mundo a menudo silencioso, resuena en películas, novelas y obras de teatro del siglo XXI. No se trata solo de filosofía académica; es una herramienta para interpretar la condición humana.

La vigencia del existencialismo en 2026 radica precisamente en su capacidad para adaptarse. Ya no se lo ve necesariamente como una escuela cerrada, sino como una actitud ante la incertidumbre. En una era marcada por la crisis climática, la disrupción tecnológica y la fragmentación social, la pregunta existencial por el sentido no ha perdido fuerza. Al contrario, ha cobrado nueva urgencia. El existencialismo nos recuerda que, aunque las estructuras cambien, la necesidad de elegir y de asumir las consecuencias de esas elecciones sigue siendo ineludible. Esa es su herencia más duradera.

El legado del existencialismo en el siglo XXI

El existencialismo no ha desaparecido con la muerte de sus principales exponentes; se ha transformado. En el siglo XXI, las preguntas sobre la libertad, la angustia y la autenticidad resuenan con fuerza en contextos muy distintos a los de París en 1945. La crisis de sentido no es exclusiva del filósofo barajando cartas en el café de la Plaza Saint-Germain; es la experiencia cotidiana de millones de personas navegando por un mundo hiperconectado y a menudo fragmentado.

La tecnología digital ha creado nuevas formas de lo que Sartre llamaba "la mirada del Otro". En las redes sociales, la vida se convierte en un escenario continuo donde la autenticidad compite con la curación de la imagen personal. Esta dinámica genera una ansiedad específica: la presión de definirse a uno mismo ante una audiencia global que juzga, valida o descarta. El individuo se enfrenta a la libertad abrumadora de elegir entre infinitas versiones de sí mismo, sin una narrativa fija que lo sostenga. La consecuencia es directa: el miedo a la elección errónea se convierte en un motor constante de estrés psicológico.

El arte y la cultura del desasosiego

Las artes reflejan esta herencia existencialista con claridad. El cine contemporáneo, desde las obras de los hermanos Davenport hasta las narrativas fragmentadas de Christopher Nolan o el cine de autor europeo, a menudo explora la soledad dentro de la multitud. Los personajes no buscan solo supervivencia física, sino un significado que parece escaparles a pesar de tenerlo al alcance de la mano. La literatura de no ficción y los ensayos populares sobre la "condición humana" venden millones de ejemplares, demostrando que la búsqueda de definición propia sigue siendo un mercado cultural vibrante.

Sabías que: El término "homo ludens" (el hombre que juega), popularizado por el historiador Johan Huizinga, se ha unido a las ideas existencialistas para describir al trabajador moderno. No solo trabajamos para sobrevivir, sino que "juguemos" con nuestras identidades profesionales en la era del trabajo por proyectos, donde la estabilidad laboral ha dado paso a la flexibilidad incierta.

El movimiento feminista y las luchas por la identidad de género también beben de fuentes existencialistas. La idea de que "el ser precede a la esencia" se aplica con fuerza al debate sobre el género: no nace uno con una definición fija, sino que la construye a través de la acción y la elección social. Esta perspectiva permite entender la identidad no como un destino biológico inmutable, sino como un proyecto continuo de autodefinición frente a las estructuras sociales. La agencia individual se vuelve crucial para desafiar las normas impuestas.

La incertidumbre global y la responsabilidad

La globalización ha traído una conciencia compartida de la fragilidad humana. Crisis climáticas, pandemias y fluctuaciones económicas han puesto de manifiesto que la libertad individual tiene límites estructurales. Sin embargo, el núcleo existencialista de la responsabilidad permanece. Frente a la incertidumbre, la respuesta no es necesariamente el escepticismo pasivo, sino la acción comprometida. Muchos movimientos sociales actuales enfatizan la necesidad de elegir un lado y actuar, asumiendo las consecuencias de esa elección en un mundo que a menudo parece indiferente.

La vigencia del existencialismo en 2026 radica en su capacidad para nombrar lo innombrable. Ofrece un vocabulario para entender la fatiga de la elección, la soledad en la multitud digital y la necesidad de crear significado en ausencia de verdades absolutas. No ofrece soluciones fáciles, pero proporciona las herramientas para enfrentar la pregunta fundamental: qué hacer con la vida que se tiene. Esa pregunta sigue siendo la más urgente de todas.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa exactamente "la existencia precede a la esencia"?

Esta frase, popularizada por Jean-Paul Sartre, significa que no nacemos con una definición fija (esencia) como lo haría un objeto fabricado (por ejemplo, un cuchillo creado para cortar). En cambio, nacemos primero (existencia) y, a través de nuestras elecciones y acciones, vamos definiendo quiénes somos (esencia). Somos lo que hacemos de nosotros mismos.

¿Es el existencialismo esencialmente pesimista?

No necesariamente. Aunque a menudo se asocia con la "angustia" o el "absurdo", el existencialismo también es profundamente optimista en cuanto a la libertad. Al afirmar que no hay un destino escrito, otorga al individuo el poder total de cambiar su situación. La angustia surge de la responsabilidad, pero también de la posibilidad infinita de crear significado.

¿Quién es considerado el padre del existencialismo?

Aunque hay varios precursores, Søren Kierkegaard (1813-1855) es frecuentemente llamado el "padre" del movimiento por ser uno de los primeros en centrarse en la experiencia subjetiva del individuo frente a Dios y a la sociedad. Friedrich Nietzsche también es fundamental por su declaración de la "muerte de Dios" y la necesidad de crear nuevos valores.

¿Puede uno ser existencialista sin ser ateo?

Sí. El existencialismo se divide principalmente en dos ramas: el existencialismo ateo (como el de Sartre o Camus) y el existencialismo cristiano o teísta (como el de Kierkegaard o Gabriel Marcel). La diferencia radica en la fuente última del significado, pero ambos comparten la idea de que la verdad se vive subjetivamente y requiere una elección personal.

¿Cómo se relaciona el existencialismo con el nihilismo?

A menudo se confunden, pero son distintos. El nihilismo sostiene que la vida carece de significado intrínseco y, a veces, que todo es indiferente. El existencialismo acepta que no hay un significado preestablecido, pero argumenta que el individuo debe crear su propio significado a través de la acción. El nihilismo dice "no hay nada"; el existencialismo dice "no hay nada, así que tú decides qué poner ahí".

Resumen

El existencialismo es una filosofía centrada en la libertad individual y la responsabilidad de crear significado en un mundo sin definiciones predeterminadas. Sus conceptos clave, como la angustia, la autenticidad y la muerte, ofrecen herramientas para entender la condición humana moderna más allá de las estructuras tradicionales.

Aunque ha recibido críticas por su posible subjetivismo excesivo, su legado persiste en la psicología, la literatura y la cultura popular del siglo XXI, recordándonos que somos los arquitectos de nuestra propia vida a través de las elecciones diarias.

Véase también

Referencias

  1. «existencialismo significado» en Wikipedia en español
  2. Existentialism — Stanford Encyclopedia of Philosophy
  3. Existentialism — Internet Encyclopedia of Philosophy
  4. Jean-Paul Sartre: Existentialism and Humanism — Oxford Academic
  5. Existentialismo es un humanismo — Jean-Paul Sartre (Texto completo)